En el siglo XIX, un joven llamado Charles se preparaba para viajar con su esposa a África. La pareja había recaudado fondos para servir como misioneros metodistas y estaban listos para dedicar sus vidas a la obra de Dios en las misiones de tiempo completo.
De manera inesperada, la esposa de Charles contrajo una enfermedad que les impidió perseguir su sueño de llevar el evangelio de Cristo al interior de África. Dios había cerrado esa puerta.
Sin saber qué hacer, Charles regresó al negocio familiar —la odontología— y comenzó a ayudar en la práctica dental de su padre. Al mismo tiempo, se unió a su padre, Thomas, en un pasatiempo favorito: pasteurizar jugo de uva sin fermentar. Padre e hijo empezaron a perfeccionar el proceso para proveer jugo de uva no alcohólico a las iglesias para sus servicios de comunión. Su producto se hizo popular y rápidamente comenzó a difundirse la noticia.
Con el tiempo, Thomas y Charles estaban tan ocupados produciendo y vendiendo su “invento” que la práctica dental empezó a decaer. Así fue como fundaron una empresa que ha llevado el apellido de su familia por más de 150 años: Welch’s Food Company.
Charles Welch, como fundador de esta compañía, continuó sirviendo fielmente al Señor en su iglesia local. A lo largo de su carrera empresarial, llegó a donar cientos de miles de dólares para misioneros y obras del evangelio alrededor del mundo.
Él pensó que Dios quería que sirviera como misionero en África, pero Dios cerró esa puerta. En lugar de creer la mentira de que Dios ya no tenía un propósito para su vida, Charles giró hacia un servicio fiel desde otra vocación. Y, como resultado de su corazón para Cristo, llegó a contribuir de manera significativa a la expansión del evangelio en el mundo.
La verdadera prueba del carácter cristiano es cómo respondemos cuando Dios dice “no”, especialmente cuando estamos tratando de servirle.
Esta fue la misma prueba que enfrentó el rey David en los primeros años de su reinado. Después de establecerse en su palacio real en Jerusalén, comenzó a planear la construcción de una “casa” permanente para el Arca del Pacto. Se sentía culpable porque el Arca estaba en una tienda de campaña, mientras él vivía en un palacio.
David compartió su deseo con el profeta Natán, y Natán impulsivamente dijo: “¡Sí!”. ¿Cómo podría algo tan loable estar mal?
Pero Dios dijo “No”. Aunque el Señor elogió el deseo de David, Natán regresó para entregarle un mensaje de parte del Señor. David no construiría el templo, sino que lo haría su hijo. Más adelante en las Escrituras veremos que el hijo de David, el rey Salomón, será quien construya el majestuoso templo para el Señor.
David pudo haber respondido con confusión: ¿Por qué no permites que mis deseos piadosos sigan adelante, Señor?
Pudo haber respondido con enojo: Solo intento servirte, Señor, ¿por qué rechazas mi ofrecimiento?
Pudo haber respondido con resignación: Te ofrecí lo mejor, Señor, y me rechazaste. Supongo que ya no tienes ningún uso para mí… A partir de ahora haré las cosas a mi manera.
Quizás usted también ha sido tentado a responder de alguna de estas maneras cuando la respuesta de Dios ha sido “¡No!”. Veamos más de cerca cinco características de una respuesta piadosa cuando Dios dice: “¡No!”, o “¡No eso!”, o quizá, “¡Ahora no!”.
Humildad
David se presenta delante del Señor y ora:
“¿Quién soy yo, Señor DIOS, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?”
(2 Samuel 7:18, NBLA)
En lugar de defender sus deseos, David expresa una actitud de humildad delante del Señor. En vez de enfocarse en lo que no puede hacer para Dios, reflexiona en lo mucho que Dios ya ha hecho en su vida.
Sea mucho o poco lo que logremos para Dios, asegurémonos de que la oración de nuestro corazón sea: “¿Quién soy yo, Señor, para que me uses y me hayas traído hasta aquí?”.
GRATITUD
David continúa diciendo:
“Y aun esto fue poco a Tus ojos, Señor DIOS, pues también has hablado de la casa de Tu siervo para tiempos lejanos; y esta es la ley del hombre, Señor DIOS”.
(2 Samuel 7:19, NBLA)
En lugar de resentirse porque Dios no le permitió el honor de construir el templo, David expresa gratitud por lo que Dios sí le ha dado.
Dios no le dice “No” a David para desanimarlo o rechazarlo, sino para reenfocar su vida hacia el propósito específico que Él le había dado. David era un guerrero, no un constructor. Su papel era unir y asegurar el reino, no entrar en el negocio de la construcción de espacios sagrados.
Gratitud
David ora:
“¿Qué más puede decirte David? Pues Tú conoces a Tu siervo, Señor DIOS”.
(2 Samuel 7:20, NBLA)
David declara: “Soy Tu siervo”. Esa es una expresión de pertenencia. David pertenece a Dios, para ser usado por Él de la manera que Él elija.
¿Es esa su actitud hoy? ¿Está dispuesto a rendirlo todo —planes, dinero, sueños, familia, salud, incluso la vida misma— para los propósitos de Dios?
La rendición es la actitud correcta cuando esperamos y trabajamos para la gloria de Dios.
Alabanza
“Por eso Tú eres grande, Señor DIOS; porque no hay nadie como Tú, ni hay Dios fuera de Ti”.
(2 Samuel 7:22, NBLA)
Nunca es un mal momento para alabar al Señor.
Puede haber una puerta que Dios cierre —un “No” que llegue, muchas veces en silencio. Tal vez es una puerta cerrada respecto a tener un hijo, encontrar alivio de una enfermedad, o conseguir ese empleo soñado que siempre ha deseado.
La señal de madurez espiritual es que, cuando Dios nos dice que no, aún podemos darle gracias. Eso no significa fingir que la vida siempre es fácil. Como David, a menudo preguntaremos: “¿Por qué, Señor?”.
Pero la alabanza no es una emoción, es una decisión. Y podemos elegir alabar en toda circunstancia. Aunque no podemos elegir nuestras cruces, sí podemos elegir nuestras respuestas.
Disposición
La disposición es lo opuesto a la resignación. La resignación dice: “Dios me dijo que no, así que ya no soy útil para Él”. La disposición dice: “Dios me dijo que no, así que me preparo para Su futuro ‘sí’, dondequiera que eso me lleve”.
Charles Welch estuvo dispuesto. El rey David estuvo dispuesto. ¿Está usted listo para la gran obra que Dios quiere hacer en su vida, conforme a Su voluntad? ¡No la pierda!
Cuando Dios abra la puerta, ¡esté listo para entrar!










