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El Creador de tu corazón
El punto de partida para comprender tu relación con Dios es darse cuenta de que Él es el Rey Supremo del universo. Dios es soberano sobre el mundo y todo lo que hace está gobernado por amor. La razón por la que Dios puede reclamar legítimamente este papel es que Él es el Creador. Dios hizo el mundo y todo lo que hay en él, así que Él es el dueño.
Esto significa que Dios te creó. Dios creó personas que comparten algunas características con Él. La Biblia lo describe diciendo que somos “hechos a imagen de Dios.” Dios hizo a los primeros humanos, Adán y Eva, y los puso a cargo del mundo que creó. Fuimos creados para gobernar el mundo, cuidarlo y disfrutar de su belleza.
Sin embargo, Dios no tenía la intención de que hiciéramos cualquier cosa que quisiéramos. El plan y el deseo de Dios era que hombres y mujeres vivieran bajo Su autoridad, obedecieran sus mandamientos y lo adoraran. Ese era el plan de Dios y su plan era muy bueno.
El problema en tu corazón
Desde el principio, los seres humanos se han rebelado contra la autoridad de Dios. Todos lo hacemos. Queremos estar a cargo de nuestras propias vidas y nos molesta que Dios afirma tener autoridad sobre nosotros. Demostramos nuestra rebelión de muchas formas. A veces simplemente ignoramos a Dios y vivimos como si no existiera. Desobedecemos las instrucciones que nos ha dado en la Biblia. Ninguno de nosotros está a la altura de las demandas de Dios. Pecado es la palabra que la Biblia usa para describir nuestra desobediencia hacia Dios.
Al observar tu mundo y tu propia vida, verás que terminamos haciendo un desastre con lo que Dios creó. Dado que todas las personas son rebeldes por naturaleza hacia Dios, terminamos siguiendo nuestras propias ideas. Actuamos como si fuéramos dios. Nos lastimamos unos a otros en el proceso. Toda la maldad, las contiendas y el sufrimiento del mundo son el resultado de nuestro pecado.
La pregunta más importante en cuanto a nuestro pecado es “¿Qué hará Dios al respecto?” Dios nos ama pero también toma nuestro pecado muy en serio. Dios no permitirá que nuestro pecado continúe para siempre. Dios juzgará todo pecado, y cuando lo haga, nuestro castigo será merecido. Todo el que permanezca en rebelión contra Dios será separado de Dios al morir. Esa separación es permanente e incluye una existencia eterna en un lugar de juicio que la Biblia llama infierno.
El Salvador de tu corazón
Dios considera la muerte de Jesús como pago total por tus pecado. La evidencia de que Dios aceptó a Jesús es que Dios lo levantó de entre los muertos. Jesús ahora está de regreso en el cielo con Dios, gobernando el mundo que Él creó. La Biblia nos dice que un día, Jesús regresará a esta tierra, y cuando lo haga, logrará dos cosas. Primero, traerá a todo el pueblo de Dios a casa al cielo con él. Segundo, traerá juicio a los enemigos de Dios.
Dios te ofrece nueva vida en Jesús. Tu pecado puede ser perdonado. El justo castigo de Dios se puede evitar. El cielo puede ser tu hogar eterno. Puedes vivir tu vida como amigo de Dios y disfrutar de la comunión con Él y su pueblo. Puedes experimentar el gozo de una nueva relación con Dios.
Existe esperanza para nuestra situación. En su amorosa gracia y misericordia, Dios nos proporcionó un plan para nuestra salvación. Él no quiere que suframos su castigo. Él quiere que tengamos una amorosa relación con Él como Sus hijos. El plan de Dios para nuestra salvación implicaba enviar a su propio hijo eterno, Jesucristo, al mundo.
Cuando Jesús vino a la Tierra, se hizo hombre y vivió como hombre. Pero a diferencia de nosotros, obedeció a Dios perfectamente. Nunca cometió ni un solo pecado. Siempre hizo exactamente lo que Dios esperaba. Aunque Jesús podía sanar a los enfermos, resucitar a los muertos y realizar muchos otros milagros maravillosos, Él permitió que lo mataran. Jesús no merecía morir y no merecía ser castigado por el pecado, porque no tenía pecado. Jesús murió como sustituto nuestro. Esta es una gran noticia para los seres humanos pecadores. Jesús tomó un castigo que no merecía para que tu y yo podamos ser libres de castigo. Dios te ofrece perdón total por todos tus pecados porque Jesús fue castigado en tu lugar.
La respuesta en tu corazón
Debes tomar una decisión. Puedes seguir viviendo en rebelión contra Dios, pero al final, obtendrás lo que mereces. Dios tiene derecho a tu obediencia y continuar en rebelión trae la ira de Dios. O puedes recurrir a Dios en busca de misericordia. Si crees lo que dice la Biblia sobre Jesús y lo que Jesús hizo por ti, y si apelas a la gracia y el perdón de Dios, todo cambiará. Dios promete que todo el que ponga su fe en Jesús encontrará el perdón de sus pecados. Dios acepta la muerte de Jesús como pago por los pecados. Aquellos que ponen su fe en Jesús ya no son considerados rebeldes contra Dios. Dios los considera sus hijas e hijos adoptivos.
Si no crees que realmente eres un pecador, no crees que Dios te juzgará, o no crees en las enseñanzas de la Biblia acerca de Jesús, un buen lugar para comenzar sería obtener una copia de la Biblia y empezar a leerla por ti mismo. (Lee el Evangelio de Juan y el libro de Romanos. Ese es un buen lugar para comenzar).
Si crees que es un pecador y que estás en peligro del juicio de Dios, hay tres cosas que debes hacer:
Lo primero que debes hacer es clamar a Dios por misericordia y perdón. Admite ante Dios que eres un pecador que necesita Su perdón. Reconoce que mereces Su castigo pero que en cambio quieres Su misericordia. Dile que crees que Jesús murió por tus pecados y, gracias a lo que Jesús hizo por ti, estas poniendo tu fe en Dios para tu salvación. También necesitas pedirle ayuda a Dios para cambiar tu vida. No puedes seguir viviendo en rebelión. La salvación que Dios ofrece incluye a Jesús como el rey de tu vida. Cedemos a Su autoridad y nos sometemos a Su buena voluntad. Vamos a necesitar de Su ayuda para vencer diariamente el pecado.
Lo segundo que debes hacer es comenzar a vivir a la altura de lo que ahora eres – un hijo de Dios. Hay muchas áreas de tu vida que necesitan cambiar. A medida que leas la Biblia y llegues a comprender lo que Dios quiere de ti, comienza a vivirlo. Esto te llevará el resto de tu vida. Nunca dejarás de pecar por completo hasta que estés con Dios en el cielo. Pero, la promesa de Dios de perdonar tus pecado se mantiene firme y él continuará ayudándote a obedecerle.
Lo tercero que debes hacer también durará toda tu vida: continúa confiando en Dios. Fallarás a veces, pero Dios siempre te perdonará. Necesitarás su ayuda y aliento, y Él te los dará. Estudia la Palabra de Dios, busca saber todo lo que puedas sobre Él, confía en Él todos los días, confía en su perdón y crece como un hijo de Dios.















