Las mujeres piadosas de mayor edad fortalecen la iglesia mediante su sabiduría, reverencia, palabras llenas de gracia y discipulado fiel
En el primer siglo, en Roma, las familias adineradas practicaban una costumbre conocida como la “exposición” de niños no deseados. Literalmente dejaban a sus bebés en la calle o en una plaza pública y los abandonaban, exponiéndolos a las inclemencias del tiempo y dejándolos morir.
Existían muchas razones legalmente aceptadas por las cuales un padre podía hacerlo: no poder costear la crianza del niño, que el bebé tuviera alguna deformidad física, que hubiera nacido fuera del matrimonio o incluso que no fuera del sexo que el padre deseaba.
Muchos de esos niños morían abandonados. Los que sobrevivían eran frecuentemente recogidos por traficantes de personas para ser criados como esclavos, gladiadores o prostitutas.
En medio de esta práctica tan cruel y repugnante, hubo un grupo de personas que llegó a ser conocido por rescatar y criar amorosamente a esos niños abandonados.
Eran mujeres mayores que formaban parte de un grupo completamente nuevo: la iglesia cristiana.
Por medio de su servicio y dedicación, estas mujeres bendijeron a la iglesia y salvaron la vida de muchos niños.
Con este trasfondo en mente, el apóstol Pablo escribió a un joven pastor llamado Tito, dándole instrucciones y desafíos para las mujeres mayores de la iglesia. Y esos mismos principios siguen siendo relevantes para nuestras congregaciones hoy.
El carácter de una mujer de Dios
“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos…” (Tito 2:3-4)
No voy a intentar definir quiénes califican como “mujeres mayores” en el mundo actual; ¡no quiero meterme en ese tipo de problemas!
Sin embargo, en el contexto del primer siglo, Pablo se refiere a mujeres que ya habían criado a sus hijos y habían llegado a la etapa de ser madres con el hogar vacío.
Pablo presenta cuatro características distintivas que deben ser evidentes en la vida de las mujeres mayores dentro de la iglesia.
1. Reverentes
La palabra griega traducida como “reverentes” aparece únicamente aquí en todo el Nuevo Testamento.
Curiosamente, era una palabra utilizada para describir a las sacerdotisas que servían en los templos paganos del mundo romano. Estas mujeres actuaban como representantes de los dioses falsos a los que servían.
Ahora Pablo toma ese concepto y lo aplica a las mujeres piadosas de la iglesia, quienes representan al Dios verdadero y viviente.
Las mujeres mayores deben conducirse como personas que desempeñan deberes sagrados para Dios en su vida diaria y en la iglesia, porque en realidad así es.
Así como los hombres mayores deben dejar atrás la inmadurez y abrazar la madurez espiritual, las mujeres mayores deben aceptar con gozo este propósito reverente y no apartarse de él.
2. No calumniadoras
¿Son conocidas las mujeres de nuestras iglesias por edificarse unas a otras o por derribarse mutuamente?
Amados, pocas cosas son más peligrosas para la salud espiritual de una iglesia local que una congregación dominada por los chismes y la murmuración.
Las mujeres mayores, de manera particular, son llamadas a no participar en la cadena de rumores, sino a usar palabras que fortalezcan y edifiquen el cuerpo de Cristo.
Aunque el chisme es una tentación tanto para hombres como para mujeres, Pablo reconoce que las mujeres suelen compartir más tiempo conversando entre sí. Por ello, esta tentación puede volverse especialmente fuerte, particularmente para aquellas mujeres mayores que han visto mucho, saben mucho y suelen encontrarse en el centro de la vida social de la iglesia.
Sus palabras deben ser una fuente de gracia, verdad y ánimo.
3. No esclavas de mucho vino
Esta exhortación es similar a la instrucción dada a los hombres mayores de ser sobrios y prudentes.
La idea es no permitir que la mente o la vida sean controladas por sustancias peligrosas, ya sea alcohol u otras formas de adicción.
Vale la pena preguntarnos:
¿Hay algo en mi vida que obstaculiza mi santidad?
¿Hay algo que me distrae del propósito que Dios tiene para mí?
Una mujer mayor piadosa no depende de ninguna sustancia para enfrentar cada día ni para cumplir el llamado que Dios le ha dado.
Su fortaleza proviene del Señor.
4. Maestras del bien
Aquí vemos el efecto multiplicador de una vida piadosa.
Así es como la sabiduría y el conocimiento espiritual se transmiten de una generación a otra dentro de la iglesia.
Las mujeres mayores enseñan de dos maneras: con sus palabras y con su ejemplo.
Dicho de manera sencilla:
Las mujeres mayores discipulan a las mujeres más jóvenes.
Su vida se convierte en una lección visible de fidelidad, perseverancia, amor y confianza en Dios.
A través de su ejemplo, enseñan cómo amar al esposo, criar a los hijos, atravesar pruebas, servir a la iglesia y caminar con Cristo durante toda una vida.
Una palabra de ánimo
Si esta descripción corresponde a la etapa de vida en la que te encuentras, permíteme animarte a no alejarte de la vida de la iglesia, sino a involucrarte aún más con renovado entusiasmo.
Tu iglesia te necesita.
Necesita tu testimonio.
Necesita tu sabiduría.
Necesita tu ejemplo.
Ahora más que nunca, Dios puede usar los años de experiencia, las lecciones aprendidas y la fidelidad que ha producido en tu vida para bendecir a la próxima generación y fortalecer a Su iglesia para Su gloria.

















