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Padres, ¿cuál será su legado?

La verdad es que los niños no solo imitan hábitos extravagantes y repiten las mismas expresiones que sus padres, sino que desarrollan rasgos, intereses y un carácter similar. Para los padres, especialmente el papá, es importante considerar el legado que dejamos a nuestros hijos.

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Un comercial que vi hace poco presenta con humor a unos jóvenes que se están convirtiendo en sus padres. La premisa de estos anuncios es el hecho de que cuando los jóvenes compran una casa, inevitablemente comienzan a actuar como sus padres.

Por ejemplo, una joven comienza a coleccionar plantas y adornos para su patio delantero. Otro joven se siente frustrado con la tecnología de su teléfono inteligente, y otro comienza a darle consejos a desconocidos en la ferretería sin que se lo pidan.

Estos comerciales resaltan la simple verdad de que muchas de las cosas que hacemos reflejan el legado que nos heredaron nuestros padres.

Es cierto, ¿no? Nos volvemos como nuestros padres en más de un sentido. Puede ser un hábito, un valor, un rasgo de carácter o incluso un patrón de decoración para la cocina.

La verdad es que los niños no solo imitan hábitos extravagantes y repiten las mismas expresiones que sus padres, sino que desarrollan rasgos, intereses y un carácter similar. Para los padres, especialmente el papá, es importante considerar el legado que dejamos a nuestros hijos.

Un legado se define como “algo recibido de un antepasado”. Esta definición incluye aquellos atributos por los cuales seremos recordados. Cuando se trata de un legado, no solo se trata de bienes raíces o cuentas ahorro; también incluye cosas de la vida que consideramos importantes, aquellas cosas por las que seremos recordados.

Por ejemplo, si habla constantemente con su familia sobre posesiones materiales, ese será su legado. Sus hijos lo recordarán como una persona materialista.

Si nunca pasó mucho tiempo en casa porque su carrera le importaba más, sus hijos lo recordarán de esa manera, alguien cuya verdadera pasión en la vida fue llegar a la cima de su mundo laboral.

La verdad es que, mucho después de que se haya ido, sus hijos nunca van a recordar con gratitud que era rico o que estaba ocupado en su vida profesional. Nadie muere pensando: “Ojalá hubiera pasado más tiempo en la oficina”.

Recuerdo a una mujer que escribió cerca del final de su vida que deseaba haber quemado esa vela especial con forma de rosa y haber usado sus mejores platos en lugar de tenerlos guardados.

Los hijos jamás a valorarán a su padre por estar bien vestido o conducir autos nuevos.

La verdad es que damos forma a nuestro legado todos los días, en formas grandes y pequeñas. Sus hijos lo recordarán enseñándoles a manejar, jugando a la pelota o reparando algo juntos. Los nietos recordarán el tiempo que pasó escuchando sus sueños y alentándolos durante los días de decepción.

Cuando se trata de dejar un legado como un padre fiel, la Biblia está llena de maravillosos ejemplos. Podemos recordar el amor fiel y el perdón del padre del pródigo, que acogió a su hijo después de haber malgastado su vida.

También hay muchos malos ejemplos en la Biblia, desde la falta de voluntad de Elí para disciplinar a sus hijos inmorales hasta el trato preferencial de Jacob hacia José que provocó división y celos entre sus muchos hijos.

Hay una serie de ejemplos en la Biblia donde los padres actuaron tanto fiel como pecaminosamente. Pienso en Abraham, quien levantó una nación piadosa a través de su hijo Isaac, pero también desató miles de años de conflicto por su pecado de engendrar a Ismael a través de la sierva de su esposa, Agar.

Pienso en David, quien levantó un gran reino y buscó diligentemente enseñar a sus hijos a amar al Señor, pero cuya poligamia desencadenó un drama político intrafamiliar, lleno de violaciones, asesinatos y traiciones.

Estos ejemplos existen como un desafío y ánimo para todos los padres de hoy. El desafío es hacer nuestro mejor esfuerzo para honrar a Dios mientras demostramos un legado de piedad. El ánimo está en recordar que Dios nos perdona cuando fallamos.

Su legado es importante y, con la ayuda del Señor, puede construir un legado piadoso que valga la pena recordar.

Este artículo ha sido traducido y adaptado con el consentimiento de su autor.

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