En 2025, un artículo del American Banking Journal presentó un dato interesante. El 72 por ciento de los estadounidenses cree que estaría mejor económicamente si hubiera aprendido a manejar su dinero desde más joven.
Y eso apunta a un problema real. Existe una crisis de educación financiera.
A muchos adultos les cuesta incluso hablar de dinero. Y mucho más saber cómo mejorar su situación.
El problema comienza desde temprano. En las escuelas tampoco se suele enseñar a los niños cómo administrar su dinero.
Según una investigación profesional (Pew Research), el 49 por ciento aprendió sobre finanzas de amigos y familiares. El 33 por ciento aprendió por internet. Y solamente el 19 por ciento dice haber aprendido bastante sobre el tema en la escuela.
Pero quizás estamos buscando orientación en los lugares equivocados.
La Biblia contiene más de 2,000 versículos que hablan del dinero y las posesiones. Así que la iglesia debería ser parte importante de esta conversación.
Dios claramente quiere enseñarnos a manejar bien nuestros recursos. Por eso, veamos tres principios bíblicos para administrar lo que Dios ha puesto en nuestras manos.
El primer principio es fundamental:
Debemos vivir recordando que todo lo que tenemos le pertenece a Dios
Deuteronomio 10:14 dice:
“Mira, del SEÑOR tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay.”
— Deuteronomio 10:14, NBLA
Este versículo no deja mucho afuera, ¿verdad? Los cielos le pertenecen a Dios. La tierra también. Y todo lo que hay en ella le pertenece a Él.
Ahora piensa en esto. ¿Usarías la tarjeta de crédito de tu jefe sin pensarlo dos veces? ¿Y la de tu abuela? Probablemente serías mucho más cuidadoso.
Pues esa es la actitud que debemos tener con los recursos que Dios nos ha confiado.
Debemos administrarlos sabiendo que estamos manejando algo que pertenece a otro.
Porque eso es exactamente lo que hacemos. Lo que tenemos le pertenece a Dios. Y un día tendremos que rendirle cuentas por la manera en que administramos lo que nos confió.
Así que cada decisión financiera debería comenzar con una verdad muy sencilla:
Todo le pertenece a Él.
El segundo principio cambia nuestras prioridades:
Debemos vivir enfocados en acumular tesoros en el cielo
Algunas personas pasan toda su vida acumulando riquezas. Pero al final descubren una realidad muy sencilla: no pueden llevarse nada.
Muchos han alcanzado grandes fortunas sin encontrar la satisfacción, la seguridad o el sentido que esperaban.
Como cristianos, estamos llamados a mirar más allá de esta vida. Nuestra verdadera riqueza no se encuentra aquí.
Jesús dijo:
“Sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban.”
— Mateo 6:20
Ese automóvil algún día se oxidará. Ese bote se deteriorará. Hasta la ropa más costosa pasará de moda.
Todo lo que tenemos aquí es temporal.
Por eso, no usemos nuestro dinero solamente para nosotros mismos. Usemos nuestros recursos para honrar a Dios. Para bendecir a otros. Para suplir necesidades. Y para apoyar el avance de Su reino.
Así demostramos que entendemos algo importante: esta vida no es nuestro destino final.
Lo que acumulamos en la tierra es temporal. Lo que invertimos en la eternidad permanece para siempre. Y el tercer principio tiene que ver con nuestra actitud:
Debemos vivir con un espíritu de generosidad
Segunda Corintios 9:6 dice:
“El que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra con generosidad, con generosidad también segará.”
— 2 Corintios 9:6
Dios ama al que da con alegría.
Eso significa que a Dios no le importa solamente cuánto damos. También le importa cómo damos.
El mundo suele impresionarse con las grandes donaciones de millonarios y multimillonarios. Pero Dios mira algo diferente.
Una pequeña cantidad entregada con alegría puede tener mucho más valor delante de Él que una fortuna entregada de mala gana.
Alguien puede dar para pagar menos impuestos. Puede hacerlo para mejorar su imagen. O para recibir reconocimiento.
Pero esas motivaciones no honran a Dios. No importa cuánto dinero entregue.
Piensa en la ofrenda de la viuda.
Su ofrenda parecía pequeña. Pero para ella representaba un enorme sacrificio. Otros daban de lo que les sobraba. Ella dio con humildad de lo poco que tenía.
Y Jesús la destacó.
La verdadera generosidad no comienza con la cantidad que tienes en la mano. Comienza con la disposición de tu corazón.
Tres principios para recordar
Como seguidores de Cristo, debemos administrar el dinero de Dios responsablemente, poner nuestro enfoque en la eternidad y dar generosamente.
El dinero no es un tema prohibido en la Biblia. Es un asunto crucial de discipulado. La manera en que administramos lo que Dios nos ha dado revela lo que realmente atesoramos.