Travesía Bíblica

Tres maneras en que las redes sociales forman nuestro carácter

¿Qué está capturando tu atención cada día? Las redes sociales pueden entretenernos y conectarnos, pero también pueden moldear silenciosamente nuestros deseos, pensamientos y relaciones. Este artículo explora tres maneras en que pueden estar formando nuestro carácter —alimentando el consumismo, fomentando la comparación y creando comunidades superficiales— y nos lleva a una pregunta esencial: ¿estamos permitiendo que nuestra atención sea moldeada por la cultura o por la verdad de la Palabra de Dios?

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Lo que alimenta tu mente también forma tu alma

El dicho: “Eres lo que comes” se aplica tanto a nuestra dieta mental y emocional como a nuestra alimentación física.

Una persona que consume alimentos poco saludables puede sufrir consecuencias en su cuerpo. De la misma manera, una persona que se expone constantemente a entretenimiento dañino experimentará consecuencias en su mente, sus emociones e incluso en su alma.

R. C. Sproul escribió en su libro The Soul’s Quest for God:

“La mente debe servir como un comedero para el alma.”

En otras palabras, nuestra mente controla aquello con lo que alimentamos nuestra alma, y esa alimentación producirá consecuencias, para bien o para mal.

La autora Lanta Davis, al escribir sobre la formación espiritual, desarrolla esta misma idea:

“Somos transformados por aquello que captura nuestra atención, y nos transformamos a su semejanza.”

¿Qué está capturando tu atención?

Sea lo que sea, terminará cambiándote. Te moldeará a su imagen.

Por esta razón, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes en Filipos:

Filipenses 4:8

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”

Esta exhortación inspirada nos recuerda que debemos filtrar todo aquello a lo que prestamos atención a través de esta perspectiva piadosa, y enfocar nuestra mente únicamente en aquello que supera estas pruebas espirituales.


El impacto de las redes sociales en el alma

Las redes sociales se han convertido en uno de los principales medios de entretenimiento, socialización e información en nuestra cultura.

Capturan una enorme cantidad de nuestra atención.

Para muchos de nosotros, utilizarlas en cierta medida es prácticamente inevitable.

Sin embargo, quienes las usamos debemos recordar una verdad importante:

Las redes sociales también forman nuestra alma, para bien o para mal.


Las redes sociales fomentan un consumismo poco saludable

Gran parte del contenido más popular en las redes sociales consiste en publicaciones patrocinadas que promocionan productos específicos.

Los llamados “influencers” reciben contratos publicitarios para recomendar desde maquillaje y ropa hasta automóviles y equipos deportivos.

En esencia, gran parte del modelo económico de las redes sociales depende de hacerte desear lo que no tienes.

Intentan convencerte de que serás tan feliz como las personas que aparecen en tu pantalla si simplemente posees las mismas cosas que ellas.

Así, las redes sociales moldean nuestro corazón hacia la codicia en lugar del contentamiento.

La ambición por obtener más suele recibir más atención que la generosidad.

En contraste, Pablo escribió a Timoteo:

1 Timoteo 6:6-7

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.”

La verdadera riqueza no consiste en acumular más cosas, sino en aprender a descansar satisfechos en Dios.


Las redes sociales fomentan comparaciones dañinas

Cuando observamos constantemente las versiones más cuidadas, filtradas y editadas de la vida de otras personas, surge una tendencia natural a compararnos.

Esta tentación afecta a todos.

Un pastor puede envidiar a otro que tiene una congregación más grande.

Una madre joven puede compararse con otra cuya recuperación física después del embarazo parece más rápida.

Nuestros hijos pueden desear las vacaciones o las experiencias que ven en la vida de sus amigos.

Las redes sociales moldean nuestro corazón para la comparación constante.

Pero la Palabra de Dios advierte:

Santiago 3:16

“Porque donde hay celos y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa.”

Debemos preguntarnos:

¿Estamos llenando nuestra mente con contenidos que alimentan los celos y el egoísmo?

¿O estamos buscando aquello que inspira pureza, excelencia y honor?

Dios nos invita a elegir lo segundo, aunque la cultura nos empuje continuamente hacia lo primero.


Las redes sociales fomentan comunidades superficiales

¿Has conocido a alguien más preocupado por la cantidad de amigos que tiene en Facebook que por el bienestar real de esas personas?

¿Te has encontrado dependiendo de las redes sociales para saber cómo están tus amigos, en lugar de visitarlos o llamarlos personalmente?

Las redes sociales pueden hacernos creer que estamos construyendo comunidad cuando en realidad solo estamos acumulando interacciones digitales.

Pero ninguna cantidad de interacción virtual puede reemplazar la belleza de una comunidad auténtica y centrada en Cristo.

El autor de Hebreos escribió:

Hebreos 10:24-25

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Observa la exhortación:

“No dejando de congregarnos.”

No dice: transmitirnos en vivo unos a otros.

No dice: comentar las publicaciones de los demás.

Dice: congregarnos.

Reunirnos.

Compartir la vida juntos.

Esta es la sencilla invitación de Dios para el creyente: vivir en una comunidad real, personal y cercana con la familia local de la fe, animándonos mutuamente al amor y a las buenas obras.


Una invitación final

Cuando filtramos nuestros pensamientos a través de la enseñanza de Filipenses 4:8 y rechazamos las tendencias dañinas que pueden acompañar el uso de las redes sociales, descubrimos algo mucho más valioso.

Experimentamos una comunión más profunda con Dios.

Disfrutamos relaciones más auténticas con los demás.

Y permitimos que nuestra alma sea moldeada no por los valores cambiantes de la cultura, sino por la verdad eterna de la Palabra de Dios.

Porque aquello que ocupa nuestra atención terminará formando nuestro corazón.

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