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Las palabras «Tengo sed» parecen describir únicamente el sufrimiento físico de Jesús en la cruz. Sin embargo, esta breve declaración encierra profundas verdades acerca de quién es Él y de la obra que vino a cumplir. En este estudio exploraremos cómo esta frase confirma el cumplimiento de las Escrituras, refleja la realidad de la encarnación y apunta a la necesidad espiritual de toda la humanidad. Mientras el mundo continúa buscando satisfacción en lugares que nunca pueden llenar el corazón, Jesucristo sigue ofreciendo el agua de vida a todo aquel que reconoce su necesidad. Descubre por qué esta quinta declaración desde la cruz continúa siendo una invitación vigente para ti hoy.

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La sed física y espiritual

¿Te imaginas levantarte cada mañana sin saber dónde conseguir un vaso de agua limpia?

Hoy, alrededor de dos mil millones de personas viven precisamente esa realidad. No tienen acceso fácil a agua potable. Cada año, cerca de 485.000 personas mueren porque solo tienen acceso a agua contaminada. Y en muchos países en desarrollo, son los niños —especialmente las niñas— los que terminan caminando varios kilómetros todos los días para llevar agua a sus familias, sacrificando incluso la oportunidad de recibir una educación.

Es difícil imaginarlo, pero esta mañana, dos mil millones de personas comenzaron su día haciéndose una sola pregunta: “¿Dónde voy a conseguir agua para beber?”

Si entendemos lo escasa que era el agua en los tiempos bíblicos, podemos entender mejor por qué las naciones peleaban por los pozos y cisternas de agua; por qué al pueblo de Israel cuestionó el liderazgo de Moisés cuando empezó a sentir sed; por qué los Salmos comparan el gozo con el agua; y por qué el Señor Jesús presentó la salvación como un agua que satisface para siempre.[i]

A la mayoría de nosotros nos cuesta entender esa necesidad, porque el agua no representa un problema. Para nosotros, el agua no está a kilómetros de distancia; basta con abrir una llave.

Eso me recuerda una historia que contó Chuck Colson, un reconocido líder cristiano de finales del siglo XX. En una ocasión llevó a varios hombres del Medio Oriente a Estados Unidos para participar en una serie de reuniones. Era la primera vez que visitaban una sociedad moderna y estaban maravillados por la abundancia de todo lo que veían.

Cuando llegó el momento de hacer las maletas para regresar a casa, Colson los encontró en la habitación del hotel intentando desmontar los grifos del lavamanos. Tuvo que explicarles que el agua no salía del grifo por arte de magia; el grifo no era la fuente del agua.

El concepto de la sed también tiene un profundo significado espiritual.

David escribió en el Salmo 42: «Mi alma tiene sed de Dios». Y más adelante, en el Salmo 143, confesó: «Mi alma tiene sed de ti, como la tierra seca».

Pero la sed también puede convertirse en una imagen de la insatisfacción humana: esa búsqueda interminable de placer, de dinero o de cosas materiales que nunca logra llenar el corazón.

Hace algunos años vi un comercial donde aparecía un hombre elegante, rico, de mediana edad, con una mujer en cada brazo y una bebida en la mano. Miró a la cámara y dijo: “Mantente sediento, amigo mío.”

Recuerdo haber pensado: qué consejo tan trágico.

Qué vacío.

Qué pasajero.

Y qué peligroso.

Hace muchos años tuve la oportunidad de ir a Francia. Me llevaron a un lugar para ver la hermosa Riviera Francesa y la famosa bahía de Montecarlo, donde los ricos y famosos anclaban sus yates.

Entre todas esas embarcaciones había una enorme nave gris. Le pregunté al hermano que me había traído si era un barco de guerra.

Él respondió:

—No. Ese es el yate privado más grande del mundo. Solía pertenecerle a Aristóteles Onassis.

Yo había leído sobre él.

A los veinticinco años ya había ganado su primer millón de dólares y también la fama de ser un despiadado magnate naviero.

En 1968 ocupó los titulares de todo el mundo cuando se casó con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente John F. Kennedy. La boda se celebró en su isla privada, frente a la costa de Grecia.

Hacia finales de la década de los sesenta, su fortuna se estimaba en mil millones de dólares; una cifra que hoy equivaldría a varios miles de millones.

En una entrevista realizada a comienzos de los años setenta, declaró:

—Lo único que importa es el dinero. Los que tienen dinero son la verdadera realeza de nuestro tiempo.

Pero terminó comprobando la verdad de Proverbios 23:5: las riquezas pueden echar alas y desaparecer.

Varias malas decisiones, sumadas a una economía en declive, hicieron que perdiera ochocientos millones de dólares en un solo año.

Poco tiempo después también murió. Jamás logró saciar su sed de tener más.

Estamos a punto de entrar en una escena donde aparecen dos clases de sed: la sed física y la sed espiritual.

Repaso

Si nos acompañas por primera vez en nuestro recorrido por el evangelio de Lucas, ya hemos estudiado las primeras cuatro declaraciones de Jesús desde la cruz.

Primero dijo:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

Luego le aseguró al ladrón arrepentido:

«Hoy estarás conmigo en el paraíso.»

Después, mirando a María dijo:

«Mujer, ahí tienes a tu hijo… [y al apóstol Juan le dijo] ahí tienes a tu madre.»

Y en nuestro estudio anterior escuchamos aquel angustioso clamor:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»

La sed de Jesús

Hoy llegamos a la quinta declaración de Jesús desde la cruz. Es, de hecho, la más breve de las siete. En el texto griego está formada por una sola palabra de apenas cuatro letras. Una frase muy corta pero llena de significado.

Jesús dijo: «Tengo sed.»

En esas dos palabras encontramos varias ventanas que nos permiten contemplar la persona y el carácter de Jesucristo.

Hoy quiero que observemos, al menos, cuatro aspectos que esta declaración revela acerca de Él.

Revela su humanidad

En primer lugar, la sed de Jesús nos muestra su verdadera humanidad.

Te invito a abrir tu Biblia en el evangelio de Juan. Es Juan quien registra esta quinta declaración del Señor.

Leemos en Juan 19:28:

«Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.»

Alguien escribió estas palabras:

“El Creador del cielo y de la tierra tiene ahora los labios resecos. El Señor de la gloria necesita un poco de agua.”[ii]

Ese es el misterio de la encarnación. Aquel pequeño bebé que nació en Belén era el Hijo eterno de Dios, quien ahora se había convertido en un miembro de la raza humana.

El apóstol Pablo escribió: «Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne.» (1 Timoteo 3.16)

Es decir, Aquel que siempre ha sido Dios ahora también había asumido una naturaleza humana. Jesús nunca dejó de ser Dios. Lo había sido desde la eternidad. Pero ahora también sería hombre para siempre.[iii]

Él es el Dios hecho hombre. El Hijo de Dios y el Hijo del Hombre.

Como Hijo de Dios, creó el agua. Como Hijo del Hombre, ahora pide un poco de agua para beber.

Y eso es precisamente lo que hemos venido observando a lo largo de nuestro estudio del evangelio de Lucas.

Aunque nunca dejó de ser Dios el Hijo, durante treinta y tres años y nueve meses decidió entrar en la raza humana y renunciar voluntariamente al uso independiente de sus atributos divinos.

Esa es la clave.

Jesús nunca utilizó su poder para servirse a sí mismo. Jamás hizo un milagro para hacer su vida más cómoda. Y ahora, mientras cuelga de la cruz, podría haber ordenado a un ángel que le trajera agua fresca en una copa de oro. Pero, en lugar de eso, soporta una sed real y agonizante.

Eso es precisamente lo que Pablo quiso decir cuando escribió en Filipenses que Cristo «no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo»Filipenses 2:5-6

Es decir, renunció voluntariamente a ejercer los privilegios que le correspondían como el glorioso Creador. Vivió sometido por completo a la voluntad del Padre. Cada palabra que pronunció y cada acción que realizó estuvieron guiadas por Él.

Al recorrer los evangelios encontramos una escena tras otra donde Jesús manifiesta su humanidad y, enseguida, su divinidad. Y eso ocurre porque ambas naturalezas convivían perfectamente en una sola persona.

  • Como hombre, se cansa y se queda dormido en una barca; pero como Dios, se levanta y ordena al viento y al mar que se calmen.
  • Como hombre, llora frente a la tumba de Lázaro; pero como Dios, llama a Lázaro por su nombre y lo resucita.
  • Como hombre, sufre en la cruz como cualquier ser humano; pero como Rey del cielo, le promete vida eterna al ladrón que muere a su lado.[iv]
  • Como hombre, morirá en esa cruz; pero como el Dios hecho hombre, llevará sobre sí nuestros pecados y pagará el precio que tú y yo jamás podríamos pagar.

Y precisamente porque entró en nuestro mundo de dolor, puede comprender nuestras luchas de una manera única.

Por eso Hebreos 4:15 dice que tenemos un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades, porque fue probado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

¿Hoy tu cuerpo está sufriendo? El suyo también sufrió.

¿Te sientes incomprendido? Él también.

¿Te han juzgado injustamente o han hablado mal de ti? A Él también.

¿Algún familiar te ha rechazado o se ha negado a creer en ti? Jesús experimentó eso con su propia familia.

¿Has visto partir a amigos cercanos o seres queridos? Él también. ¿Alguna vez has sentido que el Padre te ha abandonado? Él también experimentó ese dolor.

¿Alguna vez le has preguntado a Dios por qué estás sufriendo? Él también lo hizo.[v]

Cuando Jesús dice: «Tengo sed», se identifica con una humanidad caída, quebrantada y separada de Dios por causa del pecado.

Esta declaración nos permite contemplar su verdadera humanidad.

Revela su humildad

Hay otro aspecto que esta breve declaración revela, y es su humildad.

Es tan evidente que fácilmente pasa desapercibido. Jesús está pidiendo un favor… a sus propios enemigos.

Normalmente, uno no hace eso. Cuando alguien te ha ofendido, no le pides que te lleve al trabajo. Estás demasiado ocupado alimentando el resentimiento.

Si no soportas a un compañero de trabajo, difícilmente le vas a ir a pedir que te preste un lápiz.

Cuando alguien te ha herido, el orgullo hace que no quieras deberle absolutamente nada. No quieres mostrar ninguna necesidad delante de esa persona.

Un autor que comentaba este pasaje contó haber escuchado a un hijo adulto decirle con amargura a su padre:

Prefiero morirme de hambre antes que pedirte ayuda. No quiero saber nada de ti.

Y luego añadió esta observación: “A muchos nos cuesta pedir favores. Pero, si alguna vez lo hacemos, al menos se los pedimos a nuestros amigos.”[vi]

Sin embargo, mira la escena de la cruz. Jesús está rodeado de enemigos. Se burlaron de Él. Lo insultaron. Le escupieron el rostro. Los soldados ya habían terminado de repartirse su ropa echando suertes. Ellos mismos habían clavado sus manos y sus pies.

Y ahora el Señor les dice, en esencia: «Tengo sed.»

Está pidiendo un favor.

Les está diciendo: «¿Podría alguno de ustedes darme un poco de agua?»

Esta declaración también nos permite contemplar la humildad de Cristo y su gracia hacia quienes lo rodeaban.

Hay otro detalle que vale la pena notar.

Recién ahora Jesús pide algo para sí. Después de pasar tres horas cargando el castigo que nosotros merecíamos. Después de clamar con angustia por la separación que experimentó dentro de la Trinidad.

Ahora sí, cuando su obra está llegando a su fin, expresa una necesidad personal.

De hecho, el relato bíblico presenta las últimas tres declaraciones de Jesús desde la cruz casi una tras otra:

  • «Tengo sed.»
  • «Consumado es.»
  • «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.»

Es significativo que solo al final de su vida Jesús mencione una necesidad propia. En otras palabras, siempre pensó en los demás antes que en sí mismo.[vii]

Según el evangelio de Juan, uno de los soldados atendió su petición. Era común que los soldados llevaran consigo una vasija con vino agrio durante la jornada.

Juan escribe en el versículo 29:

«Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.»  Juan 19:29

Mateo nos informa que, cuando Jesús llegó al lugar de la crucifixión, ya le habían ofrecido otra bebida.

Sabemos, por escritos de la tradición judía, que algunas mujeres acostumbraban asistir a las crucifixiones para ofrecer a los condenados vino mezclado con sustancias que ayudaban a disminuir el dolor.[viii]

Mateo dice que era vino mezclado con hiel, mientras que Marcos habla de vino mezclado con mirra.

Ambos términos se usaban para referirse a sustancias con efecto narcótico, utilizadas en aquella época como sedantes.[ix]

Quizá recuerdes que la mirra fue uno de los regalos que los sabios del oriente llevaron al niño Jesús.

También se utilizaba, mezclada con otros ingredientes, para preparar los cuerpos antes de ser sepultados.

Desde el comienzo de su vida, ese regalo anticipaba el sufrimiento y la muerte que le esperaban.

Pero Jesús rechazó aquel vino mezclado con un sedante.

Y eso no significa que Dios espere que los cristianos rechacemos los medicamentos para aliviar el dolor. Tampoco significa que seas menos espiritual si le pides al dentista un poco más de anestesia. Cuando yo voy al dentista, soy como Eliseo: ¡quiero una doble porción! No quiero sentir absolutamente nada. Quiero despertarme, recibir mi caramelo y salir de ahí.

El dolor, por sí mismo, no tiene ningún mérito espiritual.

Jesús no estaba intentando demostrar cuánto podía soportar. Rechazó esa primera bebida porque no iba a permitir que un narcótico disminuyera sus sentidos o nublara su mente. Todavía tenía una obra importante que completar. Todavía tenía verdades trascendentales que proclamar.

Pero ahora, con toda humildad, admite delante de sus enemigos que agradecería un poco de agua.

Ellos le acercan una esponja empapada en vino agrio. Era una bebida barata, la más común entre la gente de la época. Algunas traducciones incluso la llaman vinagre.[x]

Era la bebida de los soldados. Y ahora también sería la bebida del Señor.

Aquello no iba a calmar completamente su sed. Pero sí aliviaría su garganta reseca y humedecería sus labios. Y eso era precisamente lo que necesitaba. Porque estaba a punto de pronunciar dos declaraciones extraordinarias.

Todavía tenía dos verdades de importancia eterna que anunciar. De ellas hablaremos en nuestros próximos estudios.

Ahora bien, quizá notaste un detalle que Juan incluye entre paréntesis. El Espíritu Santo quiere que entendamos que esta breve expresión de Jesús no fue una frase incidental ni un simple comentario al pasar.

Ya hemos visto que estas palabras nos ofrecen una ventana a su humanidad. También nos muestran su profunda humildad.

Revela su cumplimiento profético

Hay un tercer aspecto que esta declaración revela: la fidelidad de Cristo al cumplimiento de las Escrituras.

Observa nuevamente el versículo 28. Juan escribe:

«Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.» Juan 19:28

Eso no significa que Jesús estuviera siguiendo un libreto, como si pensara: “Ahora me toca decir esta frase para cumplir la siguiente profecía.”

Lo que Juan está diciendo es que cada palabra y cada acción de Jesús confirmaban el perfecto cumplimiento del plan de Dios anunciado en las Escrituras.

Una y otra vez, su vida validó la Palabra de Dios.

  • Fue traicionado por un amigo. (Salmo 41:9)
  • Fue acusado con falsos testimonios. (Salmo 35:11)
  • Guardó silencio delante de sus jueces. (Isaías 53:7)
  • Su lengua se pegó a su paladar.
  • Sus manos y sus pies fueron traspasados.
  • Sus vestidos fueron repartidos entre los soldados. 
  • Y echaron suertes sobre su ropa. (Salmo 22:13-18)

Incluso el angustioso clamor que estudiamos anteriormente: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» son las primeras palabras del Salmo 22.

Y ahora, incluso esta bebida cumple la Escritura. El Salmo 69:21 anuncia que, en medio de su sed, le darían a beber vino agrio.

Nada ocurrió por casualidad.

Toda la historia ha estado siempre bajo el control de Dios. Él la escribió. Entró en ella al hacerse hombre. La redimió por medio de la cruz. Y un día consumará para siempre su plan eterno junto a todos los que le pertenecen.

Revela su invitación a los pecadores

Hay un último aspecto que quisiera destacar de esta breve declaración. También revela la invitación de Cristo para toda la humanidad pecadora.

Arthur Pink hace una observación muy interesante.

Dice que, de alguna manera, cuando Jesús exclamó desde la cruz: «Tengo sed», expresó también el clamor de toda la humanidad perdida. Porque el ser humano vive sediento de aquello que el mundo jamás podrá darle. Siempre quiere más.[xi]

Más dinero. Más placer. Más reconocimiento. Más éxito. Pero nunca queda satisfecho.

Déjame hacerte una pregunta. ¿De qué tienes sed hoy? ¿Qué piensas que finalmente llenará tu corazón?

Esta semana recibí un correo de Dima y su esposa María, misioneros en Ucrania. Me contaban las amenazas constantes que han enfrentado a causa de la guerra. En una ocasión, incluso tuvieron que pasar la noche con su bebé dentro de una bañera vacía para protegerlo de un posible ataque.

Pero también me hablaron de algo muy diferente. Me contaron cómo la iglesia que están plantando sigue creciendo y dando fruto espiritual. Hace poco consiguieron alquilar un gimnasio para reunirse y recibieron permiso para pintar todo el interior.

Mientras leía su mensaje, me llamó la atención un detalle. Antes de comenzar a pintar, cubrieron un enorme mural de Muhammad Ali, el famoso campeón mundial de boxeo de peso pesado. Eso me recordó una entrevista que leí hace muchos años.

Ali ya se había retirado y era un hombre mayor. Llevó al reportero hasta un granero de su propiedad donde guardaba todos sus trofeos, fotografías y recuerdos de sus años de gloria. Los enormes retratos colgaban de las paredes, cubiertos de polvo.

Ali levantó la vista, observó aquel lugar durante unos momentos y, finalmente, le dijo al periodista:

—Hubo un tiempo en que tuve el mundo entero… y no era nada.

“…tuve el mundo entero… y no era nada.”

Permíteme preguntarte otra vez:

¿Qué es lo que estás buscando en esta vida? ¿Será que la sed por cosas que nunca han logrado satisfacerte finalmente te está mostrando cuánto necesitas al Salvador? ¿No has bebido ya suficiente de las aguas contaminadas del pecado? Lo único que han producido es enfermedad en tu corazón, en tu mente y en tu alma.

El pecado nunca apaga la sed. Solo hace que el deseo sea cada vez más fuerte y que la satisfacción dure cada vez menos.[xii]

  • Isaías anunció que el pueblo de Dios «sacará con gozo aguas de las fuentes de la salvación.» (Isaías 12:3) 
  • Más adelante, el mismo profeta escribió estas palabras del Señor: «Yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida.» Isaías 44:3
  • Jeremías declara que el Señor mismo es la fuente de agua viva. Jeremias 17:13

Y Jesús sigue extendiendo hoy la misma invitación que hizo hace dos mil años:

«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.» Juan 7:37

Y cuando la Biblia llega a su última página, esa invitación sigue abierta. En el libro de Apocalipsis, el Señor dice:

«Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.» Apocalipsis 21:6

Y una vez más, al llegar al último capítulo de Apocalipsis, la Biblia termina con una invitación que sigue vigente para ti hoy.

Leemos:

«Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.» Apocalipsis 22:17

Sin pagar nada. Sin ningún precio.

¿Por qué?

Porque alguien más ya pagó el precio.

Es como cuando le das un regalo a alguien. Seguramente le quitas la etiqueta del precio… ¿verdad?

Y a veces a uno se le olvida y te das cuenta justo cuando la persona está abriendo tu regalo. Y piensas: ¡Ay, no!”

No quieres que la otra persona sepa cuánto costó. Quizá lo compraste con un ochenta por ciento de descuento.

O tal vez encontraste algo guardado desde hace años y decidiste regalarlo otra vez… ¡con la etiqueta todavía puesta!

Un regalo sigue siendo un regalo porque alguien tuvo que pagarlo.

Pero para quien lo recibe, es completamente gratuito.

Así es el regalo de la vida eterna.

Jesucristo es el regalo.

Él es la fuente. Él es el agua de vida que sacia para siempre.

¿Alguna vez has pensado que en el cielo nadie volverá a tener sed?

La Biblia describe el cielo de esta manera:

«Ya no tendrán hambre ni sed… porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida.» Apocalipsis 7:16-17

Piensa en esto.

Hay alrededor de dos mil millones de personas en el mundo que hoy viven con la preocupación constante de conseguir agua para beber. Para ellas, pocas promesas serían tan extraordinarias como esta:

Nunca más tendrán sed.

Siempre habrá agua en abundancia.

Pero esa promesa va mucho más allá del agua física.

Jesús terminó su ministerio público diciendo: «Tengo sed.»

Experimentó esa sed para que un día, en su presencia, tú seas plenamente satisfecho.

Espiritual, física, emocional y completamente.

Entonces, ven a Cristo, y no volverás a tener sed jamás.


[i] Adapted from James Montgomery Boice, The Gospel of John: An Expositional Commentary (Zondervan, 1985), p. 1355

[ii] Adapted from Pink, p. 86

[iii] Arthur W. Pink The Seven Sayings of the Savior on the Cross (Baker, 1958), p. 87

[iv] Adapted from Charles R. Swindoll, The Darkness and the Dawn (Word Publishing, 2001), p. 179

[v] Inspired by Pink, p. 96

[vi] Pink, p. 50

[vii] Swindoll, p. 186

[viii] Eugenia Scarvelis Constantinou, The Crucifixion of the King of Glory (Ancient Faith Publishing, 2021), p. 279

[ix] Ibid, p. 280

[x] Swindoll, p. 183

[xi] Pink, p. 97

[xii] Wiersbe, p. 56

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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