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La sexta declaración de Jesús desde la cruz contiene una de las verdades más profundas del evangelio. Cuando Cristo proclamó: «Consumado es», no expresó resignación ni derrota, sino la culminación perfecta de la obra que el Padre le había encomendado. En este estudio descubriremos el significado de esa extraordinaria palabra, cómo cumplió las profecías anunciadas durante siglos, por qué canceló para siempre la deuda del pecado y de qué manera aseguró la derrota definitiva de Satanás. Acompáñanos a contemplar la grandeza de la cruz y a comprender por qué la obra de Cristo sigue siendo el único fundamento de nuestra salvación y la esperanza de todo creyente.

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Introducción

Hubo un hombre llamado Cecil Rhodes, un reconocido político británico que llegó a ser primer ministro de la Colonia del Cabo, en Sudáfrica, a finales del siglo XIX. Él también era un brillante empresario. Supo ver el enorme potencial de la industria de los diamantes y, cuando apenas tenía 37 años, controlaba cerca del 90% de la producción mundial.

En términos actuales, fue uno de los primeros multimillonarios del mundo.

Era admirado por su capacidad para los negocios y su liderazgo. Incluso fundó un famoso programa de becas en la Universidad de Oxford.

Sin embargo, murió con apenas 48 años, en el momento más exitoso de su carrera. Y, sorprendentemente, no murió satisfecho con todo lo que había logrado. Su perspectiva sobre su propia vida quedó resumida en las últimas palabras que pronunció antes de morir:

—”Tanto por hacer… y tan poco hice.”[i]

Creo que la mayoría de nosotros llegaremos al final de la vida sintiendo algo muy parecido.

“Todavía quedaban tantas cosas por hacer… y tantas quedaron sin terminar.”

Y es que, desde pequeños, nos enseñan a alcanzar metas. Gran parte de la vida gira alrededor de terminar algo: terminar la escuela, terminar un proyecto, alcanzar un objetivo.[ii]

En el trabajo lo llaman cumplir la cuota. Y cuando por fin la alcanzas, ¿qué hacen? ¡Te aumentan la cuota!

Desde niños ya sentimos esa presión por terminar cosas. Por ejemplo, todos los padres esperan que, alrededor de los tres años, sus hijos dejen los pañales. ¿Verdad? ¡La presión comienza temprano!

Después de probar toda clase de premios e incentivos… o, como algunos los llaman, “sobornos cristianos”… les dices: “Si al menos te sientas e intentas, te daré la mitad de mi reino.” ¡Y casi que lo harías!

La realidad es que todos nacemos con ese deseo de lograr algo.

Queremos graduarnos. Obtener la licencia de conducir. Entrar al equipo. Ganar un premio. Empezar un negocio. Y la lista sigue y sigue.

Pero ninguno de nosotros llegará al final de su vida diciendo: “Todo lo que me propuse hacer, lo hice. No me quedó absolutamente nada pendiente.”

Nadie puede decir eso. Nadie… Excepto Uno.

Hoy vamos a estudiar ese grito de victoria que salió de los labios de Jesucristo. Él es la única persona que ha vivido sobre esta tierra que pudo pronunciar esas palabras con toda verdad. Y dentro de unos instantes veremos cómo las proclama con gozo en los últimos momentos de su vida.

Respaso

Como breve repaso, recuerda que hemos estado estudiando las últimas palabras del Cordero desde la cruz.

Hemos reunido los relatos de los Evangelios para seguir las siete declaraciones que Jesús pronunció, en el mismo orden en que las dijo.

Según Marcos 15:25, Jesús fue clavado en la cruz alrededor de las nueve de la mañana. Permanecería allí con vida durante seis horas.

Y hemos estado contemplando como se desarrolla esta escena llena de misterio y majestad.

Jesús subió aquella colina conocida como “La Calavera”. En griego se llamaba Kraníon, palabra de la que proviene nuestro término “cráneo”. En arameo era Gólgota. Y en latín, Calvaria, de donde obtenemos el nombre “Calvario”.[iii]

Un autor escribió que, desde ese púlpito de madera —la cruz—, Jesús predicó siete sermones.[iv]

Y realmente así fue.

Entre las nueve de la mañana y el mediodía, Jesús pronunció tres declaraciones.

La primera fue:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

La manera en que está escrito el texto original da a entender que Jesús repetía esas palabras una y otra vez.

Mientras le clavaban las manos y los pies, decía…

«Padre, perdónalos.»

Mientras escupían sobre Él y se burlaban, decía…

«Padre, perdónalos.»

Luego vino una de las conversiones más sorprendentes registradas en las Escrituras.

Uno de los ladrones crucificados junto a Jesús recibió esta promesa:

«Hoy estarás conmigo en el paraíso.»

Esa sola declaración nos enseña una verdad enorme.

Hay vida inmediatamente después de la muerte. No existe el llamado “sueño del alma”. No existe un estado inconsciente. Ni un purgatorio donde la persona deba sufrir por sus pecados antes de estar con el Señor. Aquel ladrón murió y abrió sus ojos en el jardín del Rey Jesús.

La tercera declaración fue dirigida a María y a Juan.

«Mujer, he ahí tu hijo.» Le dijo a su madre. Y luego a Juan: «He ahí tu madre.»

Con esas palabras, Jesús cumplió hasta el final la responsabilidad que tenía como hijo primogénito al asegurar el cuidado de su madre. Cumplió perfectamente la Ley, hasta el último momento.

Después de esa tercera declaración, una espesa oscuridad, producida sobrenaturalmente por Dios, cubrió la tierra durante tres horas.

Era el momento en que Cristo realizaba la obra de la cruz, cargando nuestro pecado como nuestro Sustituto. Estaba llevando sobre sí toda nuestra culpa y experimentando la separación del Padre mientras sufría nuestro castigo.

En medio de aquella oscuridad pronunció su cuarta declaración:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»

Aunque conocía perfectamente la respuesta, porque seguía siendo plenamente Dios, también habló como verdadero hombre. Y al hacerlo, nos recuerda que, en medio del sufrimiento, nosotros también podemos clamar a nuestro Padre celestial y preguntarle:

«¿Por qué?»

Después de ese clamor, Jesús permaneció en silencio durante aquellas tres horas mientras llevaba sobre sí los pecados del mundo entero, como escribe Juan en su primera carta.

Luego llegó la quinta declaración.

Jesús dijo:

«Tengo sed.»

Todo indica que aliviar su sed no era el verdadero propósito. Él sabía que estaba a punto de entregar voluntariamente su espíritu.

Muchos estudiosos entienden que simplemente quería humedecer su garganta lo suficiente para que los presentes pudieran escuchar con claridad sus últimas palabras y quedaran registradas para siempre en la historia de la redención.

Es precisamente el evangelio de Juan el que conserva la sexta declaración de Jesús.

Así que acompáñame a Juan capítulo 19.

Juan escribe, en el versículo 28…

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: «Tengo sed». Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: «Consumado es». Juan 19:28-30.

Muchos estudiosos creen que Jesús pronunció estas palabras en griego para que todos los presentes pudieran entenderlas.

Y la palabra que utilizó es realmente extraordinaria.

Los griegos se enorgullecían de que su idioma pudiera expresar grandes ideas con muy pocas palabras.

Alguien dijo que el griego era capaz de comunicar “todo un océano de significado en una sola gota de lenguaje”.[v]

La expresión Consumado es se traduce de una sola palabra griega: Tetelestai.

Un autor escribió que probablemente sea la palabra más importante que se haya pronunciado en toda la historia de la humanidad.[vi]

Porque en esa sola palabra está resumido todo el evangelio.

Déjame decirte algo. Si alguna vez te has preguntado cómo puedes estar en paz con Dios. Cómo pueden ser perdonados tus pecados. Cómo puedes tener la seguridad de que un día entrarás al cielo. La respuesta está encerrada en esta única palabra: Tetelestai.

Todo se ha cumplido.

Consumado es.

Ahora bien, hay un detalle muy interesante.

Jesús no dijo: Estoy acabado. Dijo: Se ha acabado.

Y hay una enorme diferencia entre ambas expresiones.

Jesús no estaba diciendo que Él había llegado al final de sus fuerzas. Estaba declarando que la obra que había venido a realizar había llegado a su fin. Su obra estaba completamente terminada.[vii]

Tampoco dijo: “Espero haber terminado.” Ni: “Creo que ya terminé.” Lo proclamó con absoluta certeza: “Se terminó” Consumado es.

En tiempos de Jesús, tetelestai era una palabra muy común. Los arqueólogos la han encontrado escrita en numerosos documentos antiguos. Y la forma en que se utilizaba nos ayuda a comprender aún mejor la belleza del evangelio.

Por ejemplo, era una palabra que usaban los siervos. Un amo enviaba a su siervo a cumplir una tarea. Cuando regresaba después de completarla, decía simplemente: Tetelestai. “Ya terminé la tarea que me encomendaste.”

Así también Jesús, el Siervo perfecto, cumplió por completo la voluntad del Padre.

También era una palabra relacionada con los sacrificios. Cuando una persona llevaba un animal al sacerdote para ofrecerlo al Señor, el sacerdote lo examinaba cuidadosamente. Si no encontraba ningún defecto ni ninguna mancha que lo descalificara, declaraba que era un sacrificio aceptable.

Así también Jesús fue el Cordero perfecto, sin mancha, ofrecido como el sacrificio definitivo por nuestros pecados.

Los artistas también utilizaban esta palabra. Cuando un pintor terminaba su obra, daba un paso atrás, dejaba el pincel y decía: Tetelestai. “Mi obra está terminada.”

De la misma manera, la salvación es la obra maestra de Dios, pintada con los colores de su gracia y de su misericordia.

Los comerciantes también escribían esta palabra en sus recibos. Cuando una persona pagaba el precio completo de una compra, anotaban: Tetelestai. “Pagado por completo.”[viii]

Así también, Cristo pagó totalmente la deuda que teníamos delante de Dios.

Pero hay un uso más.

En el sistema judicial de aquella época, cuando alguien era condenado por un delito, el carcelero escribía en un pergamino el nombre del preso, el crimen cometido y el tiempo que debía permanecer en prisión. Ese documento se colocaba en la puerta de la celda. Cuando la condena terminaba, el carcelero escribía sobre ese mismo documento una sola palabra: Tetelestai.

Luego se lo entregaba al prisionero como comprobante de que había cumplido completamente su condena. Su deuda con la justicia había sido pagada. Era libre para salir.

Así también Jesucristo pagó por completo la deuda que nuestros pecados habían contraído delante del Dios santo.

Por eso, querido oyente, no puedes añadir ni una sola pincelada a la obra maestra que Cristo ya terminó.

No puedes añadir tus buenas obras a la obra perfecta de Cristo. No puedes sacar tu chequera para intentar pagar parte del precio. Tampoco puedes intentar ganarte la salvación.

La grandeza del evangelio es que no dice: “Haz esto.” Sino: “Hecho está.”[ix]

Tetelestai. Consumado es.

Obras consumadas por Cristo en la cruz

Ahora bien, Jesús todavía debía morir, resucitar y ascender al cielo. Todo eso confirmaría públicamente la realidad de esta declaración.

Pero surge una pregunta:

¿Qué fue exactamente lo que Jesús terminó?

Permíteme mencionar tres grandes obras que Cristo completó en la cruz. La lista podría ser mucho más extensa, pero estas tres nos ayudarán a comenzar a comprender la profundidad de esa extraordinaria declaración.

Cumplió profecías mesiánicas

En primer lugar, Jesús cumplió las profecías mesiánicas de las Escrituras.

El Antiguo Testamento anunció:

  • Que el Mesías nacería como miembro de la raza humana, como dice Génesis 3:15.
  • Que su madre concebiría siendo virgen, según Isaías 7:14.
  • Que sería descendiente del rey David, como Dios prometió en 2 Samuel 7:12-13
  • Que nacería en Belén de Judea, según Miqueas 5:2.
  • Que su nacimiento traería gran llanto a esa región, como profetizó Jeremías 31:15. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando Herodes mandó matar a todos los niños menores de dos años, tratando de eliminar a Jesús, el Rey de los judíos recién nacido. Mateo registra que esto ocurrió para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Jeremías.
  • Además, el Antiguo Testamento anunció que los padres del Mesías huirían a Egipto y luego regresarían a su tierra, como dice Oseas 11:1.
  • También anunció que un mensajero prepararía el camino antes de la llegada del Mesías, profecía que se cumplió en Juan el Bautista. (Malaquías 3:1)
  • Anunció que el Mesías abriría los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos; que el cojo saltaría como un ciervo, y que la lengua del mudo cantaría, según Isaías 35:5-6.
  • El Antiguo Testamento también profetizó que Él sería pobre. Y lo fue. Tuvo que pedir prestado todo: las barcas en las que navegó, las casas donde comió, el burro en el que entró a Jerusalén, y hasta la tumba donde fue sepultado. (Salmo 40)
  • El Salmo 78 profetizó que hablaría en parábolas.
  • El Salmo 107 dice que Él calmaría la tormenta y haría callar las olas del mar. Y Jesús lo hizo más de una vez.
  • Zacarías profetizó que entraría en Jerusalén montado sobre un pollino, hijo de asna. (Zacarías 9:9)
  • Isaías 53 anuncia que sería despreciado y desechado.
  • El Salmo 69 anunció que sería aborrecido sin causa.
  • El Salmo 22 anunció que sus manos y sus pies serían horadados; que sería contado con criminales; que la multitud lo rodearía y se burlaría de Él; y que echarían suertes sobre sus vestidos.

Todo eso, y mucho más, fue anunciado siglos antes.

Jesús cumplió literalmente todas las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con la primera venida del Mesías, incluyendo su muerte sacrificial y expiatoria como el Cordero pascual definitivo.

Canceló el registro de pecados

En segundo lugar, Jesús canceló el registro de los pecados del creyente. El apóstol Pedro escribió que Jesucristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, es decir, sobre la cruz. (1 Pedro 2:24)

Isaías lo expresó de esta manera:

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:6

Isaías estaba hablando de la obra de Cristo en la cruz, como el Siervo sufriente.

También escribió:

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Isaías 53:5

En otras palabras, desde la eternidad pasada, el Dios trino determinó, de una manera sobrenatural y misteriosa, cargar sobre Dios el Hijo las iniquidades, los pecados, de todos nosotros.

El registro de tu pecado fue puesto sobre Él.

Ahora bien, si Dios el Padre cargó sobre Dios el Hijo todas tus iniquidades, entonces cuando confías solo en Cristo para recibir perdón, ese registro de pecado ya no está sobre ti.

Ni ahora. Ni jamás.

Si está sobre Él, no puede estar sobre ti.

Y si tu pecado ya no está sobre ti, entonces ya no estás bajo condenación.[x]

Por eso Pablo puede terminar el capítulo 7 de Romanos, donde describe su lucha contra el pecado, y comenzar el capítulo 8 con esta extraordinaria declaración de triunfo:

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1

Jesucristo murió por el registro completo de tus pecados. Pagó por ellos totalmente. De una vez y para siempre. Canceló para toda la eternidad la culpa que aparecía en el registro de tu vida.

Y déjame decirte algo. Tu esperanza no está en que algún día dejarás de pecar. Tu esperanza está en que Cristo cargó con tu pecado. La realidad es que, mientras vivamos en este mundo, seguiremos añadiendo pecados a esa larga lista por la cual Cristo ya hizo expiación.

Nuestro registro de iniquidades es mucho más extenso de lo que podemos imaginar. Pero la fuente de la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado, es inagotable.

Hace unos días vi por internet una imagen muy interesante. Era el famoso reloj de la deuda nacional de los Estados Unidos. Está instalado en una pared de Manhattan, en Nueva York.

Lo colocaron en 1989, cuando la deuda nacional era de 2.7 trillones de dólares. Con el paso del tiempo tuvieron que modificar el diseño para agregar más ceros.

Si lo observas, los números cambian tan rápido que es imposible seguirlos con la vista. Es un recordatorio impactante de una deuda que no deja de crecer y que, humanamente hablando, parece imposible de pagar.

Entonces pensé:

¿Y si cada uno de nosotros caminara con un contador de pecados sobre la cabeza?

Cada pensamiento pecaminoso. Cada acción, intención, deseo, palabra, reacción y emoción pecaminosa haría sonar un clic.

  • Dices una palabra hiriente – Clic.
  • Albergas un pensamiento egoísta – Clic.
  • Guardas resentimiento – Clic.
  • Exiges que se haga tu voluntad – Clic.
  • Actúas con orgullo – Clic.
  • Y te quedas dormido durante el sermón – Clic, clic, clic.[xi]

Imagínate cómo subiría ese contador. Alguien escribió: “Eres mucho más pecador de lo que alcanzas a imaginar; pero también eres mucho más perdonado de lo que jamás podrías soñar.”[xii]

El apóstol Pablo escribió a los creyentes en Colosas:

Y a vosotros, estando muertos en pecados… os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros… quitándola de en medio y clavándola en la cruz. Colosenses 2:13-14

Eso significa que…

  • La cruz de Cristo es la tumba de tus pecados.
  • La muerte de Cristo es la muerte de tu culpa.
  • La cruz borró el historial de tus delitos delante de la santidad de Dios.

Horatio Spafford lo expresó de manera inolvidable al escribir el himno que dice:

Feliz yo me siento al saber que Jesús
libróme de yugo opresor;
Quitó mi pecado, clavólo en la cruz;
gloria demos al buen Salvador.[xiii]

¿Cómo ocurrió todo eso? ¿Cuándo sucedió? El predicador Charles Spurgeon respondió con estas palabras:

“Jesucristo levantó la copa de nuestro pecado y de nuestra culpa, la llevó a sus labios y bebió hasta la última gota del juicio que nosotros merecíamos.”[xiv]

Esa copa quedó completamente vacía. Y entonces Jesús pudo declarar: «Consumado es.»

Jesús cumplió las profecías mesiánicas de las Escrituras.

Jesús canceló el registro de los pecados del creyente.

Y, en tercer lugar…

Jesús aplastó el poder y los planes de la serpiente.

Aplastó el poder de Satanás

Cuando Jesús dijo: «Consumado es» no estaba pronunciando el grito de una víctima derrotada por Satanás.

Estaba proclamando la victoria del Rey sobre Satanás, sobre el pecado y sobre la muerte.[xv]

A los ojos de cualquier observador, la cruz parecía la mayor victoria de Satanás y el mayor fracaso de Dios. Pero, en realidad, la cruz fue el momento en que Cristo quebrantó el poder de Satanás sobre la muerte y el sepulcro.

El Salmo 22 describe la crucifixión con un nivel de detalle verdaderamente extraordinario. Comienza con las palabras:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»

Y termina diciendo:

«Él hizo esto.»

En medio del salmo leemos:

Muchos toros me han rodeado; fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca como león rapaz y rugiente.Salmo 22:12-13

Estas palabras describen el ataque contra Cristo mientras colgaba de la cruz.

No solo el desprecio de los hombres, sino también la furia del mundo espiritual.

Algunos estudiosos consideran que Basán representa, en el Antiguo Testamento, un lugar asociado con las fuerzas del mal y el dominio de los demonios. 

Incluso existen escritos antiguos, fuera de la Biblia, relacionaban esa región con la morada de la serpiente.[xvi]

Mientras nosotros solemos imaginar a los líderes religiosos burlándose de Jesús, a los soldados maltratándolo y a la multitud insultándolo; es muy posible que el cielo estuviera lleno de demonios celebrando lo que ellos pensaban que era su mayor victoria.

  • Se burlaban de Él.
  • Veían la separación que estaba experimentando del Padre.
  • Pensaban que estaba completamente derrotado.
  • Celebraban el aparente fracaso de su misión.
  • “Va a morir bajo la maldición de Dios.”
  • “Ha fracasado.”
  • “Su reino nunca llegará.”
  • Y quizá intentaban que dudara del plan del Padre y aceptara la derrota.

Pero entonces Jesús levantó su voz y proclamó: «Consumado es.»

Contrario a lo que algunas tradiciones enseñan, Jesús no descendió al infierno para sufrir bajo el poder del diablo. No pasó tres días siendo atormentado por los demonios.

La derrota de Satanás comenzó precisamente allí, en la cruz.

Pablo escribe en Colosenses:

[Anuló] el acta de los decretos que había contra nosotros… quitándola de en medio y clavándola en la cruz; y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Colosenses 2:14-15

¿Puedes imaginar esa escena?

El cielo alrededor del Calvario lleno de los demonios.  Pero, de repente, comprendieron que la muerte de Cristo no era un accidente.

Era el plan eterno de la redención. Ellos no conocían el futuro. Satanás no es omnisciente. Sí sabían que Jesús era el Hijo de Dios. Sabían que estaba cargando el pecado. Lo oyeron clamar que había sido abandonado. Vieron cómo el sol dejó de brillar y la oscuridad cubrió la tierra. Y pensaron:

“Este es el fin.”

“Su reino terminó.”

“Lo hemos vencido.”

Pero estaban completamente equivocados.

En un instante, todo se volvió en su contra. Cuando Jesús exclamó: «Consumado es» era como si les estuviera diciendo:

“Ustedes no lo entendieron. Todo esto formaba parte del plan del Padre. Así fue desde el principio.”

Hebreos capítulo 2 anuncia que, por medio de su muerte, Cristo destruiría al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.

Tetelestai.

«Jaque mate.»

Ahora son los demonios los que aúllan en derrota. Pablo dice que fueron exhibidos públicamente en vergüenza. Cristo triunfó sobre ellos. Su líder fue derrotado. Sus planes fueron frustrados. Y su condenación quedó asegurada.

Martín Lutero escribió:

“Una sola palabra los derribará.”

Y esa palabra es Tetelestai.

Escucha bien. Cuando Jesús gritó: «Consumado es» no fue el suspiro de un mártir. No fue el último aliento de un hombre agotado. Jesús no murió diciendo:[xvii]

“Todavía quedaba tanto por hacer… y tan poco hice.” No. 

Fue la declaración triunfante del Redentor anunciando que todo aquello para lo cual había venido del cielo a la tierra había quedado completamente terminado.

Era una misión imposible, hasta que el único que podía hacerlo levantó su voz y proclamó al universo:

«¡Misión cumplida!»

Jesucristo ha vencido.

Sí, todavía hay batallas. Satanás y su reino siguen resistiendo y no bajan las armas. Y nosotros todavía le fallamos muchas veces a nuestro Rey.

Pero la victoria ya está asegurada. Nuestra salvación está segura. Y la palabra tetelestai anuncia para siempre la victoria eterna de Cristo.

Y escucha esto:

Jesús quiere compartir esa victoria contigo.

Está al alcance de todo aquel que crea en Él.

Si todavía no has confiado en Jesucristo como tu Salvador, hazlo hoy.

Y si hoy Él es tu Redentor, confía; porque Él lo será por toda la eternidad.


[i] Adapted from a sermon manuscript by Joel C. Gregory, https://www.preachingtoday.com/sermons/sermons/2016/february/it-is-finished.html

[ii] Stu Epperson, Jr., Last Words of Jesus (Worthy Publishing, 2015), p. 108

[iii] Charles R. Swindoll, The Darkness and the Dawn (Word Publishing, 2001), p.

[iv] Stu Epperson, Jr., Last Words of Jesus (Worthy Publishing, 2015), p. 4

[v] Arthur W. Pink, The Seven Sayings of the Savior on the Cross (Baker, 1958), p. 102

[vi] James M. Stalker, The Trial and Death of Jesus Christ (Zondervan, 1966), p. 149

[vii] Adapted from Joel Gregory

[viii] Word usages adapted from Warren W. Wiersbe, Be Courageous, (Victor Books, 1989), pp. 58-62

[ix] Adapted from Warren W. Wiersbe, Jesus’ Seven Last Words (Back to the Bible, 1981), p. 64

[x] Pink, p. 114

[xi] Adapted from Max Lucado, Unshakable Hope (Thomas Nelson, 2020), p. 93

[xii] Adapted from Tim Keller/online quote

[xiii] Horatio G. Spafford, “It Is Well with My Soul,” 1873

[xiv] Adapted from Charles H. Spurgeon, Christ’s Words from the Cross (Baker, 1984), p. 94

[xv] Adapted from Pink, p. 102

[xvi] Michael S. Heiser, The Unseen Realm (Lexham Press, 2015), p. 289

[xvii] Ibid

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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