Introducción
Probablemente, te ha pasado más de una vez que has tenido que gastar tiempo buscando algo que se te perdió: las llaves del carro, el control remoto, o algún objeto de valor sentimental que no recuerdas donde lo pusiste. Tal vez ya tienes la edad suficiente como para haber buscado tus lentes por toda la casa… solo para darte cuenta de que los llevabas puestos. Ese momento no te causó ninguna gracia.
Y si eres papá o mamá de un niño pequeño, ya conoces ese paralizante sentido de pánico cuando tu hijo desaparece de tu vista en el supermercado. El corazón se te acelera mientras lo buscas; tú le habías dicho que no se alejara, que no soltara el carrito, que no se fuera a explorar. Entonces empiezas a caminar cada vez más rápido por los pasillos.
Hasta que finalmente lo encuentras en el pasillo de los juguetes, y te invade esa mezcla de emociones: una combinación extraña entre alegría y ganas de estrangularlo. No sabes si regañarlo o abrazarlo. Probablemente haces ambas cosas.
Hace poco leí sobre una iglesia en las afueras de un pueblito que estaba por presentar su obra anual de Semana Santa. Ese año estaban especialmente emocionados porque habían incluido a dos “estrellas” nuevas en el elenco: dos ovejas que tenían guardadas en un corral detrás del edificio.
El problema fue que, una hora antes de que comenzara la presentación, las ovejas se escaparon y alguien las vio corriendo hacia el pueblo. El autor escribe —en broma— que quizá les dio pánico escénico; ¿quién sabe?
La directora de la obra, Sandy Mussman, salió corriendo tras ellas junto con sus dos hijos. Vieron a una de las ovejas atravesar el patio trasero de una casa donde una señora descansaba en su silla de jardín. Cuando el trío pasó corriendo detrás del animal, la mujer gritó: “¿Acabo de ver lo que creo que vi?”. Y Sandy respondió mientras seguía corriendo: “¡Sí, una oveja se escapó de la iglesia!”.
Al poco rato, el pastor también se unió a la persecución. Todo el pueblo lo conocía, y cuando le preguntaban qué buscaba respondía: “Una oveja perdida”. Todos inclinaban la cabeza, asumiendo que hablaba un hermano en pecado. “No”, aclaraba él, “una oveja de verdad”.
Lograron atrapar a una de las ovejas cerca de la universidad de la zona, pero la otra nunca apareció. Aun así, tenían que presentar la obra.
Curiosamente, la escena inicial se titulaba: “La oveja perdida”.[i]
Y justamente ese también es el título de una de las parábolas más conocidas que el Señor Jesús contó.
Hemos llegado al capítulo 15 en nuestro estudio del evangelio de Lucas. Este capítulo es, quizás, uno de los más famosos de toda la Biblia. Aquí Jesús contará tres parábolas donde se pierde algo de mucho valor: una oveja, una moneda y un hijo.
La palabra “perdido” aparece ocho veces en este capítulo mientras Jesús desarrolla estas enseñanzas.
Por cierto, la palabra “parábola” significa “poner al lado”. Es decir, Jesús toma una historia terrenal y la pone al lado de una verdad eterna; así es como Él enseña una y otra vez – ilustrando la realidad espiritual con ejemplos cotidianos.
La queja de los fariseos
Antes de entrar en la primera parábola, Lucas prepara la escena contándonos que, detrás del telón, ya existe un drama en desarrollo.
Lucas escribe aquí en el versículo 1:
“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle; y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.” (Lucas 15:1–2)
Los fariseos eran los líderes religiosos de la época, y los escribas eran judíos especializados en interpretar la ley de Moisés.
Y están molestos. Jesús recibe a pecadores. El verbo “recibe” está en tiempo presente, mostrando un patrón continuo: Él los siempre está recibiéndolos, incluso comparte comidas con ellos con regularidad.[ii]
Es como si Jesús hubiera puesto una alfombra de bienvenida para los vagabundos espirituales como los publicanos y pecadores.
Y, dicho sea de paso, esa es una gran noticia… porque significa que pecadores como tú y yo también podemos acercarnos a Él.
Los líderes religiosos ya se habían quejado por esto antes en Lucas capítulo 5. Y volverán a protestar cuando Jesús salga de la casa de Zaqueo, un recaudador de impuestos bien conocido, más adelante en el capítulo 19. Allí Jesús responde a sus objeciones con las buenas nuevas:
“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).
Permíteme hacerte una pregunta: ¿alguna vez has reconocido delante de Dios que estás perdido? No puedes ser salvo por Jesucristo hasta que admitas que eres un pecador perdido que necesita salvación.
He conocido a muchas personas que no son salvas simplemente porque no quieren admitir que son pecadoras, que están perdidas y espiritualmente desorientadas, necesitadas de un Pastor que pueda rescatarlas. ¡No creen que necesiten salvación!
Los fariseos y escribas pensaban igual; en su opinión ellos no eran ovejas perdidas. Eso sí, no tenían ningún problema en ver a los publicanos como ovejas perdidas.[iii]
Y no eran los únicos. El resto de la comunidad judía pensaba exactamente igual acerca de los cobradores de impuestos.
En los días de Cristo, decir “publicano” era decir “ladrón”. Los dos términos eran prácticamente sinónimos.[iv]
Los publicanos eran judíos que se habían convertido en traidores. En la práctica, habían entregado su lealtad al gobierno romano para obtener el derecho de cobrarles impuestos a sus compatriotas. Ellos establecían franquicias locales, inflaban las tarifas, se quedaban con la diferencia y llevaban una vida de lujo mientras empobrecían a su propia gente.[v]
Cicerón, el famoso político romano que vivió cincuenta años antes del nacimiento de Cristo, llegó a insultar a un oponente político llamándolo “cobrador de impuestos”. Le dijo que: igual que un publicano, “saqueas la casa de cada hombre, enredas a quienes hacen negocios con tus demandas injustas y aterrorizas a los comerciantes”.[vi]
Hoy pensamos en la mafia, más o menos, de la misma manera en que la gente en tiempos de Jesús pensaba en un cobrador de impuestos.
Y, por cierto, Jesús no discute con los fariseos sobre el hecho de llamar pecadores a los publicanos. Jesús nunca defiende su extorsión ni minimiza su pecado. No está tolerando su maldad. Pero lo que está haciendo Jesús es poner la alfombra de bienvenida, por así decirlo, e invitarlos a tener comunión con Él. Él está a punto de ilustrar con una historia terrenal, el principio eterno de que nadie está fuera del alcance de Dios. Ningún pecador está más allá de la gracia de Dios.
Y eso enfurece a los fariseos, porque ellos le enseñaban al pueblo que “hay gozo delante de Dios cuando los pecadores desaparecen del mundo”. Ellos creían que Dios se alejaba de los pecadores. Jesús, en cambio, los está recibiendo… así que, según la lógica de los fariseos, Jesús no podía venir de parte de Dios.
Ellos enseñaban que hay alegría en el cielo cuando un pecador muere; Jesús está a punto de enseñar que hay alegría en el cielo cuando un pecador se arrepiente.
Ahora, no te confundas, como ellos lo hicieron: Jesús no está tapándose los ojos para ignorar su estilo de vida pecaminoso. Él ha puesto la alfombra de bienvenida, no para que ellos vengan a influenciar y contaminarlo, sino para que Él cambie sus vidas para siempre.
Jesús entendía que todos —líderes religiosos, publicanos y pecadores por igual— están perdidos, sin importar lo que pensaran de sí mismos o lo que otros dijeran de ellos.
Jesús sabía exactamente quiénes eran.
Esto me recuerda a dos hermanos que eran muy conocidos en su pueblo por sus negocios turbios y sus conexiones con el mundo criminal. Pero cuando el hermano menor murió, de repente el hermano mayor quiso darle un funeral digno de un rey. Llamó a la funeraria e hizo todos los arreglos más costosos. Luego llamó al pastor más reconocido de la ciudad y le hizo una propuesta: “Le voy a dar cien mil dólares así puede pagar todos los arreglos que su iglesia necesita, pero solo si predica en el funeral de mi hermano y, en algún momento de su mensaje, les dice a todos que mi hermano era un santo”. Para sorpresa de todos, el pastor aceptó.
El día del funeral, todo el pueblo asistió, preguntándose qué podría decir el pastor sobre un criminal tan conocido.
El pastor comenzó diciendo: “El hombre que ven en este ataúd era un mentiroso, un ladrón, un depravado y un engañador. Arruinó la vida de muchas personas en esta ciudad, algunas de las cuales están aquí hoy. Este hombre hizo todo lo malo que se puedan imaginar. Era un hombre vil… pero, comparado con su hermano mayor, era un santo”.[vii]
No importa lo que digan en tu funeral; no importa lo que pienses de ti mismo; no importa cómo te llamen o lo que otros piensen de ti… Jesús lo sabe todo sobre ti.
Y déjame decirte: la única persona que tiene alguna esperanza al presentarse delante de Dios es aquella que, en algún momento de su vida, reconoce que está perdida, que es pecadora, que anda vagando y que necesita ser encontrada por el Pastor.
Esa es la verdad eterna ilustrada por esta historia terrenal—la parábola que Jesús está a punto de presentar.
El corazón del buen pastor
Así que escuchemos lo que dice aquí en el versículo 4:
“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” (Lucas 15:4)
Todos entendieron de inmediato la urgencia de esta historia. Ningún pastor decía: “Bueno, a veces se gana y a veces se pierde”. [viii]
Para nada.
Los pastores de Judea vivían vidas duras, difíciles y a menudo peligrosas. Los pastizales eran escasos; la estrecha meseta central tenía apenas unos pocos kilómetros de ancho y descendía hacia acantilados empinados. Las ovejas podían desviarse con facilidad.[ix]
Cien ovejas constituían un rebaño relativamente grande, y más de un pastor estaría involucrado, aunque Jesús menciona solamente a uno.
Por la noche se llevaban a las ovejas a un corral improvisado al aire libre—generalmente hecho con piedras apiladas para formar paredes. Los pastores guiaban a sus ovejas una por una a través de la entrada para contarlas.
Pero las ovejas también pasaban bajo la vara del pastor para ser examinadas. El pastor usaba su vara para separar la lana y observar de cerca si tenían moretones, heridas, señales de enfermedades de la piel o parásitos.
El grueso manto de lana de una oveja podía ocultar problemas o defectos.
Aún hoy, en concursos de ovejas, los competidores recortan y acomodan la lana de sus ovejas de tal manera que se vean más fuertes o pesadas; por eso el juez usa una varilla—parecida a la vara del pastor—para separar la lana y hacer una evaluación más realista.
Así que el pastor usaba su vara tanto para cuidar a las ovejas como para llevar la cuenta. Y esa noche, Jesús dice que el pastor solo contó noventa y nueve.
Falta una.
Jesús explica que el pastor dejó a las noventa y nueve en el campo abierto, lo que implica que las dejó al cuidado de otro pastor. De no haberlo hecho, estaría buscando noventa y nueve ovejas más en unas horas.
Y ahí va tras la oveja que se ha extraviado. He leído que estos pastores eran rastreadores expertos y podían seguir las huellas de las ovejas por kilómetros. Para un pastor comprometido, esto no era algo inusual.[x]
Su dedicación era crítica para la vida de esa oveja perdida.
Las ovejas no tienen la capacidad instintiva de encontrar el camino de regreso cuando se pierden. No tienen un sentido del olfato que les permita encontrar agua o comida, mucho menos al rebaño del que se apartaron. Dependen por completo de que su pastor las rescate.
Timothy Laniak, escribió lo siguiente en su maravilloso libro donde cuenta sus experiencias al vivir durante un año con pastores beduinos en el Medio Oriente:
“Incluso la raza montañesa resistente con la que trabajé era susceptible a neumonía, infecciones respiratorias, hipotermia en invierno, sarna y tembladera en verano. Ignorantemente meten la cabeza a través de cercas y quedan cortadas o atoradas; intentan subirse a árboles para comer hojas y quedan atrapadas; se caen por barrancos; las muerden serpientes y las pican avispas. Se atiborran de hojas amargas y se inflaman como globos; se mueren de hambre, se congelan y se enferman… pero cada una de estas aflicciones es contrarrestada por un buen pastor.”[xi]
Y lo mismo ocurre con la persona en pecado. Como dice el profeta Isaías:
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino (Isaías 53:6)
Nuestro deseo, antes de conocer a Cristo, no es buscar a Dios, sino buscar nuestro propio camino. Vagamos desorientados por la vida en busca de seguridad, satisfacción y propósito aparte de Dios. Estamos atrapados en el pecado sin posibilidad ni deseo de salvación. Dependemos completamente del buen pastor para que venga, nos busque, y nos rescate.
El versículo 6 de Isaías 53 termina diciendo: Mas Jehová cargó en él (en Jesucristo) el pecado de todos nosotros.
Así es como nuestro pastor pudo rescatarnos. Él vino a la tierra a buscarnos y murió en la cruz para pagar el precio de tus pecados y los míos, y así salvarnos del castigo eterno.
¿Y tú? ¿sigues vagando como una oveja perdida? Necesitas al Pastor que aparece aquí en Lucas 15. Se nos dice en el versículo 4 que Él va tras la oveja que se perdió hasta encontrarla.
¿Estás perdido hoy? Eso significa que Él te está buscando.
Y, por cierto, en aquel entonces, los líderes religiosos enseñaban que Dios podía recibir a un pecador arrepentido, pero jamás concebirían la idea de que Dios saliera a buscar a un pecador.
Esta fue una revelación asombrosa cuando Jesús declaró:
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:10)
¿Quieres escuchar una verdad teológica aún más profunda? Si hoy eres salvo, no es porque tú lo encontraste… es porque Él te encontró a ti.
Y observa lo que hace este pastor en el versículo 5:
“Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso.” (Lucas 15:5)
Como para indicar que, cuando el Pastor te lleve al hogar celestial, no será por tu fuerza, sino por la Suya. No será por el esfuerzo de tus pies, sino por los suyos.
Él te llevará a casa.
Jesús está cumpliendo su promesa – una promesa de la que el rey David cantó esperando su cumplimiento en el Salmo 28:
“Jehová es la fortaleza de su pueblo… salva a tu pueblo, bendice a tu heredad; pásalos también, y susténtalos para siempre.”(Salmo 28:8–9)
¿Cuándo se convierte Jesús en tu Pastor? Cuando se convierte en tu Salvador.
Y Él se convierte en tu Salvador cuando reconoces que necesitas salvación, cuando admites que eres pecador, crees que Él pagó por tus pecados en la cruz y clamas a Él. El apóstol Pablo escribe:
“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Romanos 10:13)
Y cuando eso sucede, cuando ya estás seguro sobre Sus hombros… entonces, en el cielo, comienza una celebración – una fiesta.
Observa el versículo 6:
“Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.” (Lucas 15:6–7)
Mira ahora el versículo 10:
“Así os digo, que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”
(Lucas 15:10)
Jesús va más allá de la parábola y entrega una revelación nueva. Dos veces dice: “Os digo”; como si dijera: “Escuchen bien. Voy a mostrarles lo que ocurre detrás del telón del cielo: hay alegría en el cielo cada vez que un pecador se arrepiente y recibe la salvación, el perdón de sus pecados.”
¿Cómo lo sabe Jesús? ¿Cómo podría saberlo a menos que realmente sea el Hijo de Dios que vive desde la eternidad? ¿A menos que sea, como declara Juan 3:13, “el que descendió del cielo”?[xii]
Este es un pequeño vistazo de lo que pasa en el cielo, la celebración gozosa, la gran fiesta que comienza cuando un pecador es salvo… cuando alguien que estaba perdido es hallado.
¿Eres tú esa oveja descarriada hoy? ¿Eres tú ese pecador? Entonces calificas para llamarlo tu Pastor.
Conclusión
En un devocional de Nuestro Pan Diario, leí la historia de una mujer llamada Carmen.[xiii] Ella explicó cómo llegó a la fe en Cristo. Resulta que a ella no le interesaba Dios ni la religión; pero un domingo por la mañana estaba luchando con el descontento, una falta de satisfacción con la vida. Se sintía vacía, sin esperanza y sin rumbo, así que decidió entrar a una iglesia cerca de su apartamento. Ese domingo el texto del sermón era Lucas 15.
El pastor se levantó y comenzó a leer los primeros dos versículos. Llegó al final del versículo dos que dice: “Este a los pecadores recibe, y con ellos come.” Pero ella estaba algo distraída así que escuchó mal y pensó que decía: “Este a los pecadores recibe, y con ellos Carmen.”
Inmediatamente se enderezó en su asiento y prestó atención. Unos minutos después entendió lo que había sucedido. Pero el Señor comenzó a obrar en su corazón, mostrándole a través de su Palabra que ella también era una oveja perdida… y que Jesús le ofrecía convertirse en su Pastor.[xiv]
Tal vez hoy te identificas con esa oveja:
- Sabes que estás alejado de Dios,
- Enredado en el pecado y los afanes de este mundo,
- Tal vez te encuentras herido,
- o simplemente has estado siguiendo tu propio camino y ahora te diste cuenta de que, en verdad, estás lejos del camino del buen pastor.
La buena noticia es esta: Jesús sigue saliendo a buscarte.
Y si tú lo oyes hoy, no es casualidad. Es el Pastor que está llamándote por tu nombre. Escucha su llamado hoy. Pídele el perdón de tus pecados. Arrepiéntete y ponte bajo su cuidado. Él te levantará, te pondrá sobre Sus hombros y te llevará a casa.
El evangelio no trata de nuestros esfuerzos para alcanzar a Dios. El evangelio nos habla del Buen Pastor que descendió para encontrarte, rescatarte y restaurarte.
Así que la pregunta no es si tú puedes encontrar el camino de regreso… sino si estás dispuesto a dejarte cargar por Él – si estás dispuesto a dejar de confiar en tus esfuerzos y, en humildad, confiar en tu Salvador quien te ofrece traerte solo gracias a Sus fuerzas a su rebaño.Hoy, si estás perdido, si estás lejos, si estás cansado… Él te está llamando por tu nombre. Y no lo olvides, en el cielo ya está preparada una fiesta para cuando digas: “Señor, aquí estoy. Llévame en tus hombros hasta casa contigo.”
[i] Adapted from The Associated Press (8-22-2020); citation: www.preachingtoday.com/illustrations/2003/october/14624.html
[ii] David E. Garland, Zondervan Exegetical Commentary on the New Testament: Luke (Zondervan, 2011), p. 612
[iii] Warren W. Wiersbe, Be Courageous (Victor Books, 1989), p. 22
[iv] R. Albert Mohler, Jr. Tell Me the Stories of Jesus (Nelson Books, 2022), p. 65
[v] Ibid
[vi] R. Kent Hughes, Luke: Volume Two (Crossway Books, 1998), p. 133
[vii] Robert J. Morgan, Stories, Illustrations and Quotes (Nelson Books,
[viii] Garland, p. 613
[ix] Adapted from William Barclay, The Gospel of Luke (Westminster Press, 1975), p. 200
[x] Ibid
[xi] Timothy Laniak, While Shepherds Watch Their Flocks (ShepherdLeader Publications, 2007), p. 65
[xii] Dale Ralph Davis, Luke: The Year of the Lord’s Favor (Christian Focus, 2021), p. 32
[xiii] El nombre original es “Edith” fue modificado para que la ilustración funcione como en el original.
[xiv] Adapted from Davis, p. 31










