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Convirtiendo tu dinero en tesoros eternos

El dinero forma parte de nuestra vida diaria. Trabajamos para obtenerlo, tomamos decisiones sobre cómo usarlo y muchas veces nos preocupamos por él. Pero Jesús enseñó que la forma en que manejamos el dinero revela algo mucho más profundo: nuestras prioridades y aquello que realmente gobierna nuestro corazón. En este estudio del evangelio de Lucas, el Señor cuenta una parábola sorprendente sobre un administrador injusto que nos lleva a reflexionar sobre el uso de los recursos que Dios pone en nuestras manos. A través de esta enseñanza aprenderemos cómo el dinero puede convertirse en una herramienta para impactar la vida de otras personas y cómo nuestras decisiones de hoy pueden tener consecuencias que perduren mucho más allá de esta vida.

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Introducción

Hace un par de meses estaba viendo por televisión un partido de futbol americano. Era un encuentro decisivo de cara a la postemporada, y durante toda la semana se había hablado mucho de ambos equipos. Todos sabían que sería un duelo intenso, especialmente entre los dos mariscales de campo.

Pero en el primer cuarto ocurrió algo inesperado. Un jugador defensivo tacleó a un rival, se puso de pie, dio unos pasos… y de pronto se desplomó sobre el campo. De inmediato quedó claro que no se trataba de una lesión común; su corazón, de hecho, se había detenido. Aquel estadio gigantesco quedó en absoluto silencio mientras el equipo médico le practicaba una reanimación.

Incluso después de que lo sacaron del campo a toda prisa, nadie sabía cuál sería el desenlace. Las cámaras mostraban a jugadores llorando, arrodillados en la banca, con la cabeza entre las manos. Todos contenían la respiración.

Los comentaristas intentaban llenar el tiempo, describiendo lo que ocurría. En varias ocasiones hablaron de orar. También enfatizaban la importancia de poner las cosas en perspectiva ya que parecía que el partido se iba a cancelar. Repetían esta frase una y otra vez: “Al final de cuentas, esto solo es un juego”.

Varios minutos después de que trasladaran al jugador en ambulancia, ocurrió algo inusual. Nunca lo había visto antes, y sospecho que quizá nunca vuelva a verlo. Fue una escena impactante, especialmente en una cultura que suele mostrar tanta hostilidad hacia cualquier expresión pública del cristianismo.

Todos los compañeros de equipo del jugador herido, junto con entrenadores y personal, salieron al campo. Se arrodillaron, se abrazaron unos a otros, y allí mismo se pusieron a orar.

Los ateos no quedaron contentos con eso. El grupo de Americanos por la Separación de la Iglesia y el Estado tampoco; la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles tampoco —y, para ser honestos, casi nunca lo están. Todos sabían que esos jugadores no estaban orando a Buda, ni a Krishna, ni al “universo”. Estaban orando al Dios que intuitivamente sabían que existe: el Dios vivo y verdadero.

Me alegró mucho saber después que el jugador sobrevivió y que hoy se encuentra bien.

Ese partido se convirtió en el único en la historia de la NFL que fue cancelado a causa de una lesión. Pero obviamente esa no fue simplemente una lesión; era una persona suspendida entre la vida y la muerte.

Sinceramente la reacción del equipo me impactó profundamente y me animó. Fue como si una especie de claridad invisible descendiera sobre todos. En una sola palabra: perspectiva. Las prioridades cambiaron y se ubicaron correctamente. Se reconoció a Dios, hubo compasión por los demás, seriedad, oración. El destino eterno de una persona pendía de un hilo, y todos lo sabían. Y, a la luz de eso, nada más importaba.

El tema de la parábola

Ese es precisamente el tipo de perspectiva eterna que el Señor va a exhortar a Sus discípulos a adoptar. Y para lograrlo, el Señor va a hablar de un tema en el que todos suelen concentrarse. En este caso, se trata del dinero.

Y quizá te parezca extraño que el Señor fomente una perspectiva eterna y un sentido de urgencia acerca de la vida hablando precisamente del dinero.

Pero mientras más lo pensaba, más sentido tenía. Y es que: La prioridad de una persona puede medirse por la forma en que usa sus posesiones.

¿Hay algo que realmente importa en tu vida? ¿Algo que consideres verdaderamente urgente? Esa urgencia siempre se traduce en cómo inviertes tu dinero.

No tenemos mucho tiempo. La vida es breve. Así que aprendamos a ser administradores más sabios de lo que Dios nos ha confiado.

Ahora bien, el Señor aborda este tema mediante una parábola, pero no de la manera que esperaríamos normalmente.

Estamos en Lucas 16. Y, dicho sea de paso, he encontrado por lo menos una docena de interpretaciones distintas de esta parábola, algunas de las cuales no tienen absolutamente nada que ver con el dinero.

Así que permítame recordarle algo importante sobre interpretar parábolas. Una parábola tiene un tema principal. A veces los detalles contribuyen a ese tema y a veces no; pero la historia, en última instancia, nos conduce a ese tema central —lo que podríamos llamar la moraleja del relato.

Y para que no quede ninguna duda en este caso, vayamos al final de la parábola, donde Jesús presenta claramente la moraleja en el versículo 13:

“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Lucas 16:13

No puedes ser esclavo de Dios y esclavo del dinero al mismo tiempo.

Para dejar esto bien claro, Jesús cuenta una historia en la que todos los personajes están motivados por el dinero. De hecho, cada uno de ellos va a hacer concesiones morales y actuar deshonestamente con tal de obtener un poco más de dinero, porque esa es la verdadera prioridad que gobierna sus vidas.

Ahora volvamos al versículo 1:

“Dijo también a sus discípulos…” Lucas 16:1a

Detengámonos ahí un momento. Ten presente a quién va dirigida esta enseñanza. Los fariseos ciertamente están escuchando, pero esta parábola está claramente pensada para el beneficio de los discípulos.

Tal vez te preguntes por qué el Señor les daría principios sobre la administración del dinero cuando, aparentemente, ellos no tenían dinero.

Pero recuerda algo importante: en menos de un año, estos discípulos estarán supervisando una iglesia de más de cinco mil personas. Estarán administrando bienes y recursos ofrendados por personas que entregarán todas sus posesiones. Pondrán el dinero de la venta de sus propiedades a sus pies. En términos actuales, muy pronto estarán administrando millones de dólares.

Existe el peligro real de que sus prioridades, su equilibrio espiritual y su visión se vean afectados.

La exposición de la parábola

Volvamos entonces al versículo 1:

“Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y este fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó y le dijo: ‘¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo’.”Lucas 16:1–2

Evidentemente, todo marchaba bien hasta que alguien denunció la pésima administración de este hombre.

Jesús dice que el mayordomo “disipaba” los bienes del hombre rico. La palabra describe la idea de malgastar por negligencia, desperdiciar recursos por no cumplir fielmente con la responsabilidad asignada.[i]

En otras palabras, simplemente no le importaba. Pero a alguien en la oficina sí le importó, y presentó cargos contra el administrador. Todo indica que este hombre rico vivía en otro lugar, no estaba presente en la finca, por así decirlo.

Además, el texto sugiere que el dueño quizá nunca se habría enterado de nada si alguien no denunciaba el asunto. Alguien filtró suficiente información como para que el propietario ni siquiera le diera al administrador la oportunidad de explicarse.

El dueño exige de inmediato una auditoría; es decir, un informe escrito de las cuentas financieras.[ii]

Y ese informe escrito resulta clave para entender lo que ocurre a continuación en el versículo 3:

“Entonces el mayordomo dijo para sí: ‘¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar no puedo; mendigar me da vergüenza’.” Lucas 16:3

El hombre revisa mentalmente su currículum. Ha pasado toda su vida en trabajos administrativos, de oficina. No sabe usar herramientas y, evidentemente, tampoco es bueno usando la pala. No puede ponerse a cavar zanjas por el resto de su vida. 

Tal vez tuviste un padre como el mío. Él me advertía que si fracasaba en la universidad terminaría cavando zanjas para ganarme la vida. Eso me asustó lo suficiente como para aprobar Álgebra II.

A este hombre lo atraparon con las manos en la masa. Cavar zanjas o mendigar son sus únicas dos opciones.

Además, se da a entender que el dueño llegará en cuestión de uno o dos días para recibir los resultados escritos de la auditoría. Entonces, ¿qué va a hacer?

La siguiente frase lo deja claro. Él piensa: “Ya sé lo que voy a haré”. El texto griego es más expresivo. Podríamos imaginar a este hombre diciéndose a sí mismo: “¿Qué voy a hacer… qué voy a hacer… qué voy a hacer… espera… ¡ya sé!”[iii]

Esa es la idea del versículo 4:

“Ya sé lo que haré para que cuando se me quite la mayordomía, me reciban en sus casas.” Lucas 16:4

Todo indica que su trabajo incluía una vivienda. Cuando lo despidan, no tendría ingresos y tampoco un lugar donde vivir.

Así que está pensando… pensando… pensando… y de pronto se le enciende la lamparita y dice: “¡Ya sé!”

Se le ocurre un plan ingenioso que encontramos en el versículo 5:

“Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi amo?’ Él dijo: ‘Cien medidas de aceite’. Y le dijo: ‘Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘¿Y tú, cuánto debes?’ Él dijo: ‘Cien medidas de trigo’. Y le dijo: ‘Toma tu cuenta, y escribe ochenta’.” Lucas 16:5–7

El texto da a entender que había más deudores, pero Jesús menciona solo a dos como ejemplos.

El primero debía cien medidas de aceite. Una medida equivalía aproximadamente a unos ocho galones de aceite de oliva o 30 litros. Es decir, debía unos ochocientos galones, que son unos 3 mil litros. En aquella época, eso representaba el equivalente a tres años del salario anual de un trabajador promedio. Toma tu propio salario anual, multiplícalo por tres, y tendrás una idea del monto de esta deuda.

El segundo debía cien medidas de trigo. En este caso, una medida equivalía aproximadamente a unos 270 kilos de trigo, lo que significa que debía alrededor de 27 toneladas de trigo El valor de esa deuda, en aquel tiempo, equivalía a casi ocho años del salario anual de una persona promedio.[iv]

A juzgar por el tamaño de estas deudas, es evidente que estos hombres también eran empresarios acomodados, muy probablemente comerciantes dedicados a estos productos.

Al reducir sustancialmente sus deudas, este administrador sabe exactamente lo que está haciendo. Ellos quedarán en deuda con él. Le deberán favores importantes en el futuro.

Está siendo extremadamente generoso, pero hay un serio problema con su generosidad: ese dinero no es suyo.

Aquí está aplicando lo que podríamos llamar la primera regla de la política: siempre es fácil ser generoso con el dinero de otros.[v]

El administrador llama a estos hombres uno por uno, lo cual da a entender que no hay testigos. Les propone un trato para “arreglar los libros”, “maquillar las cuentas”; hay muchas formas de decirlo, pero en un tribunal eso se llamaría malversación de fondos. Está apropiándose indebidamente de los recursos de la empresa.[vi]

Y no pases por alto este detalle: este plan no funcionará a menos que estos hombres estén dispuestos a sentarse y redactar facturas falsas, las cuales el administrador intercambiará en los archivos por las facturas reales.

Y eso es exactamente lo que hacen. Quiero decir, ¿no es este un plan brillante… desde su perspectiva? Ellos quedan encantados con este administrador. Lo adoran. Pero ¿qué pasa con el hombre rico? ¡Él se va a enterar! De hecho, justo en ese momento aparece. ¿Y qué hace? Versículo 8:

“El amo alabó al mayordomo malo por haber hecho sagazmente.” Lucas 16:8a

Ahora, él debería mandarlo arrestar, no felicitarlo. Y también debería haber arrestado a los clientes que estafaron a su empresa por muchísimo dinero en pérdidas.

Pero no hace nada de eso. Más bien hace la vista gorda y, en esencia, le dice al administrador: “Eres realmente astuto… qué tipo tan listo”. No está furioso, no ordena una investigación; ¡evidentemente también está satisfecho!

Desde su punto de vista, lo que pudo haber sido una pérdida total por deudas incobrables ahora se convierte en una ganancia inmediata de al menos la mitad del dinero en efectivo. El resto lo registra como pérdida empresarial y paga menos impuestos. A él le gusta este plan.

Ahora bien, muchos leen esta parábola y asumen que Dios es injusto, que debería condenar a este malversador en lugar de elogiarlo. Pero escucha bien: en ningún momento este hombre rico representa a Dios.

No. Él representa a los hijos de este mundo. Es un retrato de lo que significa ser igualmente astuto, igualmente devoto al dinero, e igualmente dispuesto a hacer la vista gorda y comprometer el carácter con tal de obtener un poco más de dinero.

Y con este giro sorprendente en la historia, Jesús comienza a presentar su aplicación. Permíteme expresarla en forma de cuatro principios.

Principios para ser buenos administradores

Estos son cuatro principios que nos ayudarán a ser mejores administradores de lo que Dios nos ha confiado.

El primero es este: 

Sé estratégico con las oportunidades que tienes

En la segunda parte del versículo 8, Jesús dice:

“Porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.” Lucas 16:8b

Jesús no está elogiando a este hombre, ni está sugiriendo que encontremos alguna forma creativa de robar dinero para luego donarlo al fondo de construcción de la iglesia.

No está promoviendo el robo; está llamándonos a ser astutos. Es decir: no seas ingenuo:

  • Observa cómo los hijos de este mundo piensan estrategias para impulsar su agenda.
  • Observa cómo difunden y promocionan sus ideas.
  • Observa cómo, con creatividad, convencen a otros de seguirlos.

Mira a este administrador. Está usando toda su inteligencia, su astucia, su energía, su creatividad y su sentido de urgencia para beneficiarse a sí mismo.

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿qué estamos haciendo nosotros, como hijos de luz —una expresión que el Nuevo Testamento usa para referirse a los creyentes— para avanzar el evangelio de Cristo en nuestra generación?

¿Qué pasaría si fuéramos tan intencionales, tan ingeniosos, tan creativos y tan urgentes en la obra del evangelio como los inconversos lo son para ganar dinero?

Nuestra prioridad no debe ser el dinero; nuestra prioridad debe ser la eternidad.

Ese es el enfoque del Señor aquí. Observa el versículo 9:

“Y yo os digo…” Lucas 16:9a

En el idioma original, la expresión es más fuerte. Podría expresarse algo así como: “Yo mismo les digo ahora”. O sea, es un llamado directo y personal[vii]

Puedes imaginar al Señor mirando a los ojos a cada uno de Sus doce discípulos y diciendo, “esto que voy a decir ahora es para ustedes: Sean estratégicos con las oportunidades que tienen.”

Ahora, el segundo principio es el siguiente:

Sé intencional con el dinero que tienes

Versículo 9:

“Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas.” Lucas 16:9

Podrías escribir al margen de tu Biblia, junto a la expresión “riquezas injustas”, las siguientes palabras: riquezas mundanas o riqueza terrenal. Era frase común que se usaba para referirse al dinero que pertenece a este sistema mundano marcado por la injusticia. Es la moneda de este mundo

El dinero que recibes por tu trabajo pertenece al sistema de este mundo pecador, y llegará el día en que no servirá para nada.

Cuando Cristo venga a reinar sobre la tierra, y el oro, por ejemplo, llegará a ser algo tan común que servirá como pavimento. Se usará como asfalto para las calles de oro en los nuevos cielos y la nueva tierra.

Así que, lo que hoy tienes, cualquier riqueza que Dios te haya permitido ganar ahora, inviértela con intención. Úsala, dice Jesús, para hacer amigos para la eternidad.

En otras palabras, utiliza esos recursos para alcanzar personas, de modo que un día, en el cielo —tu morada eterna, como la llama Jesús— te encuentres con personas que serán tus amigos para siempre.

Déjame decirte algo: algunos de tus mejores amigos serán personas en el cielo que aún no conoces. Pero estarán allí porque invertiste tus recursos y capacidades con sacrificio en su futuro eterno.

Entonces, ¿por dónde comenzamos? Jesús dice: comienza con algo pequeño.

Se fiel sin importar cuanto tengas

El versículo 10 dice:

“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” Lucas 16:10–12

Muchas veces pensamos que, si tuviéramos mucho dinero, entonces demostraríamos cuán importante es Cristo para nosotros. Pero en realidad todo comienza cuando no tienes mucho y aun así das lo que puedes.

Esto me recuerda una historia que leí acerca de Peter Marshall, quien fue capellán del Senado de los Estados Unidos. Peter Marshall era un creyente comprometido; hablaba del Señor con valentía y oraba con valentía también.

Un día, un senador se le acercó y le pidió que orara por él. Peter le preguntó: “¿Por qué quieres que ore?”

El hombre respondió: “Quiero que ore para que Dios me ayude a dar al menos el diez por ciento para su obra. Cuando ganaba 50,000 dólares al año, podía dar al Señor al menos 5,000. Pero ahora que gano 500,000 al año, dar 50,000 al Señor es demasiado dinero. ¿Podría orar por mí?”

Peter le respondió: “Claro, oremos ahora mismo”.

Entonces inclinaron la cabeza, y Peter oró: “Señor, por favor reduce el salario de este hombre para que pueda volver a dar”.

Así es como podemos convertirnos en mejores administradores:

Sé estratégico con las oportunidades que tienes.

Sé intencional con el dinero que tienes.

Sé fiel sin importar cuánto tengas.

Y uno más, el número cuatro:

Sé honesto con los sueños que tienes

Versículo 13:

“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Lucas 16:13

¿Qué es lo que realmente anhela tu corazón?

¿Qué es lo que más deseas que el Señor haga en tu vida?

Mira, el dinero no es el problema; el problema es la devoción al dinero. Lo que posees no es el problema; el problema es lo que te posee a ti.

Cuando las cosas de este mundo dominan tus sueños y deseos estás enfocándote en algo demasiado temporal. Jesús les dice a sus discípulos que entreguen su devoción a las cosas eternas.

Esto es algo que he observado a lo largo de mi vida y ministerio: las personas que son devotas al dinero querrán usar a Dios para que les dé más dinero; pero las personas que son devotas a Dios querrán usar su dinero para la gloria de Dios.

El dinero puede ser una trampa; puede ser una prueba; puede ser un examen. Pero Jesús está diciendo aquí que el dinero también puede ser una herramienta. Una herramienta que administradores sabios pueden usar para tocar la vida de otras personas por causa del evangelio; personas que un día serán tus amigos cuando nos encontremos con ellas en el cielo.

Esta parábola me recordó una antigua canción que dice así.

Soñé que fui al cielo
Te pude allí encontrar, 
Las calles de oro caminé
Junto al mar de cristal

De pronto escuchamos que alguien te llamó
Un hombre joven era que sonriendo se acercó

Me dijo: no se si ahora te acuerdas de mí, 
Más fuiste mi maestro en la iglesia que asistí, 
Tenía ocho años, te prestaba atención 
y un día a Jesucristo acepté en mi corazón

Gracias por darme al Salvador, 
todo en mi vida cambió. 
Gracias por darme al salvador. 
Soy feliz en su amor

Luego otro hombre se acercó. 
Con emoción habló. 
Tiempo atrás un misionero tu iglesia visitó. 
Aunque no tenías mucho, tu ofrenda recibió. 
Usó Dios lo que diste y por eso aquí estoy

Se acercaron más, cada uno contó 
Como en sus vidas fuiste una bendición. 
Cosas que en la tierra nadie observó, 
La eternidad las manifestó. 

Se que en el cielo no se ha de llorar, 
Más en tus ojos pude lagrimas observar, 
Cuando Jesús llegó y tiernamente habló, 
hijo mira a todas partes fue grande tu labor.

Gracias por darme al Salvador, 
todo en mi vida cambió. 
Gracias por darme al salvador. 
Soy feliz en Su amor


[i] Fritz Reinecker & Cleon Rogers, The Linguistic Key to the Greek New Testament (Regency, 1976), p. 188

[ii] Adapted from Clinton E. Arnold, General Editor; Zondervan Illustrated Bible Backgrounds Commentary: Volume 1 (Zondervan, 2002), p. 449

[iii] Adapted from Rienecker, p. 188

[iv] Zondervan Illustrated Bible Backgrounds Commentary, p. 449

[v] Charles R. Swindoll, Insights on Luke (Zondervan, 2012), p. 391

[vi] Adapted from MacArthur, p. 147; Adapted from Dale Ralph Davis, Luke (Christian Focus, 2021), p. 40

[vii] R.C.H. Lenski, The Interpretation of St. Luke’s Gospel (Augsburg Publishing, 1946), p. 831

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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