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La última conversación de Dios con Jonás

Después del arrepentimiento de toda una ciudad, cualquiera esperaría un final triunfal para la historia de Jonás. Sin embargo, Dios aún tenía una conversación pendiente con Su profeta. A través de preguntas profundas y personales, deja al descubierto un corazón lleno de orgullo, enojo y prioridades equivocadas. Este estudio nos invita a mirar más allá del éxito visible para descubrir que Dios está mucho más interesado en transformar el corazón de Sus siervos que en convertirlos en héroes. Al mismo tiempo, veremos que el verdadero protagonista de esta historia siempre ha sido el Señor, quien obra con gracia y misericordia incluso a través de personas imperfectas.

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Introducción

Después de estudiar juntos este pequeño libro de Jonás, estoy convencido de algo: a Jonás le habría encantado que su historia terminara en el capítulo 3.

De hecho, si el libro de Jonás terminara allí, él habría pasado a la historia y sería recordado, hasta el día de hoy, como el evangelista y profeta más extraordinario que jamás haya existido.

En menos de cuarenta días de predicación, toda una nación se arrepintió y decidió seguir al Dios verdadero. Y no cualquier nación. Fueron los temidos ninivitas, conocidos en todo el mundo antiguo por su crueldad y su idolatría.

Aunque parezca increíble, desde el rey hasta el ciudadano más humilde, todos se arrepintieron, creyeron en Dios y se arrojaron sobre Su misericordia. ¡Era algo verdaderamente asombroso!

Si Jonás viviera en nuestros días y algo así ocurriera en algún país…

…ocuparía los titulares de los medios durante meses.

Todos buscarían su consejo sobre cualquier tema relacionado con el ministerio.

Evangelistas y pastores pagarían lo que fuera por conseguir los bosquejos de los sermones que predicó.

Los medios de comunicación, incluso los no cristianos, lo entrevistarían para descubrir cómo logró transformar toda una cultura mediante la predicación de la Palabra de Dios. Y, por cierto, ese sigue siendo el método que Dios usa para transformar y redimir una sociedad.

Comenzarían a hacerse reuniones evangelísticas por todas partes, tratando de imitar sus métodos. Afuera de las iglesias pondrían enormes letreros anunciando: “¡Avivamiento como el de Nínive… esta semana aquí!”

Las librerías cristianas se llenarían de libros con títulos como:

  • “Sermones efectivos para evangelistas efectivos.”
  • “Cómo predicar como Jonás… sin terminar dentro de un gran pez.”
  • “Estrategias para alcanzar a los inalcanzables.”
  • “Cómo ganar una ciudad para Cristo en cuarenta días… o menos.”

Y esos libros se venderían como pan caliente mientras Jonás recorre el mundo dando conferencias sobre cómo plantar iglesias donde antes había templos paganos.

Y eso no sería todo.

Lo invitarían a programas de televisión y radio para contar la historia detrás del gran avivamiento.

Las revistas publicarían reportajes exclusivos sobre sus reuniones privadas con el rey de Nínive y sus banquetes de Estado con la alta sociedad asiria.

Sin duda lo elegirían como el personaje del año y hasta le entregarían el Premio Nobel de la Paz.

En Samaria cambiarían el nombre de alguna avenida importante por “Bulevar del Profeta Jonás”.

Llegarían autobuses llenos de turistas a Gat-hefer, su ciudad natal, donde venderían pequeñas ballenas de recuerdo con un diminuto Jonás asomando por la boca.

También venderían trajes de baño estampados con la imagen de Jonás.

En Jope levantarían dos monumentos en su honor. Uno marcaría el lugar donde abordó el barco. El otro señalaría el sitio exacto donde aterrizó después de ser expulsado por el gran pez… incluso con un pequeño hoyo en el suelo para mostrar dónde cayó.

Y, por supuesto, las librerías cristianas tendrían figuras de cartón a tamaño real para que todos pudieran tomarse una fotografía junto al mejor profeta que jamás haya existido.

¡Imagínate todo eso!

Evidentemente… nada de eso ocurrió.

Y la razón es muy sencilla. Para desgracia de Jonás, este libro tiene un capítulo más.

Estoy seguro de que, desde su punto de vista, el libro de Jonás tiene un capítulo de más.

Pero así es Dios. Él decidió contarnos el resto de la historia. La parte que impediría que Jonás se convirtiera en una celebridad durante siglos.

La parte que lo mantiene en la categoría de un simple vaso de barro, un hombre sencillo al que Dios usó para su gloria a pesar de sí mismo.

Y eso es precisamente lo que Dios quiere que recordemos: que nuestra admiración no esté puesta en Jonás, sino en el Dios de Jonás.

La verdad es que la iglesia de hoy es demasiado rápida para convertir a los creyentes en celebridades. Tenemos demasiadas superestrellas… y muy pocos vasos de barro.

Y por esa razón, creo que este último capítulo es el más importante de todo el libro. Porque nos impide poner a Jonás en el centro de la historia.

Nos recuerda que el protagonista no es el profeta que predicó, sino el Dios que hizo maravillas a pesar de la mala disposición de su profeta.

En este capítulo encontramos la última conversación registrada entre Dios y Jonás. Una conversación breve, pero llena de preguntas que revelan lo que realmente había en el corazón del profeta.

Dios le hará tres preguntas a Jonás.

La primera tiene que ver con su perspectiva.

La segunda tiene que ver con sus prioridades.

Y la tercera tiene que ver con su pasión.

La perspectiva distorsionada de Jonás

Comencemos leyendo desde Jonás 3:10.

Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Jonás 3:10-4:1

Si nunca has leído la historia de Jonás, la reacción que tiene seguramente te sorprendió.

¿Te imaginas a un predicador predique por cuarenta días… y que toda la ciudad se convierta? ¡Todos! Y después se vaya para la casa enojado diciendo:

“¿Puedes creerlo? ¡Todos aceptaron el mensaje! ¡Nunca había estado tan molesto en mi vida!”

¿Te imaginas algo así? Claro que no.

Uno esperaría que Jonás empezara a alabar a Dios. Que dijera: “¡Gloria a Dios! ¡Toda esta gente encontró al Señor!”

Pero resulta que eso era exactamente lo que Jonás quería evitar desde el principio.

Mejor dejemos que Jonás lo explique. Mira lo que dice en el capítulo 4, versículo 2.

Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.

¿Captaste lo que acaba de decir?

En otras palabras, Jonás huyó de Nínive, no porque pensara que nadie le iba a hacer caso.

Todo lo contrario. Huyó porque tenía miedo de que todos le hicieran caso.

Así de simple. Jonás odiaba a los ninivitas, tanto como los ninivitas odiaban a los judíos.

Ellos eran el enemigo de Israel. Y Jonás era un patriota hasta los huesos. Estaba convencido de que Israel era el pueblo de Dios y, en la práctica, actuaba como si la gracia de Dios fuera exclusivamente para ellos.[i]

Me gustó cómo lo expresó Warren Wiersbe.

“Los amigos judíos de Jonás habrían querido ver destruidos a todos los asirios, no solamente a los habitantes de Nínive. Y cuando se enteraran de que Jonás había sido el instrumento que Dios usó para librar a Nínive de Su juicio, bien podrían haberlo considerado un traidor.”[ii]

Ahora entiendes por qué Jonás dice en el versículo 3:

Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.

¿Te das cuenta? Jonás prefería morirse antes que aceptar que Dios no hiciera las cosas como él quería.

Alguien lo resumió muy bien y dijo:

“Jonás hizo su mejor oración en el peor lugar: dentro del gran pez. Pero hizo su peor oración en el mejor lugar: en medio del gran avivamiento de Nínive. La primera nació de un corazón quebrantado; la segunda, de un corazón enojado.”[iii]

Y es ahí donde Dios le hace una pregunta. Una pregunta que nosotros también necesitamos escuchar.

Versículo 4.

Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?

Esta es una pregunta de perspectiva. Es como si Dios le dijera: “Jonás, los dos estamos mirando el mismo avivamiento. Yo estoy lleno de gozo. Todo el cielo está celebrando. Y tú estás cada vez más enojado. ¿Cómo puede ser?”

Piensa en esto. Jesús miró Jerusalén y lloró.

Pablo caminó por las calles de Atenas. Los historiadores decían que había más estatuas de dioses que personas. ¿Y cuál fue su reacción?

Le dolió el alma por esa gente.

Pero Jonás miró Nínive y se enojó porque Dios había tenido misericordia.

Es como si Dios le dijera: “Jonás, estamos viendo exactamente la misma escena. Pero tú la estás viendo de una manera, y Yo de otra. ¿Cuál de las dos perspectivas te parece que tiene sentido?”

Ahora fíjate en algo muy interesante.

¿Escuchaste toda la excelente teología que Jonás acaba de expresar?

“Señor, yo sé que Tú eres clemente. Sé que eres compasivo. Paciente. Misericordioso.”

Jonás sabía todas las respuestas correctas. Pero esa verdad nunca bajó de su cabeza a su corazón.

No cambió su perspectiva. No cambió sus emociones. Y, sobre todo, no cambió su manera de vivir.[iv]

Jonás conocía la verdad. Lo que no quería era que esa verdad gobernara su vida. Podía repetir la doctrina correcta. Simplemente no quería obedecerla.

Déjame hacerte una pregunta.

¿Te imaginas que alguien venga a Cristo y, por dentro, tú pienses: “¡Ay, no… él no! Ojalá que no dure mucho.”

Suena absurdo, ¿verdad?

Pues eso es exactamente lo que le está pasando a Jonás.

Mira el versículo 5.

Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de la ciudad; y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad.

¿Acaso no había dónde quedarse en Nínive?

Claro que sí. Hasta podría haberse quedado en el palacio del rey.[v]

Pero Jonás no quería estar cerca de los ninivitas. Ni siquiera de los que ahora habían creído. No eran “de los suyos”.

Aunque hay algo más. No era solamente prejuicio. También era por protección.

Jonás se quedó lo suficientemente lejos para que, si finalmente caía el juicio de Dios, a él no lo alcanzara.

Recuerda que la palabra que usó cuando predicó: “Nínive será destruida”, es la misma palabra que la Biblia usa para Sodoma y Gomorra.

Jonás estaba esperando algo parecido. Quería estar a una distancia segura. Y te digo algo más. No solamente pensaba que podía pasar. Estaba esperando que pasara.

Confiaba en que los ninivitas volverían a su idolatría y que, el día cuarenta y uno, Dios cumpliría Su palabra y reduciría la ciudad a cenizas.

Ahora fíjate en lo que Dios hace. Está preparando la siguiente pregunta. Y, por cierto, este profeta rebelde ahora se parece menos al hijo pródigo y mucho más al hermano mayor.

¿Recuerdas al hermano mayor de la parábola? Se enojó cuando su padre recibió con amor al hijo que había regresado. Bueno, esa es la actitud que tiene Jonás.

Mira el versículo 6.

Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar. Y Jonás se alegró en gran manera por la calabacera. (Jonás 4:6)

¿No es interesante? Es la primera vez, en todo el libro, que encontramos a Jonás realmente contento.[vi]

Pero observa lo que Dios hace después. Versículo 7.

Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó.

La palabra “gusano” se refiere a una larva que roe las raíces de las vides y otras plantas hasta secarlas. Y ese pequeño gusano estaba haciendo exactamente lo que Dios le había ordenado.

De hecho, hay algo muy interesante en este libro. Dios preparó un gran pez. Dios preparó una planta. Y ahora Dios prepara un gusano. ¿Y sabes qué tienen en común? Todos obedecen.

Todo en este libro obedece a Dios menos Jonás. La tormenta obedeció. El gran pez obedeció. La planta obedeció. El gusano obedeció. Los ninivitas obedecieron. Y ahora hasta el viento va a obedecer.

Mira el comienzo del versículo 8.

Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano…

Ahí aparece otra vez la misma palabra: preparó.

Este viento solano era un viento abrasador del desierto. Una tormenta de aire caliente y polvo que podía durar varios días.

Sigamos leyendo el versículo 8.

…y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida.

Jonás se desvaneció por el calor. Se desmayó. Y cuando volvió en sí, le dijo a Dios que quería morirse.

Entonces Dios le hizo una segunda pregunta.

¿Tanto te enojas por la calabacera?

Y escucha la respuesta de Jonás.

Mucho me enojo, hasta la muerte.

La primera pregunta de Dios dejó al descubierto una perspectiva completamente distorsionada. Ahora viene la segunda.

La prioridad equivocada de Jonás

La segunda pregunta de Dios, en el versículo 9, deja al descubierto otro problema. Una prioridad equivocada.

Dios le pregunta a Jonás:

¿Tanto te enojas por la calabacera?

La verdad, esta pregunta pone a prueba nuestras prioridades. Porque nuestras prioridades se revelan por dos cosas muy sencillas.

¿Qué cosas nos hacen felices? ¿Y qué cosas nos hacen enojar?

O, dicho de otra manera…

¿Qué cosas nos entusiasman? ¿Y qué cosas nos sacan de quicio?

La verdad es que todos los problemas de Jonás eran consecuencia de su propio egoísmo y de su enojo. 

Piénsalo. Jonás pudo haberse quedado en el palacio. A la sombra. Lejos del viento abrasador del desierto. Disfrutando de la hospitalidad de los asirios. 

Pero no. Jonás quería otra cosa. Quería que Dios borrara a los ninivitas de la faz de la tierra.

Es increíble. Jonás había predicado el mensaje que produjo un avivamiento nacional, pero el que necesitaba un avivamiento era él.

Mira el contraste. En el versículo 1 está enojado. En el versículo 6 está feliz.

¿Y por qué está enojado? Porque los pecadores se arrepintieron. ¿Y por qué está feliz? Porque creció una planta.[vii]

¿Ves el problema? Es un problema de prioridades.

Y eso también nos pasa a nosotros. Lo que nos hace felices y lo que nos hace enojar dice mucho más acerca de nuestras prioridades de lo que nos gustaría admitir.

Tal vez estés pensando:

“No puedo creer que Jonás se haya preocupado más por una planta que por toda una ciudad.”

¿En serio? No tan rápido.

¿No hacemos nosotros algo parecido?

Déjame hacerte una pregunta. ¿Cuánto tiempo dedicas cuidando tu jardín? ¿y cuánto tiempo dedicas a compartir el evangelio?

¿Cuánto esfuerzo invertimos en hacer más cómoda nuestra vida, y cuánto esfuerzo invertimos en alcanzar a quienes todavía no conocen a Cristo?

En el fondo, la pregunta es esta: ¿Qué es lo que realmente nos importa? ¿Cuáles son nuestras verdaderas prioridades?

Hace poco escuché una entrevista. El periodista comentaba que, según varias encuestas, muchas personas que dicen estar en contra del aborto terminan votando por candidatos que apoyan el aborto incluso hasta el momento del nacimiento.

¿Y por qué ocurre eso? Él dijo algo que me llamó mucho la atención.

“Porque, al parecer, aunque esas personas dicen preocuparse por el aborto, les preocupa todavía más su situación económica.”

Mira, nuestras decisiones terminan revelando cuáles son nuestras verdaderas prioridades.

Jonás estaba más preocupado por su propia comodidad que por la vida de miles de personas. La verdad es que encajaría bastante bien en la cultura de nuestros días.

Ahora mira cómo responde Dios. Versículos 10 y 11.

Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?

La primera pregunta dejó al descubierto una perspectiva distorsionada.

La segunda dejó al descubierto una prioridad equivocada.

Ahora llegamos a la tercera y última pregunta.

Una pasión desviada

La tercera y última pregunta aparece en el versículo 11.

Dios le dice a Jonás:

¿Y no tendré yo piedad de Nínive…?

En otras palabras: “Jonás, ¿no debería sentir compasión por ellos? ¿No debería moverme a misericordia en favor de esa gente?”

Jonás tenía que aprender a distinguir entre lo que es temporal y lo que es eterno.

La verdad es que todo lo que existe en este mundo va a desaparecer. Lo único que permanece para siempre es la gloria de Dios… y la vida de las personas.[viii]

Ahora fíjate en algo que Dios le recuerda a Jonás acerca de los ninivitas. Versículo 11.

…más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda…

Algunos estudiosos piensan que Dios está hablando de niños pequeños que todavía no distinguen la derecha de la izquierda.

Es posible.

Si esa interpretación es correcta, Dios estaría diciendo que Su juicio alcanzaría a ciento veinte mil niños.

Sin embargo, creo que hay una mejor explicación.

Pienso que Dios se está refiriendo a todos los habitantes que vivían dentro de la ciudad, sin contar los que estaban en los alrededores, donde vivían otras 500.000 personas.

Es como si Dios le dijera: “Jonás, esta gente está completamente confundida. La idolatría los ha cegado. No distinguen la mano derecha de la izquierda.”

¿A qué se refiere Dios?

En la Biblia, muchas veces la mano derecha representa el favor de Dios, lo correcto y lo honorable. Mientras que la izquierda suele representar juicio, ruina o ceguera espiritual.

Por ejemplo, Jesús dijo que un día pondrá a Sus ovejas a Su derecha y a los cabritos a Su izquierda. (Mateo 25:33)

También leemos que Cristo está sentado a la diestra de Dios. (Marcos 16:19)

Y Pablo habla de dar la mano derecha en señal de compañerismo. (Gálatas 2:9)

En el Salmo 73, el salmista dice: Me tomaste de mi mano derecha.

Una y otra vez, la mano derecha representa aquello que agrada a Dios. Lo bueno y efectivo.

La izquierda, en cambio, representa el camino del error. Vivir en pecado y el juicio que eso conlleva.

Así que Dios, en esencia, le está diciendo a Jonás:

“Esta gente está completamente perdida. No sabe distinguir entre lo bueno y lo malo. No tiene una brújula moral. Anda haciendo lo que le parece correcto pero vive totalmente confundida.”

Salomón expresó esa misma idea en Eclesiastés 10:2.

El corazón del sabio está a su mano derecha, mas el corazón del necio a su mano izquierda.

Entonces, Dios le está preguntando a Jonás:

“¿No habría de tener compasión de toda esta gente que esta perdida?

Y el libro termina ahí.

Nunca leemos la respuesta de Jonás.

A mí me gusta pensar que respondió bien.

Que recogió sus cosas, regresó a Nínive, y comenzó a discipular a todos esos nuevos creyentes.

De hecho, parece que hay indicios de que algo así ocurrió.

Durante siglos, la región cercana a lo que hoy conocemos como la ciudad de Mosul recibió el nombre de el Monte de Jonás. Y todavía hoy, algunos cristianos asirios que viven en esa región, donde estuvo la antigua Nínive, relacionan el origen de su fe con la predicación de Jonás a sus antepasados.

Hasta el día de hoy agradecen que, finalmente, Jonás obedeciera a Dios y les anunciara el mensaje de salvación.

Conclusión

Antes de terminar nuestro estudio, quiero que miremos por un momento a Alguien que es mucho más grande que Jonás.

En Mateo 12:41, el Señor Jesús dijo:

Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.

Jesús es mucho más grande que Jonás.

Los ninivitas se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás. Pero Jerusalén no quiso arrepentirse al escuchar la predicación de Jesús, que era infinitamente superior a Jonás.

¿En qué sentido Jesús es mayor que Jonás?

Los dos eran judíos. Los dos fueron profetas.

Pero:

  • Jonás era solamente un hombre; pero Jesús es Dios hecho hombre. (Juan 1)
  • Jonás anunció un mensaje de juicio; Jesús anunció un mensaje de arrepentimiento y salvación. (Juan 3)
  • Jonás estuvo a punto de morir por causa de su propio pecado; Jesús entregó voluntariamente Su vida por los pecados del mundo. (1 Juan 2)
  • El ministerio de Jonás estuvo dirigido a una sola ciudad; El mensaje de Jesucristo llegará a todo el mundo. (Apocalipsis 19) 
  • La obediencia de Jonás nunca brotó realmente de su corazón; Jesús siempre hizo lo que agradaba a Su Padre. (Juan 8)
  • Jonás no amaba a las personas que había ido a rescatar; Jesús tuvo compasión de los perdidos y vino a buscarlos y a salvarlos. (Lucas 19)
  • Jonás esperó fuera de la ciudad, deseando que Dios no perdonara a quienes odiaban a los judíos; Jesús murió en una cruz, fuera de la ciudad, pidiéndole a Su Padre que perdonara a quienes lo estaban crucificando. (Lucas 23)[ix]

Y podría seguir mencionando muchísimas diferencias más. Jesús es mucho más grande que Jonás.

Eso nos da aún más razones para seguirlo y obedecerlo.

Ahora bien, este libro termina con una pregunta para Jonás. En realidad, con varias preguntas. Preguntas sobre su perspectiva. Sobre sus prioridades. Y sobre su pasión.

Nosotros no podemos responder por Jonás. Pero sí podemos responder por nosotros mismos.

Así que demos la respuesta correcta. Obedezcamos a Dios como lo hicieron el viento, las olas, el gran pez, la planta, el gusano, y hasta los ninivitas.

Digámosle:

“Señor, aquí estoy. Úsame. Moldea mi vida. Envíame donde Tú quieras. No quiero ser un hijo pródigo. Pero tampoco quiero parecerme al hermano mayor, que se enojó porque el pródigo había regresado. Señor, si logro obedecerte, aunque sea como ese pequeño gusano… será suficiente para mí.”

Y ahora que terminamos este pequeño libro sobre un profeta rebelde, recordemos quién es el verdadero protagonista de la historia.

No es Jonás. Y tampoco somos tú o yo. Nadie necesita el autógrafo de Jonás. Ni una fotografía con él.

El verdadero héroe de esta historia es nuestro Dios.

Un Dios clemente. Compasivo. Paciente. Lleno de amor. Y rico en misericordia.

A Él sea toda la alabanza, toda la honra y toda la gloria por los siglos de los siglos.

Amén.


[i] William L. Banks, Jonah: The Reluctant Prophet (Moody Press, 1966), p. 105.

[ii] Warren W. Wiersbe, Be Amazed (Victor Books, 1996), p. 88.

[iii] Ibid., p. 89.

[iv] Howard Hendrix, “Jonah: The Pouting Prophet,” p. 1, http://discipleshiplibrary.com.

[v] James Montgomery Boice, The Minor Prophets (Baker, 1983), p. 308.

[vi] Ibid., p. 308.

[vii] Hendricks, p. 2.

[viii] Hendricks, p. 3.

[ix] Wiersbe, p. 93.

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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