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La noche que arrestaron al Hijo de Dios

La noche que arrestaron a Jesús parecía una victoria para las tinieblas. Judas llega con una multitud armada. Los líderes religiosos finalmente ponen en marcha su plan. Pedro intenta resistir con la espada. Todo parece estar fuera de control. Pero la realidad es muy diferente.

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Introducción

H.G. Wells fue uno de los autores más exitosos de finales del siglo XIX y principios del XX. Varias de sus obras llegaron a la pantalla grande, entre ellas La máquina del tiempo, El hombre invisible y La guerra de los mundos.

Sin embargo, al final de su vida, Wells era agnóstico, si no ateo. De hecho, sostenía que la religión —o la fe— se derrumba cuando enfrenta la calamidad.

En cierta ocasión describió su concepto de Dios de esta manera:

«El mundo es como una gran obra de teatro dirigida y administrada por Dios. Cuando se levanta el telón, el escenario es perfecto, un deleite para la vista. Los personajes lucen espléndidos. Todo marcha bien hasta que el protagonista pisa el borde del vestido de una actriz, ella tropieza con una silla, la silla derriba una lámpara, la lámpara empuja una mesa contra la pared, el decorado se viene abajo y todo termina cayendo sobre la cabeza de los actores. Mientras tanto, Dios corre de un lado a otro, dando órdenes, tirando de cuerdas y tratando de poner orden en medio del caos. Pero, pobre Dios, no lo logra».

Wells concluye diciendo que, si Dios existe, debe ser pequeño y limitado, incapaz de controlar el caos del mundo.[i]

Hoy vamos a entrar en una de las escenas más caóticas del Nuevo Testamento. Una reunión de oración está a punto de pasar de la paz al pandemonio.

Nos encontramos en Lucas capítulo 22. Hace apenas unos momentos, el Señor había derramado Su corazón en oración, luchando en agonía y sometiéndose por completo a la voluntad de Su Padre. Y ahora, ya puede escuchar los pasos de una multitud que sube por el monte de los Olivos rumbo al huerto de Getsemaní. 

Retomemos nuestro estudio en el versículo 47:

Todavía estaba él hablando, cuando se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos.(Lucas 22:47)

Ha llegado el momento que Jesús había anunciado repetidamente. Uno de los doce está a punto de entregarlo.

Nuestro Señor está por enfrentar los momentos más difíciles que cualquier ser humano haya experimentado jamás.

Está a punto de beber la copa que fue determinada por el plan soberano de Dios antes de la fundación del mundo.

Como mencioné en el estudio anterior, cuando un equipo deportivo gana un campeonato, suele recibir una copa como trofeo. Está la Copa Mundial de la FIFA, la Copa América, la Copa Davis en tenis, o la Copa Stanley en hockey.

Esas copas representan la victoria sobre todos los rivales. De manera similar, Jesús se refiere a estos acontecimientos —incluyendo el caos que está por desatarse en el huerto— como parte de la copa que debe beber y finalmente vencer.

Lucas nos dice que una multitud ha llegado.

El evangelio de Marcos aclara que esta multitud fue enviada por los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos. Pero Lucas añade un detalle interesante. Observa lo que dice el versículo 52:

Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él…(Lucas 22:52)

En otras palabras, ellos mismos están presentes. Todos participan en esta conspiración.

Han decidido arrestar al Señor en plena noche y deshacerse de Él lo antes posible.

Al parecer se han preparado para cualquier situación excepto la que está a punto de suceder.

La reacción esperada 

Ellos esperaban una de dos reacciones… o quizá ambas.

En primer lugar: 

Ellos esperaban algún tipo de engaño.

Mateo nos informa que llegaron con antorchas y linternas.

  • Quizás pensaban que Jesús intentaría esconderse.
  • Quizás imaginaban que se negaría a identificarse.
  • Tal vez creían que alguno de los discípulos diría: «Llévenme a mí; yo soy Jesús», para proteger a su Maestro.

No lo sabemos con certeza, pero evidentemente esperaban alguna clase de confusión o engaño, porque la segunda parte del versículo 47 nos dice que:

Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos. Y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? (Lucas 22:47-48)

El plan consistía en que Judas identificara a Jesús de manera inequívoca por medio de un beso.

En aquella cultura, el beso era una forma común de saludo. Podía ser un beso en una mejilla o en ambas mejillas, como todavía ocurre en varios de nuestros países en América Latina.

Durante el primer siglo, también se solía dar un beso en la mano o en las mejillas como una expresión de amistad y afecto. De hecho, para la época de Cristo, algunas prácticas religiosas paganas habían incorporado esta costumbre. Las personas pasaban frente a sus templos o a las estatuas de sus dioses favoritos y les lanzaban besos como una señal de devoción, esperando recibir algún favor a cambio.[ii]

Generalmente, el beso sigue siendo una forma tradicional de saludo entre los creyentes. En ciertas regiones de Rusia, por ejemplo, toman muy en serio la exhortación de saludarse unos a otros con ósculo santo.

Uno de nuestros misioneros me invitó una vez a visitar algunas zonas rurales de Rusia donde la iglesia estaba creciendo de manera extraordinaria. Pero me advirtió que debía prepararme para una costumbre local. Me dijo: aquí te van a saludar con un beso en la boca.

Le pregunté:

—¿Los hombres saludan a las mujeres con un beso en la boca?

—No. Los hombres se saludan con un beso en la boca. Es costumbre. Un besito rápido en los labios. Además, todos tienen barbas grandes; ni lo notarás.

Nunca fui a Rusia.

Y no fue por eso… o al menos eso digo.

Es interesante que Lucas menciona rápidamente el beso de Judas, pero Mateo y Marcos utilizan un verbo que podría traducirse como «cubrir de besos» o «besar repetidamente».[iii]

En ese caso, Judas no le dio simplemente un típico beso de saludo. Estaba montando una repugnante demostración de afecto fingido.

¿Has pensado alguna vez en lo que está ocurriendo detrás de esta escena en el huerto de Getsemaní?

Aquí está la serpiente abrazando al Salvador.

Aquí está el traidor, impulsado por Satanás, besando al Todopoderoso.

Y Jesús lo sabe perfectamente.

Tal vez te preguntes por qué Jesús no lo fulmina en ese mismo instante. ¿Cómo se atreve Judas a besar al Señor como si lo amara, cuando ya lo ha vendido por el precio de un esclavo?

La traición siempre duele.

Pero cuando viene acompañada de un beso; cuando proviene de alguien que afirma amarte, alguien que debería cuidarte, alguien que asegura buscar tu bien, esa traición resulta especialmente devastadora.

Quizás tú mismo estés experimentando algo parecido.

  • Tal vez un cónyuge que decía amarte te engañó.
  • Tal vez un hijo adulto te ha quitado de su vida para vivir como quiere, sin sentirse culpable.
  • Tal vez un compañero de trabajo que parecía apoyarte en realidad estaba buscando ocupar tu puesto.

En momentos así, es fácil sentir que tienes derecho a guardar resentimiento, alimentar el odio o incluso soñar con vengarte.

Pero observa la respuesta de Jesús.

Mateo nos dice que Él respondió:

Amigo, haz lo que viniste a hacer. (Mateo 26:50) 

El pastor Kent Hughes escribe en su comentario sobre este pasaje:

Aunque Judas era un instrumento de Satanás, seguía siendo un alma perdida, y Jesús siempre se preocupó por las almas perdidas. Aquello fue un llamado, una última invitación para Judas antes de que fuera demasiado tarde.[iv]

Piénsalo bien. Jesús no solo enseñó: «Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen». Él vivió esas palabras.

Practicó todo lo que predicó.

Ahora imagina la escena.

Una multitud acaba de irrumpir en el huerto. La tensión emocional es enorme. El ambiente está cargado de incertidumbre y caos.

Sin embargo, el Hijo de Dios no está entrando en pánico.

No está corriendo de un lado a otro por el escenario de la historia tratando desesperadamente de evitar que todo se derrumbe.

Observa al Hijo de Dios en medio del caos.

Está completamente sereno.

Está absolutamente en control.

Y eso nos lleva a una segunda observación.

Esta multitud no solo llegó al huerto de Getsemaní esperando algún tipo de engaño.

En segundo lugar:

Ellos esperaban encontrar resistencia.

Mateo nos dice que Judas llegó:

y con él mucha gente con espadas y palos… (Mateo 26:47).

Y Juan añade:

«Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas y con armas.» (Juan 18:3)

Esa «compañía» era una unidad militar que podía contar con hasta seiscientos soldados armados.

Además, estaban presentes los alguaciles del templo, una especie de fuerza policial bajo la autoridad del Sanedrín, encargada de mantener el orden y ejecutar las decisiones de la máxima corte religiosa de Israel.

Juan da a entender que llegaron por centenares, quizá acercándose al millar de hombres.

¿Por qué enviar prácticamente un ejército para arrestar a un carpintero?

Porque los soldados romanos venían preparados para enfrentar al líder de una rebelión.

Los líderes religiosos necesitaban la ayuda de Roma para eliminar a Jesús. No tenían autoridad para sentenciar a alguien a muerte. Pero, Roma no intervenía en disputas teológicas. Así que presentaron a Jesús en términos políticos. Él afirmaba ser el Mesías, el Rey de Israel, y ellos utilizaron esa afirmación para retratarlo como una amenaza al César.

Los romanos ya estaban acostumbrados a sofocar movimientos de sedición en Judea. Cada vez que alguien intentaba desafiar su autoridad, respondían con rapidez y contundencia. De modo que llegaron al huerto preparados para enfrentar a un posible agitador político y a sus seguidores.

Pero también estaba la perspectiva del Sanedrín.

Ellos sabían que no estaban tratando con un hombre común. Habían visto Sus milagros. Habían escuchado Su enseñanza. Habían sido testigos de Su extraordinaria autoridad sobre las multitudes. Quizá pensaban que haría algo sobrenatural o que Sus discípulos intentarían defenderlo.

Estaban preparados para cualquier cosa.

Pero no estaban preparados para lo que estaba a punto de suceder.

Juan nos cuenta lo que ocurrió inmediatamente después del beso de Judas.

Lejos de esconderse o actuar con temor, Jesús dio un paso al frente.

Leemos:

«Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy… Y cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.» (Juan 18:4-6)

¡Imagínate esa escena!

Todos cayeron al suelo.

En el idioma original, Jesús simplemente dijo: «Ego eimi».

«Yo soy».

Es la misma expresión que Dios utilizó cuando reveló Su nombre a Moisés junto a la zarza ardiente.

«Yo Soy el que Soy».

«Ve y diles que YO SOY te ha enviado».

Yahvé.

Jehová.

El nombre que en el Antiguo Testamento suele traducirse como «el SEÑOR».

¿Te das cuenta de lo que está ocurriendo?

Aquel que habló con Moisés desde la zarza ardiente ahora está de pie en el huerto de Getsemaní.

«Yo soy».

Y con una sola declaración de Su naturaleza divina, todos aquellos hombres cayeron al suelo como fichas de dominó.

Es como si Jesús hubiera corrido por un instante el velo que ocultaba Su gloria divina.

Y ellos hicieron lo mismo que hará toda la humanidad un día delante de Dios:

postrarse ante Él.

No te equivoques.

Jesús, el Hijo de Dios, es quien está dirigiendo esta escena.

Ellos no lo están arrestando a Él; Él los tiene completamente bajo Su autoridad.

Nadie le está quitando la vida; Él está a punto de entregarla voluntariamente.

En el huerto del Edén, el primer Adán desobedeció la voluntad de Dios.

En el huerto de Getsemaní, el segundo Adán se sometió a la voluntad de Dios.

En el huerto del Edén, el primer Adán corrió a esconder su humanidad pecadora.

En el huerto de Getsemaní, el segundo Adán dio un paso al frente y declaró Su deidad.

Lo que está ocurriendo aquí no es, en última instancia, la decisión del Sanedrín, de los líderes religiosos, de la nación de Israel ni del emperador de Roma.

Esta es la decisión de Jehová.

Del gran YO SOY.

Jesús no es una víctima de las circunstancias. Él es un sacrificio voluntario.

Ahora bien, parece que Pedro no recibió el mensaje.

Mientras Jesús da un paso al frente para entregarse, Pedro está listo para declarar la guerra.

Lucas nos cuenta lo que sucede a continuación en los versículos 49 y 50:

«Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.» Lucas 22:49-50

Juan es el único evangelista que nos revela el nombre de aquel siervo. Se llamaba Malco. Juan lo conocía personalmente. De hecho, en Juan 18:15 leemos que él conocía al sumo sacerdote y su círculo cercano, probablemente porque era pariente de Zacarías, el sacerdote y su esposa Elizabet, los padres de Juan el Bautista.[v]

Así que Juan nos dice que Malco fue el hombre que perdió la oreja derecha, y que Pedro fue el responsable.

Me imagino que, años después, Pedro le habrá dicho a Juan:

—Gracias por incluir esos detalles.

Pero hay que reconocer algo.

Pedro está dispuesto a enfrentarse prácticamente solo a centenares de hombres armados.

Merece una medalla de valor.

El problema es que no habría vivido lo suficiente para recibirla. Afortunadamente para Malco, Pedro era pescador y no un guerrero profesional.

Porque obviamente él no estaba apuntando a la oreja.

Ahora imagina la escena. Malco está gritando de dolor. Su oreja cortada está en el suelo. La sangre corre por un lado de su rostro. Los soldados ya tienen las espadas desenvainadas. Y en cuestión de segundos, el huerto se convierte en un caos total.

Todo ocurre tan rápido que uno podría pensar, como Wells, que Dios está corriendo de un lado a otro tratando desesperadamente de recuperar el control de la situación.

¿Y ahora qué?

Mateo registra la respuesta de Jesús:

«Vuelve tu espada a su lugar… ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?» (Mateo 26:52-53)

Una legión romana estaba compuesta por unos seis mil soldados. En otras palabras, Jesús está diciendo que, con una sola petición al Padre, podría recibir más de setenta mil ángeles para intervenir de inmediato.[vi]

Si el Señor quisiera resistirse al arresto, este ejercito romano no tendría la menor posibilidad.

Pero nunca fue su plan resistirse o evitar que lo arrestaran.

Lucas simplemente registra estas palabras de Jesús en el versículo 51:

«Basta ya; dejad.»

Y entonces ocurrió algo extraordinario.

«Y tocando su oreja, le sanó.»

Este es el último milagro registrado de Jesús antes de que vaya a la cruz.

Y no pases por alto un detalle.

Él hizo este milagro para ayudar a uno de Sus enemigos.

Tampoco pases por alto la naturaleza del milagro.

Los cuatro evangelios coinciden en que la espada de Pedro le cortó la oreja a Malco.

Pero solo Lucas menciona la sanidad.

Parece que el médico del grupo era el único que estaba prestando atención al paciente.

Ahora observa cuidadosamente lo que sucede.

Lucas no dice que Jesús recogió la oreja del suelo y volvió a colocarla.

Dice simplemente que “tocó su oreja” o podrías traducirlo también, “tocó el lugar donde estaría su oreja, y le sanó”

Es decir, Jesús no realizó una cirugía de emergencia. Realizó un acto de creación.

No volvió a unir una oreja cortada. Creó una nueva. Instantáneamente. Perfectamente. El dolor desapareció. La hemorragia se detuvo. Y donde antes había una herida abierta, ahora había una oreja completamente sana.

La otra probablemente seguía tirada en el suelo.

Esto no fue una simple reparación. Fue una recreación milagrosa.

Y esto tampoco fue un detalle casual. Momentos antes, Jesús había declarado ser el gran «YO SOY».

Yahvé.

Jehová.

El Dios eterno hecho hombre.

Los judíos entendían perfectamente que solo Dios tiene el poder de crear algo de la nada.

Así que, en cierto sentido, Jesús está demostrando exactamente quién es.

Es como si dijera:

—¿Quieren una prueba?

Y con un toque crea una nueva oreja donde antes no había nada.

Muchos creen que Juan menciona el nombre de Malco por una razón especial.

Según algunos testimonios de la iglesia primitiva, aquel hombre terminó convirtiéndose en seguidor de Cristo.[vii]

Y, francamente, eso no sería difícil de creer.

Después de todo, ¿cómo olvidar la noche en que llegaste para arrestar a Jesús… y terminaste regresando a casa con una oreja nueva?

Una vez más, observemos el corazón de Jesús. Un corazón que debemos imitar.

Él tenía la capacidad de ver a un enemigo como un posible discípulo.

Y ahora, después de sanar a Malco, dirige una última advertencia a los líderes religiosos. Les está ofreciendo una última oportunidad para reflexionar, una última invitación al arrepentimiento.

Leemos en los versículos 52 y 53:

«Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.»

¿Notaste esa expresión?

“Esta es vuestra hora.”

Jesús está diciendo: “Esta es la hora en que las tinieblas parecen triunfar. Esta es la hora en que el infierno hará todo lo que puede hacer. Esta es la hora en que el mal parecerá ganar la batalla.”

Pero solo parecerá por el momento.

Así como la copa representaba sufrimiento, pero también victoria, esta hora de oscuridad terminará convirtiéndose en la hora del cumplimiento del plan de Dios.

Conclusión

Quiero dejarte una observación basada en esta escena:

La oscuridad que te rodea y las pruebas que enfrentas tienen un tiempo límite establecido por Dios.

A la luz de la eternidad, no son más que una hora.

Puede que ahora todo parezca oscuro. Pero no será así para siempre. Puede parecer que Satanás está ganando. Pero su tiempo es limitado. No puede tener ni un segundo más de lo que Dios le permite.

Comparado con la eternidad, apenas tiene una hora.

Cuando vemos la vida desde la perspectiva del cielo, el sufrimiento adquiere otra dimensión.

Por eso el apóstol Pablo, después de haber sido golpeado, apedreado, encarcelado, abandonado y finalmente condenado a muerte, pudo escribir:

«Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.» (2 Corintios 4:17)

Y también escribió:

«Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.» (Romanos 8:18)

Solo espera hasta que llegue esa hora.

Pedro aprendió la misma lección.

Él escribió:

«Ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas.» (1 Pedro 1:6)

Por un poco de tiempo.

Y Pedro sabía de lo que hablaba. Décadas después sería ejecutado por su fe. Había aprendido a comparar lo que estaba ocurriendo hoy con lo que ocurrirá aquel día.

Jesús no está abrumado en el huerto de Getsemaní.

  • Está en control absoluto de los actores.
  • Está en control del escenario.
  • Está en control de la trama.
  • Y, sobre todo, está en control del desenlace.

Por eso puedes confiar en Él hoy. Una hora a la vez.

Demostremos con nuestra manera de vivir que la fe no tiene que derrumbarse frente a la calamidad. Porque, como hemos visto aquí en Getsemaní, en medio del caos, del sufrimiento y de la oscuridad, Jesucristo, el gran YO SOY, sigue teniendo el control absoluto de todo.


[i] Adapted from R. Kent Hughes, Luke Volume 2 (Crossway, 1998), p. 334

[ii] Gerhard Friedrich, Theological Dictionary of the New Testament: Volume VI (Eerdmans, 1968), p. 758

[iii] R.C.H. Lenski, The Interpretation of St. Luke’s Gospel (Augsburg Publishing House), p. 1946, p. 1079

[iv] Adapted from Hughes, p. 341

[v] Lenski, p. 1082

[vi] Warren W. Wiersbe, Be Courageous (Victor Books, 1989), p. 122

[vii] Hughes, p. 343

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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