Introducción
A lo largo de la historia, las personas han sentido una profunda curiosidad por el futuro, y en particular, por fin del mundo. ¿Qué va a pasar? ¿Cómo será? ¿Cuándo ocurrirá?
En los días de Jesús no era diferente. Los fariseos se acercan una vez más a Jesús para hacerle unas preguntas en cuanto al fin de los tiempos. Pero no lo hacen para aprender, sino para ponerlo a prueba. Le hablan con un tono cargado de arrogancia, con un claro aire de superioridad.
Y la respuesta de Jesús es más ni menos que una descripción sorprendente de cómo será la vida en la tierra antes de que llegue el juicio; cómo será el mundo justo antes de Su regreso para establecer Su reino. Cuáles son las señales de que el juicio final se aproxima.
La descripción del Señor acerca de esos días se encuentra en el Evangelio de Lucas, capítulo 17, justo donde concluimos nuestra última lección. Llegamos ahora al versículo 20:
“Preguntado por los fariseos cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.” Lucas 17:20–21
Los fariseos ya estaban convencidos de que Jesús no era su Mesías. El pueblo judío había seguido a varios falsos mesías últimamente, lo que también había endurecido su escepticismo.
Ellos asumían que el Mesías lideraría una revolución, aplastaría al Imperio Romano y restauraría la gloria nacional de Israel.
Estaban equivocados… y completamente fuera de tiempo. De hecho, por unos dos mil años. El Mesías sería crucificado en Su primera venida; y luego, en sería coronado en su Segunda venida.
Observa lo que Jesús dice más adelante, en el versículo 25:
“Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.” Lucas 17:25
Pero los fariseos están exigiendo evidencia milagrosa:
Muéstranos pruebas de que estás por establecer el reino. Si realmente eres el Rey, ¿no es hora de que veamos evidencia? ¡Al menos haz otro milagro!
Jesús responde —volviendo al versículo 21:
El reino de Dios está entre ustedes.
En otras palabras: No van a ver el reino… porque están rechazando al Rey que está en medio de ustedes en este mismo momento. No necesitan otro milagro; necesitan confiar en mí como su Mesías.
Y aquí el Señor hace una pausa. Se detiene para hablar directamente con Sus discípulos. Cambia el enfoque. De responder a los fariseos, pasa a preparar a los suyos. Les da una enseñanza más personal sobre cómo será la vida para aquellos que esperan Su reino. Cuáles son las señales que pueden esperar antes de su venida en juicio.
Y entonces les dice, aquí en el versículo 22:
Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.” Lucas 17:22–24
¿A qué “día” se está refiriendo Jesús?
Se refiere al día en que Él regresará a la tierra para establecer Su reino.
Observa el versículo 30, donde Jesús añade:
“Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.” Lucas 17:30
Ahora, junta estas dos declaraciones. En el versículo 24 dice:
“Así será el Hijo del Hombre en su día.”
Y en el versículo 30:
“Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.”
Desde el versículo 24 hasta el versículo 30 —y en realidad hasta el final del capítulo— Jesús está describiendo cómo será la vida en la tierra antes de que caiga el juicio… y antes de que establezca Su reino.
Es como si levantara el velo por un momento y nos permitiera ver el ambiente espiritual, moral y social del mundo justo antes de Su regreso.
Permíteme poner esto dentro de un marco más amplio. No sabemos el día ni la hora de dos eventos clave: ni del arrebatamiento de la iglesia, ni del regreso de Cristo al final de la tribulación, cuando Él volverá a la tierra, hará guerra contra el anticristo, destruirá al mundo incrédulo y establecerá Su reino.
Dios, en Su sabiduría, no nos dio un calendario exacto… pero sí nos dio un panorama general.
Sin embargo, sí tenemos un bosquejo general de estos grandes momentos —estos grandes períodos— en la historia bíblica. Estamos viviendo en los días previos al arrebatamiento de la iglesia.
Así como Noé y Lot fueron rescatados de la ira de Dios, —como veremos en un momento— de la misma manera Dios ha prometido liberar a la iglesia de la tribulación: ese período de siete años en el que la ira de Dios será derramada sobre la humanidad.
El arrebatamiento de la iglesia dará inicio a ese período de siete años de tribulación. De hecho, la tribulación no tiene como propósito a la iglesia, sino comenzar a reagrupar a Israel, mientras Dios cumple Su promesa de restaurar a la nación, llevarla al arrepentimiento y establecerla en Su reino venidero.
Diferencias entre el arrebatamiento y la segunda venida de Cristo
Estos dos eventos —el arrebatamiento y el regreso de Cristo— son distintos en las Escrituras.
Permíteme darte algunas diferencias entre ambos.
El arrebatamiento ocurre, como escribe Pablo, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52).
En otras palabras, será invisible para el mundo. Lo único que el mundo experimentará serán las consecuencias: millones de creyentes desapareciendo de repente.
Pero el regreso de Cristo a la tierra, después de la tribulación, será completamente visible para todos. El Señor descenderá con Sus redimidos, enfrentará al anticristo y luego establecerá Su reino.
Aquí tienes otra diferencia: el arrebatamiento es un evento privado, mientras que el regreso de Cristo es público. De hecho, el profeta Zacarías nos dice que todo Israel hará lamentación al verlo descender, al que traspasaron (Zacarías 12:10).
Y una más: el arrebatamiento será mal interpretado por el mundo, pero la segunda venida será inconfundible.[i]
El arrebatamiento será uno de los eventos más mal interpretados en toda la historia de la humanidad. De hecho, no se nos dice exactamente cómo el mundo explicará la desaparición de millones de personas, pero sí sabemos algo: el mundo no se arrepentirá ni seguirá a Cristo. Es más, todo parece indicar que simplemente seguirá adelante. Y eso, francamente, resulta desconcertante.
Si ocurriera hoy, puedo imaginar al mundo convencido de que se trató de una desaparición masiva causada por extraterrestres… y aun así, la vida continuaría como si nada.
Aquí hay otra diferencia entre el arrebatamiento y el regreso de Cristo a la tierra: en el arrebatamiento, Jesús desciende hasta las nubes y lleva a Su iglesia a la casa del Padre (1 Tesalonicenses 4); pero al final de la tribulación, Jesús desciende completamente hasta la tierra.
Así que, en el arrebatamiento, Jesús viene por Sus seguidores; pero cuando regresa después, viene con Sus seguidores (Apocalipsis 19:14).
Otra diferencia: en el arrebatamiento no habrá tiempo para reaccionar. Ningún creyente tendrá tiempo de entrar corriendo a su casa a buscar algo —ni siquiera lo más valioso— porque nada de eso importará.
Pero en la segunda venida, sí habrá cierto tiempo para prepararse, y Jesús se refiere a eso aquí en Lucas 17, como veremos en un momento.
La señal antigua del juicio de Dios
Entonces, esto es lo que Jesús está enseñando en Lucas 17: Él está describiendo cómo será la vida durante la tribulación, justo antes de Su regreso para traer juicio sobre la humanidad incrédula, y antes de establecer Su reino milenial —ese reino de mil años— en la tierra.
Y la descripción que Jesús da de la vida en ese tiempo… puede sorprenderte. Estas son las señales de que el juicio se aproxima.
Observa ahora el versículo 26:
“Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.” Lucas 17:26–27
Ahora bien, nosotros sabemos mucho más acerca de los días de Noé que lo que se menciona aquí.
Al volver a Génesis capítulo 6, encontramos:
- La maldad se había apoderado del mundo (v. 5);
- La tierra estaba llena de violencia (v. 11);
- La corrupción era tan profunda que Dios la describió así: todo designio de los pensamientos del corazón del hombre era de continuo solamente el mal (v. 5).
En otras palabras, nadie en la raza humana —aparte de Noé y su familia creyente— tenía ni un solo pensamiento puro. Todos estaban corrompidos, eran violentos, centrados en sí mismos y completamente malvados. Y, en efecto, Dios dijo: “Voy a empezar de nuevo.”
Ahora, Jesús dice: “La vida en la tierra, justo antes de mi regreso para establecer mi reino al final de la tribulación, será como en los días de Noé.”
Y uno esperaría que comenzara a citar Génesis 6, porque todos conocían ese pasaje. Pero en lugar de eso, Jesús dice que la vida antes de ese día de juicio se verá como la vida… tal como es ahora.
Jesús no enfatiza su maldad; enfatiza su indiferencia hacia Dios.[ii]
Tampoco enfatiza su violencia; enfatiza su ceguera espiritual.
Los días de Noé fueron días —igual que hoy. El mundo consideraba que las advertencias de Dios eran ridículas, y que la idea del juicio divino era totalmente descabellada.
Hasta que empezó a llover.
La fiesta se detuvo con las primeras gotas. Y de repente, las fuentes del abismo se rompieron, y un diluvio global cubrió la tierra.
De hecho, tomó más de un año para que las aguas se asentaran, llenando océanos, lagos y ríos, antes de que Noé y su familia —ocho personas en total— pudieran volver a pisar tierra firme.
Déjame decirte algo: este juicio es conocido en todo el mundo hasta el día de hoy, y ha servido como advertencia por miles de años.
Viaja por todo el mundo: por todo el continente americano, Europa, África, Asia, el Lejano Oriente, el Medio Oriente o las islas del Pacífico… cada cultura tiene alguna versión del diluvio, aunque con el tiempo se ha distorsionado.
Por ejemplo, el símbolo chino para la palabra “barco” son ocho personas dentro de una embarcación flotante.
Algunas leyendas del Perú cuentan que toda la humanidad murió en un diluvio, excepto unas pocas personas que llegaron a ser los antepasados de las distintas etnias.
Existe una leyenda en Cuba de un anciano que supo que venía un diluvio, así que construyó una embarcación y la llenó con su familia y animales.
Una tradición mexicana cuenta que un hombre y su familia se salvaron de un diluvio flotando en una balsa que él mismo construyó. Envió un colibrí para buscar tierra, y pronto regresó con una rama con hojas verdes.
Relatos antiguos en la india describen la historia de un hombre que construyó una nave y, junto con su familia de ocho personas, sobrevivió al diluvio hasta encallar en una gran montaña.
Tradiciones de pueblos de Alaska mencionan que el primer antepasado tuvo un sueño en el que un diluvio destruiría la tierra. Entonces construyó una balsa y subió a su familia y a los animales. En aquellos tiempos, según la leyenda, los animales podían hablar, y pronto comenzaron a quejarse del largo viaje:
—¿Cuánto falta? Decían.
Suena familiar, ¿no? Como los niños en el auto: “¿Ya llegamos?”
Después de que las aguas bajaron, todos descendieron de la balsa, pero los animales perdieron la capacidad de hablar como castigo por quejarse. Esa parte tal vez la puedes usar con tus hijos.
El juicio del diluvio fue precedido por 120 años de advertencia por parte de Noé, el predicador de justicia como lo llama el apóstol Pedro (2 Pedro 2:5).
¿Y cómo era la vida en los días de Noé?
Muy parecida a la vida hoy en tu ciudad.
¿Crimen? Sí. ¿Maldad? Sí. Pero, en general, un lugar agradable para vivir: trabajar en el jardín, hacer una parrillada el fin de semana, salir con amigos, preparar la mochila de los niños para la escuela, enviar invitaciones de boda, ir al trabajo, planear las próximas vacaciones o el siguiente paso en la carrera.
Nada de eso es malo; es simplemente la vida. Pero Jesús advierte que la vida tiene una manera peligrosa de eclipsar la realidad de la vida eterna; las ocupaciones diarias pueden distraer a las personas de escuchar el clamor de su alma.
Y así, viven solo para el aquí y ahora… avanzando hacia un juicio catastrófico.
Jesús continúa ahora en el versículo 28:
“Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.” Lucas 17:28–30
La Biblia deja muy en claro que, antes de que descendiera fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra, las ciudades enteras estaban entregadas a la inmoralidad sexual, incluyendo prácticas homosexuales generalizadas.
Durante siglos, el judaísmo presentó el diluvio de Noé y la destrucción de Sodoma y Gomorra como ejemplos del pecado humano y del justo juicio de Dios.
2 Pedro 2:6 dice que Dios:
“condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente.” 2 Pedro 2:6
Dios también anunció que Sodoma y Gomorra nunca se volverían a habitar (Jeremías 49:18). Y esa profecía se ha cumplido: esas ciudades nunca se volvieron a construir.
Pero, una vez más, Jesús no está enfatizando tanto su perversión, sino su enfoque en las cosas de la vida. Está haciendo una declaración más amplia, que incluye a toda generación, todo país y toda persona.
Básicamente está diciendo que la humanidad tiene un problema serio con Dios… y luce de la siguiente manera:
- La gente vive ocupada, pero no toma en cuenta a Dios.
- La gente vive en peligro del juicio venidero, pero no lo percibe ni lo toma en serio.
Antes de que llegue el juicio, la humanidad permanece voluntariamente ciega a Sus advertencias. Y aun así, Dios, en Su gracia, sigue advirtiendo.
El período de la tribulación será, en esencia, una advertencia continua de siete años —una y otra vez— sobre el juicio que vendrá cuando Jesús regrese para destruir al anticristo y establecer Su reino.
En cuanto al diluvio de Noé, el mundo ha recibido el mensaje. El relato del diluvio, en una forma u otra, se conoce en todo el mundo.
Y pienso en el mundo moderno, también está advertido. Por ejemplo, el ministerio Respuestas en Génesis construyó una réplica a tamaño real del arca en Kentucky, Estados Unidos. Mi esposa y yo la hemos visitado. Millones de personas han ido también; los medios nacionales la han cubierto, y a millones han escuchado este mensaje.
Me gusta pensar en eso como una advertencia más —en nuestros tiempos— del juicio de Dios.
También pienso en los descubrimientos relacionados con Sodoma y Gomorra. Estas ciudades se identificaron en 1924, y luego se excavaron en las décadas de 1960 y 1970.
La evidencia de destrucción por fuego todavía se puede ver, y aún hay restos humanos allí, sepultados bajo capas de sedimento y arena, donde han permanecido intactos por siglos.
Muchos llamados “expertos” intentan desacreditar estos hallazgos, negar su significado o explicarlos de otra manera. Pero hay algo que no pueden explicar: el hallazgo de esferas de azufre en esa región que, hasta el día de hoy, siguen siendo inflamables.
Un profesor de arqueología de nuestro seminario ha estado publicando videos de sus descubrimientos. Su video sobre Sodoma y Gomorra ya alcanza casi dos millones de reproducciones. El Dr. Kramer se preguntaba si aún existirían restos de esas esferas de azufre; solo había visto un par en un museo en el Medio Oriente.
Conversó con un académico que le dijo que esas esferas probablemente se habrían consumido por el fuego, a menos que hubieran caído en el agua del Mar Muerto, donde se habrían conservado.
Entonces, el Dr. Kramer entendió que la línea costera del Mar Muerto se había ido retirando con el paso del tiempo. Así que comenzó a explorar las zonas de sedimento tierra adentro, entre Sodoma y Gomorra y el Mar Muerto. Y encontró miles de esferas de azufre preservadas en la arena.
No aparecen en ningún otro lugar del mundo. Y no porque alguien las haya fabricado ni porque sean producto de algún fenómeno natural extraño… sino porque Dios las produjo.
Yo tengo una en mi oficina. Y cada vez que la veo, me recuerda que debo advertirle a mi generación que el juicio de Dios se acerca.
¿Estás preparado?
Para quienes rechacen a Cristo y lleguen a vivir durante la tribulación, esta advertencia en Lucas 17 es directa. Y también será de ánimo para quienes lleguen a creer en Cristo durante ese tiempo.
Les recordará que deben esperar a Jesús… quien pronto descenderá para poner todo en orden en Su reino glorioso.
Y con eso, Jesús ahora describe ese evento cataclísmico de Su llegada, aquí en el versículo 30:
“Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.” Lucas 17:30–31
Recuerda: en ese momento, el descenso de Cristo será lo suficientemente visible como para que todo el mundo lo observe. Toda la atención del mundo estará puesta en el cielo, por así decirlo, mientras se cumplen las palabras de Apocalipsis 19, al final de la tribulación.
Jesús regresará con las huestes del cielo —eso nos incluye a ti y a mí— mientras Cristo desciende para conquistar y ser coronado.
Cuatro descripciones del regreso de Jesucristo
Déjame resumir el resto de este pasaje en cuatro descripciones de lo que ocurrirá.
Primero: un mundo desprevenido
Para el mundo incrédulo, este evento los tomará desprevenidos. Saldrán corriendo a sus casas para esconderse o recoger sus pertenencias… intentando huir.
Segundo: un mundo materialista
Es decir, quedará en evidencia lo que realmente importa en el corazón de las personas. El mundo incrédulo intentará aferrarse a sus posesiones; valoran más lo que tienen que al Salvador.
De hecho, Jesús añade esta nota histórica en el versículo 32:
“Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará.” Lucas 17:32–33 (RVR1960)
Podríamos expresarlo así:
“El que se aferra a la vida que siempre ha conocido… lo perderá todo.”
Y el ejemplo clásico es la esposa de Lot.
Mientras los ángeles la sacan de la ciudad, justo antes de que todo se consumiera por el fuego, ella mira hacia atrás.
No lo hace por curiosidad… lo hace porque su corazón sigue allí.
Mira atrás porque quiere volver.
Siempre me he preguntado por qué ella se convirtió en una estatua de sal. No se nos dice con exactitud. Pero considera esto: en el Antiguo Testamento, el creyente añadía sal a sus ofrendas como señal de lealtad a Dios.
Dios, por así decirlo, hace visible por fuera lo que ella era por dentro: su lealtad estaba en Sodoma, en la vida que había dejado atrás.
Así que tenemos un mundo desprevenido, materialista…
Tercero: Un mundo separado
Observa el versículo 34:
“Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada.” Lucas 17:34–35
Ahora, recuerda: esto no se refiere al arrebatamiento.
El que es “tomado” no va al cielo, sino al juicio —muy probablemente ejecutado en el juicio de Cristo cuando descienda.
Y el que es “dejado” sobrevivió la tribulación, puso su fe en el Mesías, y permanece con vida para entrar en el reino. Esto corresponde con Mateo 25, donde Jesús separa a las ovejas de los cabritos cuando regresa.
Lleva a los cabritos al juicio, y las ovejas entran en el reino. Y lo que esto significa es que habrá separaciones sorprendentes, impactantes, completamente inesperadas.
Observa nuevamente el versículo 34:
- Dos personas están en la misma cama —una relación cercana, probablemente matrimonial— uno es salvo y el otro no.
- Dos mujeres trabajan juntas en las tareas diarias —una amistad— una es salva y la otra no.
- Dos hombres trabajan en el campo —comparten oficio, rutina, tal vez negocio— uno es creyente y el otro no.
En otras palabras, nadie entrará al reino por pertenecer a una familia cristiana.
Nadie vivirá con Cristo por tener amigos cristianos o por trabajar con creyentes.
Es posible vivir rodeado de cristianos, trabajar con cristianos, pasar tiempo con cristianos… y aun así ir rumbo al juicio de Dios.
Yo lo entendí muy bien cuando era un adolescente inconverso. A los 16 años, me levantaba en la noche y miraba en la habitación de mis hermanos menores para ver si todavía estaban allí. Sabía que, aunque ellos iban al cielo, eso no significaba que yo también.
En ese día terrible de juicio, esposos, familiares, amigos cercanos y compañeros de trabajo serán separados… y esa separación será para siempre.
Cuarto: un mundo devastado.
Los discípulos quieren saber a dónde irán finalmente los incrédulos. Mira el versículo 37:
“Respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.” Lucas 17:37
En otras palabras, será un lugar marcado por muerte, descomposición y devastación total.
Sin duda, el mundo podría objetar que Jesús está dando una respuesta muy dura:
—“¡Los buitres están esperando!”
Claro que es una respuesta dura. Un autor escribió:
“Si Jesús está diciendo la verdad sobre el juicio, ¿cómo podría ser de otra manera?”[iii]
Y estoy de acuerdo.
El juicio es severo. Es doloroso. Es devastador.
- Nadie le pone almohadas a una silla eléctrica para que resulte más cómoda.
- El fuego no cayó del cielo en forma de una carita feliz.
El juicio de Dios viene. Ya ha venido antes, de distintas maneras —como Jesús mismo lo ha mostrado— y volverá a venir.
Pero aquí está la buena noticia: puedes evitarlo.
Nunca tienes que enfrentar el juicio de Dios.
Puedes evitarlo viniendo a Cristo, quien tomó sobre sí la ira de Dios en tu lugar, quien murió por ti para que seas perdonado… y para que vivas con Él para siempre.Así que ven a él hoy, pídele perdón por tus pecados, acepta el sacrificio de Cristo en tu lugar y serás salvo del juicio de Dios
[i] Dale Ralph Davis, Luke (Christian Focus, 2021), p. 71
[ii] R. Kent Hughes, Luke: Volume 2 (Crossway, 1998), p. 180
[iii] Davis, p. 74



















