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El tiempo perfecto del Rey Jesús

La entrada de Jesús a Jerusalén marca mucho más que el inicio de una celebración. Cada elemento de este evento, desde el momento en que ocurre hasta la forma en que se desarrolla, revela un plan divino perfectamente orquestado. Nada es casual, nada está fuera de lugar. Mientras la multitud celebra sin entender completamente lo que sucede, se está cumpliendo algo que había sido anunciado siglos antes. En este episodio, exploremos cómo este momento revela la precisión del plan de Dios y lo que eso significa para nuestra vida hoy. Descubramos juntos cómo confiar en que Él sigue obrando con el mismo control, propósito y perfección en cada etapa de nuestra historia.

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Introducción

El 6 de mayo de 2023, Carlos Felipe Arturo Jorge—mejor conocido como el rey Carlos III—fue coronado rey del Reino Unido. Millones de personas vieron el evento por televisión, convirtiéndola en una de las transmisiones más vistas de todo el año.

Después de la ceremonia, lo llevaron en un carruaje cubierto de hojas de oro. Es el mismo carruaje tirado por caballos que han usado todos los monarcas de Gran Bretaña desde 1762.

Durante la coronación, una sinfonía interpretó doce piezas originales; los cantores, dignatarios e invitados finalmente proclamaron al unísono: “¡Dios salve al Rey!”

Todo fue cuidadosamente planificado. Cada momento, cada detalle, cada movimiento… perfectamente sincronizado.

Y entonces llegó el momento culminante: la coronación misma. La corona estaba hecha de oro macizo, adornada con más de 400 piedras preciosas. Hoy se estima que su valor alcanza los 57 millones de dólares.

El rey Carlos también recibió un cetro cubierto con más de 300 diamantes, 31 rubíes, 15 esmeraldas, zafiros y otras piedras preciosas. La pieza central es un diamante que fue un regalo de Sudáfrica en 1905. Ese diamante, por sí solo, pesa 530 quilates. Es más o menos del tamaño del anillo de compromiso que le di a mi esposa… solo que con 530 quilates menos.

El valor actual de ese cetro se estima en 400 millones de dólares.

Así que, en ese día histórico, con toda su pompa, ceremonia y tradición, había casi mil millones de dólares en símbolos reales en exhibición.

Así es como se trata a un rey. Así es como se corona a un rey.

Ahora bien, el Rey soberano está a punto de llegar a Jerusalén. Y no habrá una exhibición de mil millones de dólares. No habrá corona de oro ni cetro en esta ocasión. Pero, aun así, vas a descubrir que todo está perfectamente orquestado… cada detalle alineado con el tiempo perfecto de Dios.

El significado de la entrada de Jesús el domingo de ramos

Acompáñame al evangelio de Lucas, capítulo 19. Aquí comienza lo que conocemos como la Semana Santa—la última semana del ministerio de Cristo: desde Su entrada triunfal un domingo, hasta Su resurrección el domingo siguiente.

El día que tenemos en vista aquí es el décimo día del mes de Nisán—lo que hoy llamamos el Domingo de Ramos.

Ahora, siglos antes, Dios le había dado instrucciones a Israel por medio de Moisés. En Éxodo capítulo 12, les ordenó que el día diez de ese mes cada familia debía escoger un cordero para el sacrificio de la Pascua. Con el paso del tiempo, todo judío que podía viajar a Jerusalén lo hacía para esta celebración tan significativa. Era el evento más importante del calendario.

Quizás tú ya conoces la historia original de la Pascua. El ángel de la muerte iba a pasar por Egipto. Tanto los egipcios como los israelitas recibieron la advertencia. El primogénito de cada familia moriría… a menos que tomaran un cordero, lo sacrificaran y colocaran su sangre en los postes de la puerta de su casa.

Cuando el ángel llegaba y veía la sangre… pasaba de largo. Por eso se le llamó Pascua. Ese hogar quedaba protegido por la sangre del cordero.

Y para que ese evento nunca se les olvidara, Dios le ordenó a Moisés que lo celebraran cada año.

Dios les dice Moisés y a Aarón en Éxodo capítulo 12:

“Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia… El animal será sin defecto… y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.” (Éxodo 12:3, 5-6)

Así que cada familia debía escoger su cordero el día diez… y en ese año, ese día cayó en domingo. Luego, cuatro días después—lo que correspondería al jueves—los corderos debían ser sacrificados.

El historiador judío del primer siglo, Flavio Josefo, escribió que se realizó un censo en Jerusalén alrededor del tiempo de la crucifixión del Señor, y registró que se habían traído unos 256,000 corderos a la ciudad para el sacrificio de la Pascua.

La población de Jerusalén llegaba a crecer hasta unos dos millones de personas durante esta celebración.

Ahora, la Pascua apuntaba al Cordero final—el Señor Jesús—quien está entrando a Jerusalén precisamente en ese mismo día diez… junto con todos los demás corderos destinados al sacrificio.

Imagínate la escena. Jesús entra a la ciudad… prácticamente rodeado por decenas de miles de corderos. El Cordero final… ha llegado.

No alcanzamos a dimensionar el peso de este momento… la precisión de todo lo que está ocurriendo… cómo cada detalle encaja perfectamente en el plan de Dios. Pero déjame decirte algo: todo esto está sucediendo conforme al tiempo perfecto de Dios.

Y por eso creo que, así como estos corderos de la Pascua serían sacrificados el jueves… Jesús también sería crucificado cuatro días después de Su entrada en Jerusalén: el jueves.

Al mismo tiempo que miles de corderos eran sacrificados como recordatorio de la liberación pasada… el Cordero de Dios sería crucificado para lograr nuestra liberación definitiva.

Ahora bien, no estoy tratando de ser controversial ni dramático al decirte que Jesús fue crucificado un jueves.

Tampoco estoy sugiriendo que cambiemos el calendario tradicional—de la misma manera que seguimos celebrando su nacimiento el 25 de diciembre.

La cronología de la crucifixión

A lo largo de los años, estudiosos de la Biblia han propuesto distintas cronologías para los eventos de la Semana Santa.

Algunos sitúan la crucifixión el miércoles… otros el jueves… y otros mantienen el día tradicional, viernes. Incluso hay quienes ubican la resurrección hacia el final del domingo.

¿Y por qué existe todo este debate?

Primero, porque la biblia no nos da los datos específicos de cada una de estas fechas, así que nos queda la responsabilidad de mirar las pistas que provee el texto. 

Una de estas pistas es la profecía que nos dio el mismo Señor Jesús. Escucha lo que dice en el evangelio de Mateo, capítulo 12:

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.” (Mateo 12:40)

Jesús aquí está confirmando que el relato del Antiguo Testamento acerca del profeta Jonás fue una historia real. No es una leyenda o una fábula. Jesús afirma que, de verdad, un gran pez tragó a Jonás. Y no solo eso, Jesús también lo conecta directamente con su propia muerte y sepultura. Durará tres días… y tres noches.

Para mí, el problema principal con poner la crucifixión el viernes es que no deja suficiente tiempo para cumplir la profecía del Señor.

Ahora, yo sé que en el cómputo judío se consideraba que una parte del día o una parte de la noche contaba como un día completo o una noche completa. Pero, aun así, con una crucifixión en viernes, tendrías parte de tres días en la tumba… pero, por más que lo intentes ajustar, no hay ni siquiera una tercera noche completa.

Entonces, si tomamos la profecía de Jesús de manera literal… ¿cómo encaja esta cronología? Yo creo que los evangelios nos dan algunas pistas que nos permiten resolver este aparente misterio… y tomar en serio lo que el Señor dijo: su tiempo en la tumba duraría tres días y tres noches.

Hay tres pasajes clave. El primero está en el evangelio de Marcos, capítulo 15. Este es, de hecho, el pasaje principal que se usa para sostener la idea tradicional de una crucifixión el viernes por la mañana.

Pista #1

En ese momento, el centurión romano ya había declarado muerto a Jesús. Y Marcos escribe en el versículo 42:

“Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.” (Marcos 15:42–43)

A primera vista, parecería claro: Jesús fue crucificado un viernes, porque José pide el cuerpo el día antes del día de reposo… y el día antes del sábado es viernes.

Pero aquí hay un detalle que muchas veces se pasa por alto. Durante la celebración de la Pascua, había un día adicional de reposo… un día especial que se debía observar como si fuera un sábado. Este día especial se conocía como un gran día de reposo.

Según las instrucciones de Levítico capítulo 23, este “gran día” debía tratarse igual que un sábado normal: no se debía trabajar, y el pueblo debía dedicarse a recordar la liberación de Egipto que Dios les había dado siglos antes. Era, en cierto sentido, como feriado conmemorativo… como el Día de la Independencia.

Ahora bien, ¿es posible que ese año en particular, ese “gran día de reposo” haya caído en viernes… de modo que hubiera dos días de reposo seguidos? Es decir, viernes y sábado.

Pista #2

Aquí es donde el evangelio de Juan nos da una pista clave. En el capítulo 19 leemos:

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí.” (Juan 19:30–31)

Entonces, Jesús había muerto, pero como el día siguiente era un día de reposo, los líderes judíos querían que retiraran esos cuerpos antes de que comenzara.

Se menciona aquí “el día de la preparación” una expresión que normalmente se asocia con el viernes, el día antes del sábado.

Pero Juan añade un detalle crucial:
ese no era un día de reposo común… Era un día de gran solemnidad. Es decir, era el sábado especial de la Pascua.

Eso significaría que, en ese año, hubo dos días de reposo consecutivos: viernes y sábado… dos días dedicados a descansar y recordar la liberación de Dios.

Pista #3

De hecho, en el evangelio de Mateo, capítulo 28, encontramos otro detalle interesante. El versículo 1 dice:

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.” (Mateo 28:1)

Ahora, aquí hay un detalle muy interesante. En el griego, la palabra “día de reposo” aparece en plural. Podríamos traducirlo así: “pasados los días de reposo”.

Eso implicaría algo importante: que ese año hubo dos días de reposo consecutivos—el día de reposo especial de la Pascua y el día de reposo normal. Es decir, viernes y sábado.

Y aquí es donde la belleza y el simbolismo del perfecto tiempo de Dios se hacen evidentes en los evangelios. El domingo, día diez, todos traen sus corderos de Pascua a Jerusalén. Y justo en ese mismo momento… entra Jesús.

Así como esos corderos llegan destinados al sacrificio… Jesús también entra destinado al sacrificio.

Luego, el día catorce—cuatro días después, el jueves—todos esos corderos son sacrificados, mientras la nación celebra su liberación por medio de la sangre del cordero pascual.

De la misma manera, Jesús muere ese mismo día. Su sangre es derramada una vez y para siempre… para rescatar a todo aquel que confía en Él.

Después viene el viernes, ese gran día de reposo… y luego el sábado, el día de reposo regular. La nación descansa… y recuerda su salvación del juicio de Dios. Y mientras tanto, Jesús yace en la tumba. El mismo que prometió descanso a los cansados y cargados… a todos los que vendrían a Él para ser rescatados del juicio de Dios.

Ahora, ten esto en cuenta también. El evangelio de Mateo capítulo 26, nos informa que el sumo sacerdote y los líderes religiosos habían decidido arrestar a Jesús después de la Pascua… cuando la multitud ya se hubiera ido… cuando los sacrificios hubieran terminado.

Pero ese no era el plan de Dios.

Lo que está ocurriendo aquí—según el tiempo perfecto de Dios—es que Jesús mismo va a forzar la situación. Va a llevarlos al punto en que no tengan otra opción más que arrestarlo antes de la Pascua.

Porque Jesús va a morir en el momento correcto… por la razón correcta… en el lugar correcto… y en el tiempo perfecto. Él es el Cordero final de la Pascua.

El que vino a quitar el pecado del mundo, como declara el evangelio de Juan capítulo 1.

Todo esto ha sido divinamente orquestado.

Este es el tiempo perfecto de Dios.

Tres escenas del domingo de ramos

Con ese trasfondo en mente, avancemos ahora en este evento cuando Jesús entra en Jerusalén el domingo de ramos.

Voy a dividir este relato en tres escenas. Vamos a ponerle por título a la primera:

El pollino y su Creador

Mira el versículo 28:

“Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo.” (Lucas 19:28–30)

El hecho de que este pollino no haya sido domado—que nadie lo haya montado jamás—es significativo a la luz de una práctica del Antiguo Testamento. Los animales que no se habían usados para tareas comunes se podían usar para propósitos sagrados.[1]

A estos animales los consideraban puros. De hecho, solamente se podían usar estos animales para llevar el arca del pacto… símbolo mismo de la presencia de Dios entre su pueblo.[2]

Y ahora, este pollino está a punto de llevar la misma presencia de Dios… en la persona del Hijo.

Ahora bien, la implicación evidente es que si nunca habían montado este burrito… entonces nunca lo habían domado.

Y si quieres montar un animal así… bueno, probablemente te contraten en un rodeo. Si logras quedarte encima de un caballo salvaje por ocho segundos… ganas.

Me acuerdo cuando mi esposa y yo llevamos a nuestros hijos a un rodeo cuando eran pequeños. Queríamos que vieran, de alguna manera, lo que nosotros estábamos viviendo en casa… ¡Lo que era criar a dos niños al mismo tiempo!

Ocho segundos sobre un animal descontrolado… es mucho tiempo.

Me dio curiosidad… y busqué quién ha sido el jinete de rodeo más exitoso de la historia. Un hombre que hoy es toda una leyenda en ese mundo hizo carrera durante 21 años… y ganó 51 veces.

Eso significa que, a lo largo de toda su carrera, ganó 51 competencias… logrando mantenerse sobre un caballo salvaje por un total acumulado de seis minutos y ocho segundos.

Ahora, no estoy menospreciando su carrera. Yo no tendría el valor de hacer lo que él hizo. De hecho, la última vez que monté un caballo manso… me tiró.

Bueno… me caí. Suena más heroico decir que me tiró.

La verdad es que el caballo quería ir en una dirección… y yo en otra. Y el caballo ganó.

Ahora, ten esto en mente:

Jesús no solo está a punto de montar un pollino sin domar… sino un pollino de asno. Y tú sabes cómo son los asnos… tan “dóciles”… tan “obedientes” ¿cierto?

No—imagina lo que está sucediendo: Jesús va a montar ese animal que nunca ha sido domado… y lo va a guiar en medio de una multitud. La gente está gritando… coreando… lanzando sus mantos al camino delante de Él… y agitando ramas de palma en el aire, como nos dice el evangelio de Juan.

Y el animal no se descontrola.

No se resiste.

No lo lanza.

Este es el Creador mostrando, de manera milagrosa, su autoridad sobre su creación.

Pero, Jesús está revelando algo más: su derecho a reinar sobre la nación.

El asno era considerado un animal de la realeza en los días del rey David. Simbolizaba a un rey pacífico y humilde en su coronación.

Es interesante que, después de David y Salomón, los reyes de Israel comenzaron a usar caballos… animales que más bien representaban poder, orgullo y dominio militar. Así que, al montar un asno, Jesús se está identificando claramente como un Rey pacífico y humilde del linaje de David.[3]

Más significativo aún, quinientos años antes de este evento en Lucas 19, el profeta Zacarías escribió acerca del Mesías:

“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9)

Todo esto está siendo orquestado por nuestro Señor soberano. Él ha estado planeando este momento por siglos. En realidad, desde antes del principio del tiempo.

Y ahora, en este domingo ha llegado el momento. El tiempo es perfecto.

Pero aún hay otro detalle en este plan. Uno no puede simplemente entrar a un pueblo llevarse el asno de otra persona.

Estos animales eran valiosos. Solo las personas con ciertos recursos podían tenerlos como medio de transporte.

Sería como llevarse el auto de una persona. [4]

Pero observa lo que Jesús les dice a sus discípulos en el versículo 31:

“Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.” (Lucas 19:31)

Fíjate bien cómo se identifica Jesús. Él mismo se llama: el Señor.

Hay quienes dicen que Jesús nunca usó ese título para sí mismo… o que fue la iglesia primitiva la que más tarde le atribuyó esa identidad divina.

Pero aquí, ese título sale de su propia boca. Y, evidentemente, este pollino pertenecía a alguien que reconocía quién era Jesús… y lo entregó voluntariamente.

Por cierto, el evangelio de Marcos nos dice que los discípulos también prometieron devolverlo (Marcos 11:3).

“El Señor lo necesita.” Nuestro rey lo requiere… y eso fue suficiente. Como escribió un autor, esto suena como una requisición real.[5]

El Rey lo ha pedido… y al Rey no se le dice que no.

El Señor nos ha permitido tener un edificio grande y hermoso para congregarnos, pero eso también significa problemas y reparaciones más grandes.  Resulta que nuestro equipo de aire acondicionado se dañó completamente hace como un año.

La cadena de suministros ha estado muy lenta estos últimos años… Los retrasos en la fabricación también nos hicieron esperar casi un año entero. Pero finalmente recibimos la noticia de que nuestra nueva unidad—de once toneladas—iba a llegar hace unas semanas.

Pero entonces… el gobierno de los Estados Unidos—que tiene la autoridad de requisar cualquier equipo que necesite para uso gubernamental—decidió que quería el nuestro.

Y no hubo votación.

Simplemente lo requisaron.

Se llevaron el aire acondicionado.

Así que nos espera otra primavera… y otro verano caluroso. 

Ahora, mira el versículo 32:

“Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.” (Lucas 19:32–35)

El evangelio de Mateo nos indica que estaban atados tanto el pollino como su madre, y que trajeron ambos a Jesús.

No se nos dice explícitamente, pero lo más probable es que los discípulos usarán la asna para llevar sus mantos y pertenencias… y el pollino—el que no había sido domado—específicamente para transportar a Jesús.

Lucas se enfoca solo en el animal que Jesús montó.

Ahora entramos en la siguiente escena. La titulamos:

La multitud y su canción

Mira el versículo 36:

“Y a su paso tendían sus mantos por el camino. Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!” (Lucas 19:36–38)

La multitud está extendiendo sus mantos en el camino delante de Jesús. Esto era un acto simbólico. El manto representaba la vida de la persona.

En 2 Reyes capítulo 9, el pueblo hizo lo mismo para recibir al rey Jehú. Era una forma de decirle al rey:
“Estoy poniendo mi vida delante de ti… tienes derecho a gobernarme.”

Hoy lo diríamos así: “Estoy rindiendo mi vida delante de ti.”

Observa nuevamente lo que canta la multitud en el versículo 38:

“¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo, y gloria en las alturas!”

Esta frase proviene del Salmo 118, un cántico que se entonaba durante la Pascua:

“Bendito el que viene en el nombre de Jehová…” (Salmo 118:26)

Pero fíjate en algo interesante: Ellos cambian la letra. No dicen solo “el que viene”. dicen:

“¡Bendito el Rey que viene!”

En otras palabras: “¡Aquí viene el Rey!”

Hasta ese momento, Jesús había pedido silencio respecto a su identidad. Había dejado claro que aún no era el tiempo. Pero ahora… sí lo es. Este es el momento perfecto.

Jesús está presionando al Sanedrín y a los líderes religiosos. Los está llevando a un punto donde no pueden seguir postergando sus planes. No va a permitir que esperen hasta después de la Pascua para arrestarlo. Ellos no están operando según su propio calendario… están operando según el de Jesús.

Todo esto está divinamente orquestado.

Y la muerte de Jesús va a ocurrir en el momento perfecto.

Hay un intento bastante débil de interrumpir la celebración. Llamemos a esta tercera escena:

Los cínicos y su reclamo

Mira el versículo 39:

“Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.” (Lucas 19:39)

Nota el insulto, o el menosprecio. La multitud está proclamando que Él es el Rey… y ellos lo llaman simplemente: Maestro.

Es como si dijeran: “Ubícate… bájate de ese animal… tú no eres rey. A lo mucho, eres un maestro. ¡Haz que se callen!”

Pero Jesús responde en el versículo 40:

“Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían.” (Lucas 19:40)

En otras palabras:

Si las personas no me alaban, el resto de la creación—hasta las piedras—no va a poder quedarse en silencio.

Conclusión

Ahora, al considerar esta escena inicial de la semana santa, hay dos palabras que vienen a mi mente una y otra vez: tiempo perfecto.

Dios orquestó cada uno de estos eventos. Todo va a ocurrir en el tiempo perfecto de Dios… cada detalle.

Y esta escena debería producir dos resultados.

Primero:

El tiempo perfecto de estos eventos debería inquietar al incrédulo.

El cumplimiento de profecías dadas cientos de años antes: la correspondencia perfecta entre el cordero pascual y el Señor, la precisión de los eventos del calendario, la entrada real del Salvador humilde – todo esto debería ser profundamente inquietante para cualquiera que rechaza a Jesús.

No te pongas del lado de los líderes religiosos… que tuvieron al Soberano Dios del universo delante… y aun así no lo vieron.

El tiempo perfecto de Dios nos confronta y demanda que cada uno de nosotros pongamos nuestra fe en Cristo.

Pero segundo:

El tiempo perfecto de estos eventos debería consolar al creyente.

Todo está divinamente orquestado. Todo está perfectamente dirigido. El Salvador llegó justo a tiempo… exactamente en el día señalado.Y de la misma manera, Él llega a tiempo en tu vida. exactamente cuando su plan lo ha determinado. Dios está en completo control y obrará en tu vida en el tiempo perfecto.


[1] Bruce B. Barton, Life Application Bible: Luke (Tyndale, 1997), p. 440

[2] Clinton E. Arnold, General Ed: Zondervan Illustrated Bible Backgrounds Commentary: Volume 1 (Zondervan, 2002), p. 468

[3] R. Kent Hughes, Luke: Volume Two (Crossway Books, 1998), p. 239

[4] Barton, p. 441

[5] David E. Garland, Exegetical Commentary on the New Testament: Luke (Zondervan, 2011), p. 770

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


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Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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