William Wilberforce dedicó gran parte de su vida a luchar contra el comercio de esclavos en Gran Bretaña. Después de 27 años de perseverancia, finalmente vio aprobada en 1807 la ley que lo abolía.
Podría haberse detenido allí. Podría haber pensado: “Ya cumplí mi misión. Ya hice mi parte”.
Pero no lo hizo.
Durante los 26 años siguientes, siguió luchando para que la esclavitud fuera abolida en todo el Imperio británico. Y en 1833, a los 73 años, finalmente lo vio suceder.
Su historia nos recuerda algo importante: llegar a cierta edad no significa que nuestra misión haya terminado.
Sin embargo, envejecer puede traer una tentación muy real. Perdemos fuerzas. Ya no podemos hacer todo lo que hacíamos antes. Quizás comenzamos a depender más de otros. Y entonces podemos pensar: “Ya no soy útil. Mi tiempo ya pasó. ¿Para qué seguir? Ya no quiero vivir más”.
Pero nuestra utilidad no determina el valor de nuestra vida. Dios lo hace.
Mientras Él nos dé días, esos días todavía pueden usarse para Su gloria. Quizás ya no podamos servir como antes. La vejez puede cambiar la manera en que servimos a Dios, pero no pone fin a nuestro llamado a vivir para Él.
Así que sigamos usando las experiencias, los dones y los talentos que el Señor nos ha dado. Corramos con gozo hasta cruzar la línea de meta.
Las Escrituras nos presentan tres razones poderosas para permanecer fieles hasta el final.
Ser fieles hasta la meta es evidencia de una vida justa
SALMO 92:12-14
“El justo florecerá como la palma, Crecerá como cedro del Líbano. Plantados en la casa del Señor, Florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez darán fruto; Estarán vigorosos y muy verdes.”
— Salmo 92:12-14
¡Qué promesa tan hermosa!
Puedes seguir dando fruto aun en tu vejez.
Mientras Dios nos dé vida, podemos seguir creciendo. Podemos seguir sirviendo. Podemos animar a otros. Y podemos seguir dando fruto para Su gloria.
De hecho, nuestra vida puede convertirse en un testimonio de la fidelidad de Dios. Otros pueden mirar lo que Él ha hecho en nosotros y ser animados a confiar también en Él.
Ser fieles hasta la meta es una recompensa divina
Proverbios 16:31 dice:
“La cabeza canosa es corona de gloria, Y se encuentra en el camino de la justicia.”
— Proverbios 16:31
Muchos cristianos le tienen miedo a la vejez. Otros incluso les da vergüenza.
Tal vez les preocupa convertirse en una carga para sus hijos. O tener que disminuir el ritmo. O simplemente no poder hacer las cosas que antes hacían con tanta facilidad.
Pero la Biblia nos invita a mirar la vejez de otra manera.
Dios no te llama a preocuparte por la vejez. Te invita a llevarla como una corona de gloria. Es el testimonio de una vida que ha caminado con Él. Así que, disfrútala.
No mires cada año que pasa solamente como algo que estás perdiendo. Míralo también como un recordatorio de la gracia de Dios.
Cada arruga, cada cabello canoso y cada temporada que has atravesado cuentan una historia. Te recuerdan que el Señor ha sido fiel. Y también te recuerdan que Él todavía puede utilizarte para bendecir a otros.
Ser fieles hasta la meta abre la puerta a un discipulado piadoso
Escucha lo que Pablo escribe en Tito 2:2-5:
“A los ancianos enséñales que sean sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia. Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino. Que enseñen lo bueno, para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, bondadosas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”
— Tito 2:2-5
Si eres mayor, no te retires de la iglesia. La iglesia te necesita más que nunca.
Pablo les da a los creyentes mayores una misión muy clara. Deben ser ejemplos para los que vienen detrás.
Piensa en todo lo que Dios te ha enseñado a lo largo de los años. En las pruebas que has atravesado. En las oraciones que has visto contestadas. Incluso en los errores que has cometido y las lecciones que aprendiste de ellos.
Todo eso puede convertirse en una enorme bendición para quienes vienen detrás de ti.
Y, de hecho, la historia con la que comenzamos este artículo nos da un hermoso ejemplo de eso.
¿SABÍAS QUE?
Detrás de William Wilberforce hubo un hombre mayor que tuvo una enorme influencia en su vida: John Newton.
Newton había sido capitán de un barco dedicado al comercio de esclavos antes de convertirse al cristianismo. Cuando conoció a Wilberforce, ya tenía 60 años.
Podría haber pensado que sus mejores años habían quedado atrás.
Pero hizo todo lo contrario.
Newton tomó lo que Dios le había enseñado a lo largo de su propia historia —incluso las partes más oscuras de ella— y lo usó para invertir en un hombre más joven.
Animó a Wilberforce en su fe en Cristo. Lo aconsejó. Y también lo animó a usar la posición que Dios le había dado para luchar contra la esclavitud en Gran Bretaña.
Piénsalo: Wilberforce llegó a influir en toda una nación. Pero detrás de él había un creyente mayor que decidió invertir en la siguiente generación.
Eso también puede ser parte de la misión de Dios para ti en esta etapa de tu vida.
Pablo llamó a los hombres y mujeres mayores de la iglesia a invertir en los más jóvenes. John Newton hizo precisamente eso con Wilberforce.
Y nosotros podemos hacer lo mismo.
No pienses que tu mejor etapa ya quedó atrás.
Mientras tengas aliento, todavía puedes orar. Puedes enseñar. Puedes animar. Puedes aconsejar. Puedes discipular. Y puedes mostrar con tu propia vida lo que significa caminar con Cristo y permanecer fiel hasta el final.
Tu legado espiritual puede seguir dando fruto mucho después de que hayas cruzado la línea de meta.