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Entendiendo las señales del fin del mundo

Vivimos rodeados de noticias que parecen confirmar que el mundo se acerca a su fin. Guerras, desastres naturales y crisis globales alimentan la idea de que todo está por colapsar. Pero Jesús advirtió que no todo lo que vemos debe interpretarse como una señal inmediata del final. En esta enseñanza, exploramos cómo Él corrigió la perspectiva de sus discípulos y cómo esa corrección sigue siendo necesaria hoy. No se trata de vivir alarmados, sino de entender con claridad lo que ocurre en el mundo y responder con sabiduría. Acompáñanos mientras descubrimos cómo evitar el engaño y prestar atención a la advertencia que Dios ya ha dado.

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La advertencia que el mundo no puede dar

Las películas apocalípticas —esas que muestran el fin del mundo— son más populares que nunca. Desde que se produjo la primera en 1916, se han realizado más de 250. Y lo interesante es que la mitad de ellas se ha producido en los últimos 25 años. De hecho, su producción se ha duplicado cada década. Hoy en día, es uno de los géneros más populares en la industria del cine.[1]

Y el mundo parece que no se cansa de ellas.

Encuestas recientes muestran que la mayoría de las personas cree que en algún momento ocurrirá un evento catastrófico global… un escenario final, una crisis mundial que cambiará la vida tal como la conocemos.

Hace poco leí acerca de una empresa que promueve sus servicios con este mensaje: “Estamos al borde de un aumento en la cantidad y magnitud de eventos que podrían cambiar el mundo como lo conocemos”. Luego presentan una lista de posibles desastres: desde cataclismos naturales hasta crisis globales. Su solución es bastante concreta: por $35,000 usted puede comprar un refugio subterráneo, completamente equipado y abastecido para sobrevivir al menos un año… lo suficiente, según ellos, para atravesar esos eventos catastróficos.[2]

En el fondo, existe en cada uno de nosotros una intuición de que algo grande se aproxima. Algunos hablan de tormentas solares capaces de quemar la tierra y destruir la tecnología. Otros piensan en inundaciones masivas o hambrunas globales. Tal vez un cometa o un asteroide impacte el planeta, provocando caos mundial. Otros imaginan una pandemia global, o una guerra a escala mundial. Incluso hay quienes temen una serie de terremotos que desencadenen tsunamis devastadores y destrucción global.

En mayo de 2021, se implementó un sistema de alerta temprana de terremotos para usuarios de teléfonos móviles en California, Oregón y Washington, Estados Unidos. Esta aplicación puede advertir a las personas sobre un sismo inminente para que busquen refugio.

El problema es que, por más avanzada que sea la tecnología, este sistema solo puede dar un aviso de aproximadamente 80 segundos.[3]

Eso es todo lo que pueden ofrecer: 80 segundos para ponerse a salvo… o quizás para correr hacia un refugio subterráneo con provisiones para un año.

Ahora bien, ¿alguna vez consideraste que la Biblia también predice pandemias, terremotos, hambre, guerras… y aun fenómenos cósmicos aterradores?

Y más aún, ¿has pensado que Dios ha dado a la humanidad una advertencia que ya tiene más de 2,000 años?

En su paciencia, frente a una humanidad rebelde, Dios no nos ha dado segundos… sino años para encontrar refugio. Pero ese refugio no está en un búnker. Está en su Hijo, el Señor Jesucristo.

Cuando sostienes una Biblia, lo que tienes en tus manos es, en efecto, uno de los sistemas de alerta de Dios… entregado por el propio Hijo de Dios hace unos 2,000 años. Y uno de esos mensajes se encuentra aquí, en Lucas capítulo 21.

Después de elogiar la ofrenda voluntaria y sacrificial de la viuda pobre, los evangelios de Mateo y Marcos nos cuentan que Jesús y sus discípulos salen del templo y se dirigen hacia el monte de los Olivos.

El evangelio de Marcos añade un detalle interesante: algunos de los discípulos comienzan a expresar su admiración por el templo. Le dicen a Jesús: “¡Mira qué piedras, y qué edificios!” (Marcos 13:1).

Lucas lo describe así, en el capítulo 21, versículo 5:

“Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas…” (Lucas 21:5)

Es decir, los discípulos estaban maravillados… contemplando la belleza, la grandeza y la imponencia del templo.

Y, siendo honestos, tenían toda la razón en estar asombrados. El templo se consideraba como una de las maravillas del Imperio Romano.[4] 

Es importante entender que este no era el templo de Salomón —ese fue destruido por los babilonios en el siglo VII a.C. Este era el templo reconstruido en tiempos de Esdras, aproximadamente un siglo después – un templo luego profanado y más tarde restaurado por los macabeos. Finalmente, este era el templo que Herodes el Grande había renovado y ampliado… un proyecto que llevaba casi 50 años en desarrollo.[5] 

Era una de las obras de construcción más grandes del mundo antiguo. Los muros de contención se elevaban más de 25 metros sobre el nivel de la calle. Las piedras fundamentales —algunas del tamaño de vagones de tren— estaban colocadas a más de 15 metros bajo tierra. Herodes había reunido a unos 10,000 trabajadores, incluyendo 1,000 sacerdotes encargados de las tareas especializadas de albañilería y carpintería. Además, se utilizaron cerca de 1,000 bueyes para transportar las enormes piedras desde una cantera ubicada a varios kilómetros de distancia. Algunas de esas piedras pesaban más de 400 toneladas.[6] 

Herodes era un constructor extraordinario, y su intención era clara: quería que este templo durara más que las pirámides.[7] 

Y, siendo sinceros, todo indicaba que lo lograría.

Pero el templo no solo era impresionante por su tamaño… también lo era por su belleza.

El historiador judío del primer siglo, Josefo, describe que las puertas del templo estaban recubiertas con placas de oro macizo, muy pesadas y, al amanecer, reflejaban una luz tan intensa que obligaban a desviar la mirada, como si fueran los mismos rayos del sol. Desde lejos, el templo parecía una montaña cubierta de nieve, porque las partes que no estaban recubiertas de oro eran de un blanco deslumbrante. Las columnas, de mármol blanco, alcanzaban unos 12 metros de altura, cada una tallada de un solo bloque de piedra. Y los adornos de oro, las joyas y los tesoros… eran sencillamente indescriptibles. [8]

Y todo eso debía tener un propósito: llevar a las personas a adorar al Dios verdadero y vivo.

Así que no es de extrañar que los discípulos estuvieran fascinados. Estaban observando las columnas de mármol, las puertas cubiertas de oro, las incrustaciones de piedras preciosas… incluso una vid hecha de oro macizo que colgaba sobre la entrada del templo, con racimos adornados con gemas —uno de esos racimos medía casi dos metros de largo.

La profecía sobre la destrucción del templo

Pero mientras se alejan del templo y comienzan a subir hacia el monte de los Olivos, Jesús hace una declaración impactante. El Señor dice en el versículo 6:

“En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.” (Lucas 21:6)

Todo será derribado. Completamente destruido.

Y es un hecho histórico, que siete años después de que el templo fuera terminado, el ejército romano bajo el mando del general Tito llegó y cumplió esta profecía al pie de la letra. 

Hasta el día de hoy, el templo no ha sido reconstruido. Lo que se puede ver actualmente —lo que muchos conocen como el “muro de los lamentos”— es solo una parte del fundamento. Todo lo que estaba por encima fue destruido. Arrasado por completo. [9]

Pero en ese momento, la predicción de Jesús era absolutamente impactante, alarmante – algo completamente impensado.

Imagínate viajar a Washington D.C., recorrer el Capitolio, caminando por la ciudad, admirando los diferentes monumentos, como el gigantesco monumento a Lincoln o el obelisco de Washington… y que alguien te diga: “Todo esto será destruido. No quedará nada en pie.”[10]

Sería difícil de creer… a menos que estés viendo una de esas películas del fin del mundo.

Así que los discípulos quedan confundidos, intrigados. Cuando llegan al monte y se sientan, le hacen una pregunta directa a Jesús. El versículo 7 dice:

“Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Lucas 21:7)

Lo que sigue —a lo largo de este capítulo— es lo que conocemos como el discurso del monte de los Olivos. Probablemente, la enseñanza profética más conocida del Señor.

Los pasajes paralelos en Mateo y Marcos se enfocan más directamente en la destrucción futura de Jerusalén durante el período de la tribulación, mientras que Lucas describe con mayor detalle la destrucción inminente que ocurriría en el año 70 d.C. Más adelante vamos a profundizar sobre eso. 

Por ahora, es importante enfatizar que los tres evangelios coinciden en describir las condiciones del mundo durante el tiempo de tribulación, antes del regreso de Cristo para establecer su reino milenial.

Y es importante tener esto en mente también: este discurso fue un discurso dado principalmente al pueblo judío, por su Mesías judío, acerca del futuro de la nación de Israel. Aquí el Señor no está hablando del arrebatamiento de la iglesia. Ese evento no requiere señales previas.[11] 

Podría ocurrir en cualquier momento. No hay evento o profecía que se interponga.

La iglesia no está esperando señales… está esperando al Salvador. Esperamos el momento en que Él nos llame para encontrarnos con Él en las nubes y llevarnos a la casa del Padre (1 Tesalonicenses 4).

Luego, aproximadamente siete años después —tras el período de la tribulación— regresaremos con Él cuando establezca su reino y gobierne sobre las naciones redimidas del mundo.

Ahora, vamos a recorrer este capítulo juntos, observando cómo Dios nos da una señal de advertencia tras otra.

Al principio pensé enseñar este capítulo en un solo mensaje… dar solamente un panorama general. Luego pensé que necesitaríamos dos mensajes. Después cuatro. Y ahora, honestamente, no estoy seguro de que terminemos antes del arrebatamiento. Ya veremos.

A medida que avancemos, notarás una tensión constante en estas profecías: una idea de “ahora, pero todavía no”.

Es decir, hay aplicaciones para nosotros hoy… pero su cumplimiento pleno aún está por venir. Estas profecías se cumplirán completamente durante la tribulación y con el regreso del Señor.

La advertencia a no ser engañados

Esa dinámica comienza a verse desde el versículo 8, donde Jesús dice:

“Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos.” (Lucas 21:8)

En otras palabras, no se dejen engañar por falsos maestros. El apóstol Juan escribió más adelante que ya en su tiempo habían aparecido muchos anticristos.

Así que esta es una advertencia para cada generación… en toda cultura… y en cada nación.

No te dejes engañar por personas que dicen ser profetas… que afirman hablar en nombre de Cristo… que incluso pueden citar algo de la Escritura y usar el nombre del Señor… que se presentan como representantes de Cristo, como si fueran verdaderos cristianos.

Déjame darte un ejemplo.

En Múnich, el 12 de abril de 1922, Adolfo Hitler dijo en un discurso: 

“Mis sentimientos como cristiano me señalan a mi Señor y Salvador… me señalan al hombre que reconoció a estos judíos por lo que eran y llamó a los hombres a luchar contra ellos. 

Como cristiano, leo cómo el Señor se levantó con poder y tuvo el valor de expulsar del templo a esa generación de víboras… cuán tremenda fue su lucha contra el veneno judío.” Adolfo Hitler – April 12, 1922[12]

Hitler afirmaba ser cristiano. Decía que Jesús era su Señor y Salvador. Incluso afirmaba que seguía su ejemplo. Pero en realidad… era un anticristo.

Engañó a su nación. Engañó al pueblo alemán. Usó el nombre de Jesús para justificar su odio hacia el pueblo judío.

Ahora bien, Hitler fue un anticristo… pero no fue el Anticristo. Aquí volvemos a esa idea clave: ahora, pero todavía no.

Hitler anticipó —de manera parcial— el engaño del anticristo final. Fue un ejemplo. Podríamos llamarlo un cumplimiento parcial… pero no el cumplimiento definitivo.

Hoy hay engañadores. Pero no como en ese período futuro de la tribulación, cuando el engañador se presentará abiertamente como el Señor.

Señales que anticipan el juicio final

Ahora Jesús continúa en el versículo 9:

“Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente.”

Una vez más, lo que ocurre ahora es solo un anticipo de lo que vendrá después.

Las guerras que vemos hoy… no son nada comparadas con lo que ocurrirá durante el reinado del anticristo.

Escucha esto con atención: la historia humana es, en gran medida, una historia de guerras. Así que no entres en pánico cada vez que estalla un nuevo conflicto, pensando que ya es el fin del mundo.

En este contexto, tampoco asumas que el reino de Dios está a la vuelta de la esquina simplemente porque hay otra guerra.

Se ha estimado que, en los últimos 3,500 años de historia registrada, la humanidad ha vivido guerra tras guerra. De hecho, de esos 3,500 años, solo 268 han estado libres de conflictos en alguna parte del mundo… y eso sin contar las guerras que nunca se registraron. Pero cuando la guerra nos toca de cerca… solemos pensar: “Ahora sí, este es el fin.”[13]

“Mejor compro un refugio… junto comida… esto se acaba.”

Querido oyente, lo que vemos hoy no es más que una sombra de la guerra final que vendrá sobre la tierra durante la tribulación.

Y quiero que notes algo importante: en un sentido muy real, los terremotos, las guerras, las hambrunas y los desastres naturales que vemos hoy… funcionan como el sistema de alerta temprana de Dios.

Son advertencias, pero aún no son lo peor. Lo más grande aún está por venir.

Y con eso, Jesús comienza a describir el cumplimiento pleno de estas señales, cuando esos eventos lleguen en una escala verdaderamente aterradora sobre la tierra.

Lo que Él describe a continuación corresponde con la apertura de los siete sellos de juicio en Apocalipsis capítulo 6.

Esta es una descripción de la primera mitad de la tribulación, cuando esos sellos comienzan a abrirse y el anticristo empieza a consolidar su poder.

Ahora, para aquellos que creen que el arrebatamiento de la iglesia ocurre a la mitad de la tribulación —una postura conocida como “pre-ira”—, es importante notar algo: lo que Jesús describe en esta primera mitad ya es, sin duda alguna, una manifestación aterradora de la ira de Dios sobre la humanidad.

Es el desatar de condiciones devastadoras… producto del juicio divino. Y la iglesia no está destinada a experimentar eso. Nosotros no estamos esperando la aparición del anticristo. Estamos esperando la esperanza bienaventurada… la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo (Tito 2:13).

Ahora Jesús describe la tribulación directamente, en el versículo 10:

“Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.” (Lucas 21:10–11)

Lo que Jesús está prediciendo aquí tiene un claro paralelo con lo que encontramos en Apocalipsis capítulo 6 y los capítulos siguientes, cuando comienza el período de la tribulación. Estos eventos no solo ocurrirán… sino que se intensificarán progresivamente. Y los detalles de esa manifestación de la ira de Dios son, francamente, sobrecogedores.

Ahora, observemos esto más de cerca. Volvamos al versículo 10 de Lucas 21. Allí dice:

“Se levantará nación contra nación, y reino contra reino.” (Lucas 21:10)

Nuestro mundo ha vivido en guerra prácticamente desde siempre. Pero muchas de esas guerras han sido conflictos locales o regionales… luchas por poder, territorio o recursos.

Sin embargo, a medida que se acerca el fin —y comienza la tribulación—, la escena cambia radicalmente. En Apocalipsis se describe a un jinete sobre un caballo rojo… sediento de sangre, representando guerra y destrucción a una escala nunca antes vista.

Un profesor de Nuevo Testamento lo explica así: este conflicto se extenderá por todo el mundo conocido; las naciones y los reinos estarán en abierta hostilidad unos contra otros… será un conflicto global.[14]

En otras palabras, ya no se trata de guerras aisladas. Esto será una carrera por el dominio mundial.

Y el anticristo estará liderando esa carrera… como el líder de una manada de lobos.

Luego Jesús añade, en el versículo 11:

“Habrá grandes terremotos…” (Lucas 21:11)

Una vez más, lo que experimentamos hoy es solo un anticipo – una sombra del cumplimiento de lo que será la ira de Dios derramada sobre el planeta tierra.

Desde que existe la escala de Richter —que mide la magnitud de los terremotos— se han registrado más de treinta y cinco terremotos de magnitud 8.5 o superior. 

Por ejemplo, en 2011, un terremoto en el océano Pacífico, frente a la costa de Japón, alcanzó una magnitud de 9.0. El tsunami resultante causó la muerte de 16,000 personas, dejó miles más desaparecidas y provocó un colapso nuclear en una planta cercana, obligando a evacuar a 100,000 personas. Los efectos de ese solo terremoto aún se siguen estudiando.

Lucas habla aquí en plural. Él los llama “grandes terremotos”. 

La palabra “grandes” proviene del término griego megas, de donde viene nuestra palabra “mega”. Es decir, Jesús está hablando de “mega terremotos”. Estos son eventos sísmicos de una magnitud nunca antes experimentada.

Luego añade:

“…y en diferentes lugares hambres y pestilencias.”

Las hambrunas han sido registradas en la historia desde hace al menos 500 años antes del nacimiento de Cristo. Todos los continentes las han experimentado.

Pero lo que vendrá durante la tribulación hará que todo eso parezca insignificante en comparación.

Jesús menciona también “pestilencias” que pueden traducirse como plagas.

Una vez más, lo que la humanidad ha experimentado a lo largo de los siglos funciona como una advertencia… una señal de alarma. Las enfermedades de hoy son un anticipo de las plagas que vendrán.

Piensa, por ejemplo, en la pandemia de la peste bubónica —conocida como la peste negra— que devastó Europa en el siglo XIV. Se estima que murieron 25 millones de personas.

Ahora, escucha esto con atención:

El libro de Apocalipsis indica que el hambre y las plagas llegarán a causar la muerte de una cuarta parte de la población mundial. Eso significa que, si ese período comenzara hoy no estaríamos hablando de 25 millones de personas que morirían. Morirían 2 mil millones de personas.

Finalmente, Jesús concluye esta advertencia en el versículo 11 con estas palabras:

“…y habrá terror y grandes señales del cielo.”

Esta expresión —“terror y grandes señales del cielo”— es lenguaje apocalíptico.[15]

El profeta Isaías describe parte de esto en el capítulo 13:

“Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios…” (Isaías 13:10–11)

El libro de Apocalipsis describe estos eventos cósmicos: desde lluvias de meteoritos, huracanes, hasta tormentas de granizo con piedras gigantes —bloques de hielo cuatro veces más grandes que bolas de boliche— cayendo desde el cielo.

La humanidad ha adorado durante mucho tiempo a la naturaleza, atribuyéndole poder divino y capacidad creadora. La han llamado “Madre Naturaleza”.

Durante la tribulación, será como si Dios desatara a esa “Madre Naturaleza” sobre la raza humana.

Ella fue su ídolo. La humanidad le robó al Dios Creador la adoración que solo a Él le pertenece… y se la entregó a la creación.

Y será como si Dios usara eso mismo… para juzgarlos sin misericordia.

Déjame decirte algo: no hay película del fin del mundo que siquiera se acerque a describir el horror de este derramamiento de ira sobre la tierra.

No hay búnker donde puedas esconderte.

Ochenta segundos de advertencia no servirán de nada.

Esta es tu advertencia. Esta es la señal de alerta que necesitas escuchar. Y ha estado sonando por 2,000 años… lo que significa que el fin está más cerca que nunca.

El cumplimiento de las palabras de Cristo hoy está más cerca que en cualquier otro momento de la historia.

Esto no es un escenario ficticio. No es una película. Esto es real.

Ahora Jesús dice en Lucas 21:12:

“Pero antes de todas estas cosas…”

Observa esa marca de tiempo.

Jesús acaba de describir algunos de los horrores de la tribulación… pero ahora dice: “Antes de que todo eso ocurra… algo más va a suceder.”

“Antes de la tribulación… esto va a pasar.”

Y lo que Jesús hace ahora es describir lo que le ocurrirá al creyente antes del arrebatamiento… antes de que la tribulación tenga lugar en la tierra.

Jesús está a punto de responder qué debemos esperar mientras vivimos en estos últimos días.

¿Y qué descubrimos en su respuesta?

Eso lo veremos, si el Señor lo permite, en nuestro próximo estudio.

Conclusión

Mientras tanto, aquí tienes algunas lecciones para hoy:

Primero, no te dejes engañar por falsos maestros.

Están presentes en cada generación. Son hábiles, persuasivos… pero no vale la pena escucharlos. Así que ignoralos, aléjate de ellos y mantente cerca de la Palabra.

Segundo, no te alarmes por los eventos actuales.

Esto no es el fin del mundo. No estamos esperando señales para el arrebatamiento de la iglesia. No hay nada que impida que el Señor venga por nosotros hoy.

Estos eventos se desarrollarán plenamente durante la tribulación cuando tú ya estarás a salvo en la casa del Padre con Jesús.

Pero no pierdas de vista esto:

El Señor está haciendo una predicción con completa autoridad y seguridad. La única manera en que Jesús puede predecir estos eventos con total precisión es:

  • Si Él tiene control sobre estos eventos
  • Si Él tiene control sobre la naturaleza
  • Si Él tiene control sobre las tormentas
  • Si Él tiene control sobre reyes y reinos
  • Si Él tiene control sobre el curso de la historia

Él no podría predecir el futuro si no tuviera control sobre el futuro. Pero él lo tiene.Así que descansa en Él hoy. No tienes que estar preocupado por lo que sucede hoy, o lo que pueda ocurrir mañana. ¿Por qué? Porque el Señor Jesús tiene el control.


[1] Adapted from Michael Nicholson, “It’s the End of the World as We Know It: The Apocalypse in Popular Culture,” Mockingbird blog (12-4-15)

[2] Douglas Rushkoff, Present Shock (Penguin Group, 2013), p. 245

[3] Catherine Garcia, “The entire West Coast is now covered by an earthquake early warning system,” The Week (5-6-21); Rong-Gong Lin II, “In major milestone, U.S. earthquake early warning system now covers

entire West Coast,” The Los Angeles Times (5-4-21)

[4] R. Kent Hughes, Luke: Volume 2 (Crossway Books, 1998), p. 296

[5] Bruce B. Barton, Life Application Bible: Luke (Tyndale House, 1997), p. 471

[6] Dale Ralph Davis, Luke: The Year of the Lord’s Favor (Christian Focus, 2021), p. 146

[7] J. Dwight Pentecost, The Words and Works of Jesus Christ (Zondervan, 1981), p. 397

[8] Adapted from Ivor Powell, Luke’s Thrilling Gospel (Kregel Publications, 1965), p. 433

[9] Barton, p. 473

[10] Adapted from Barton, p. 480

[11] Warren W. Wiersbe, Be Courageous (Victor Books, 1989), p. 94

[12] Douglas Sean O’Donnell, Matthew (Crossway, 2013), p. 684

[13] Hughes, p. 297

[14] Stanley D. Toussaint, Behold the King: A Study of Matthew (Kregel, 1980), p. 271

[15] Charles R. Swindoll, Insights on Luke (Zondervan, 2012), p. 471

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


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Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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