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La expectativa correcta de la vida antes del fin

A veces nuestras expectativas de la vida cristiana no reflejan lo que Jesús realmente enseñó. Tendemos a pensar en estabilidad, tranquilidad o comodidad, pero en este estudio descubrimos que Él preparó a Sus discípulos para algo muy diferente. En Lucas 21, Jesús no solo describe los eventos del fin del mundo, sino que también define con claridad lo que Sus seguidores deben esperar antes de que ese día llegue. A través de esta enseñanza, somos confrontados a examinar nuestras propias expectativas y a alinearlas con la perspectiva de Cristo. Descubramos juntos cómo vivir con una expectativa firme, sostenida no en las circunstancias, sino en las promesas seguras de Dios.

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Una fe bajo presión

Hace unos meses leí un artículo publicado en el New York Times. Trataba sobre la persecución de cristianos en la India, un país mayoritariamente hindú.

A menudo pensamos en la persecución de creyentes en el Medio Oriente —y con razón—, pero fácilmente pasamos por alto la creciente persecución en lugares como India.

El artículo relata la historia de un pastor fiel, Vinod Patil. Las autoridades le cerraron la iglesia, y les ordenaron a los 400 miembros que no volvieran a reunirse. Al pastor le advirtieron que, si lo encontraban predicando otra vez, lo matarían.

El artículo describe un día típico en la vida de este pastor, que ahora está pastoreando una iglesia en secreto:

Sale de su casa en silencio, nunca en grupo. Se sube a una pequeña motocicleta Honda y avanza entre pueblos pequeños y campos de trigo ásperos, con la Biblia escondida dentro de su chaqueta. Revisa constantemente los espejos para asegurarse de que nadie lo siga.

En un frío día de invierno, el pastor Patil llegó a una reunión secreta en un granero. Entró rápidamente. Los miembros de la iglesia lo esperaban sentados sobre una alfombra polvorienta que olía a ovejas

Cuando dio un paso al frente, un perro ladró afuera, y alguien susurró con temor:

“¿Qué fue eso?”

El pastor Patil los tranquilizó: “Dios está en control, pase lo que pase.”

Luego abrió su Biblia en hindi, ya gastada por el uso, y puso sus dedos en Lucas 21, un pasaje para una congregación temerosa, pero fiel.

Con la voz temblorosa, leyó:

“Os echarán mano, y os perseguirán… y a algunos de vosotros matarán… y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.”[1]

Lo que este pastor leía esa noche es la expectativa del creyente. Esta es la profecía del Señor Jesús. Y, de hecho, ha sido la realidad de la iglesia a lo largo de los últimos dos mil años.

La libertad que hoy disfrutamos como iglesia en muchos de nuestros países es algo inusual en la historia. Es un privilegio poco común. Y es algo por lo que debemos estar profundamente agradecidos… sin darlo por sentado.

El panorama profético

Jesús ha comenzado a presentar Su gran discurso profético, conocido como el Discurso del Monte de los Olivos. El capítulo 21 de Lucas —el mismo que el pastor Patil leyó en aquel granero— es el texto que estaremos estudiando hoy.

Gran parte de este capítulo corre en paralelo con lo que dice Mateo 24–25 y Marcos 13. En esencia, Jesús está describiendo los eventos que en Apocalipsis 6 se presentan como la apertura de los siete sellos, al inicio del período de la tribulación.

Todo se intensifica durante ese tiempo.

En Lucas 21:10, el Señor habla de guerras a escala global. No son los conflictos locales ni guerras continentales como las que hemos visto en la historia. Está hablando de guerra mundial… la sangre se derrama por todas partes.

Mientras que la tierra ha experimentado terremotos antes, en el versículo 11 Jesús habla de grandes terremotos. El término griego es mega. Es decir, terremotos de una magnitud nunca antes vista. Mega terremotos.

También habrá hambre y pestilencias a nivel mundial —tan intensas y devastadoras— que una cuarta parte de la población del mundo morirá a causa de ellas. Si eso ocurriera hoy, estaríamos hablando de aproximadamente dos mil millones de personas muriendo en cuestión de meses.

Jesús está describiendo lo que Apocalipsis llama la apertura del sexto sello de juicio.

Y al abrirse ese sexto sello, dice Lucas 21:11:

“habrá terror y grandes señales del cielo.”

El libro de Apocalipsis describe estas perturbaciones cósmicas. Por ejemplo, el sol se oscurece… y lluvias de meteoritos golpean la superficie de la tierra.

Registros históricos cuentan que, en 1909, un asteroide impactó una zona poco poblada en Siberia. Fue como una bomba atómica: arrasó todo en un área de más de 1.800 kilómetros cuadrados. Para ponerlo en perspectiva, Ciudad de México tiene unos 1500 km cuadrados y Bogotá casi 1800. Imagine, un solo asteroide pudo causar una destrucción de esa magnitud. 

Eso es apenas una pequeña muestra de lo que Jesús está describiendo.

No es posible defenderse contra algo así. Recuerdo que, cuando le preguntaron a un científico de la NASA qué se podía hacer ante el impacto de un asteroide, respondió con cierta ironía:

“Lo mejor que podemos hacer… es tratar de no pensar en eso.”

Pero en ese día, nadie podrá ignorarlo.

Con la apertura del sexto sello, y con más devastación desatada por la ira de Dios, la mayor parte de la humanidad llegará a una conclusión correcta: esto es juicio divino.

De hecho, el apóstol Juan escribe en Apocalipsis 6:16 que, aun después de reconocerlo, las personas se negarán a arrepentirse. Preferirán morir antes que humillarse delante de Dios. 

Juan escribe que clamarán a los montes y a las rocas:

“Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado.” (Apocalipsis 6:16-17)

“La ira del Cordero ha llegado.”

En griego esta frase no implica que recién en ese momento comienza la ira de Dios, sino que todo lo ocurrido hasta ese punto ya se entiende como parte de esa ira.

En otras palabras, la humanidad reconocerá que todo lo que ha sucedido —la guerra global, el derramamiento de sangre, los terremotos descomunales, el hambre, las pestilencias, y ahora los asteroides— no es otra cosa que el juicio evidente de Dios.

Aquí en Lucas 21, Jesús está dando una advertencia.

Y esa advertencia tiene ya dos mil años.

¿La has escuchado?

¿Has hecho algo al respecto?

¿Has corrido al único lugar seguro… Cristo?

Él salvará a los suyos de la ira venidera, arrebatando a Su iglesia antes de ese tiempo.

Ahora Jesús añade algo clave en Lucas 21:12:

“Pero antes de todas estas cosas…”

Ahí es donde nos detuvimos en nuestro último estudio.

Esa expresión marca el tiempo. O sea, antes de que se desate la ira de Dios en la tribulación… antes de todas estas catástrofes esto es lo que puedes esperar como creyente.

La expectativa del creyente hoy

Jesús, en esencia, está dando un resumen de lo que será la historia de la iglesia que lleva más de dos mil años hasta el día de hoy. Esta es la expectativa para el creyente hasta el arrebatamiento.

Vamos a organizar esta enseñanza en seis características. La primera la llamaremos:

Persecución general

Observa cómo comienza el versículo 12:

“Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán…” (Lucas 21:12a)

Esa debe ser tu expectativa.

“Echarán mano” se refiere a arrestarte, detenerte. Quieren sacarte del camino. El mundo va a querer silenciarte para que no compartas el evangelio.

Como bien señaló el comentarista Dale Davis, el mundo puede sonreír ocasionalmente ante los cristianos, pero a lo largo de la historia, los creyentes han sido objeto de desprecio, burla y enojo constante.[2]

Burla.

Odio.

Ridiculización.

Rechazo.

Exactamente como Jesús lo predijo.

Piensa en Celso, un filósofo antiguo que escribió un libro titulado La Palabra Verdadera, burlándose deliberadamente de la Palabra de Dios. Fue uno de los primeros ataques sistemáticos contra el cristianismo.

Él escribió con desprecio y odio:

“Nadie que posea un poco de cultura, sabiduría o sensatez se hace cristiano; los cristianos solo convencen a gente ignorante, esclavos, mujeres pobres y niños… esos son los únicos a quienes logran convertir.” Ibid, p 148[3]

Jesús dijo que así sería. Él predijo este tipo de hostilidad diabólica. Es una oposición profundamente influenciada por el enemigo.

La persecución general no es la excepción en la vida cristiana… es la expectativa.

En segundo lugar, podemos esperar:

Presión gubernamental

Observa la parte central del versículo 12:

“Os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles…” (Lucas 21:12b)

Para la iglesia primitiva, esta predicción se cumplió de inmediato.

Estos primeros creyentes judíos serían arrestados y entregados a las autoridades religiosas. En ese tiempo, los tribunales locales funcionaban en las sinagogas.[4]

Ahora imagina lo que eso significaba. Lo doloroso que era todo eso. Ellos habían crecido en la sinagoga… formaban parte de esa comunidad… y luego, por seguir a Cristo, los llevan como prisioneros a ese mismo lugar donde ahora lo juzgan… y de ahí, directo a la cárcel.

Pero la escena no termina ahí. Jesús añade al final del versículo 12:

“y seréis llevados ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.” (Lucas 21:12c)

Es decir, la persecución no sería solo religiosa… también sería política. Autoridades regionales condenarán a los cristianos. La cultura se burlará de ellos. Las naciones prohibirán el cristianismo.

Y esto no tardó en cumplirse. Apenas unas décadas después de estas palabras en Lucas 21, un emperador romano comenzó a atar cristianos a postes, cubrirlos con brea y prenderles fuego para alumbrar sus fiestas nocturnas.

Un siglo más tarde, otro emperador ordenó quemar todas las copias de las Escrituras, destruir los templos, y ejecutar a todo cristiano que no negara su fe.

Y hoy, dos mil años después, la historia sigue repitiéndose. Se estima que más de 100.000 cristianos son martirizados cada año… y la cifra no disminuye.

La persecución por parte del gobierno sigue activa en países como China, Corea del Norte, Turquía, Pakistán, Sudán, Somalia, Nigeria, Irán, India y Libia.

En todo el mundo, hay sanciones, castigos y procesos judiciales contra creyentes… muchos de ellos terminan en prisión de por vida o incluso son sentenciados a muerte.

Leí de un caso ocurrido hace poco en Afganistán. Una iglesia clandestina se estaba reuniendo. Una mujer de esa congregación llamó a una amiga cuya iglesia estaba orando por ellos. Sus últimas palabras fueron estas:

“Sentimos sus oraciones porque todos tenemos una valentía sobrenatural. Estamos cantando esta noche incluso mis hijos me han dicho: ‘Mamá, no vamos a negar a Jesús’.”

En ese momento, soldados irrumpieron en la reunión.

Se escucharon disparos.

Y todos los miembros de esa iglesia murieron esa noche.

Pero piensa en esa valentía. Gozo. Cantando al Señor Jesucristo en medio del peligro.

Entonces, vale la pena preguntarnos:

¿De qué nos quejamos hoy?

¿Qué tan difícil creemos que es nuestra vida?

Asegurémonos de no leer la Biblia con lentes culturales cómodos… sino con los ojos de Jesús, quien dijo: “Esto es lo que puedes esperar de la vida.”

En la historia de la iglesia, vivir sin experimentar persecución —general o gubernamental— es la excepción, no la norma.

Ahora bien, lo más sorprendente es lo que Jesús dice a continuación. Uno pensaría que, después de una advertencia así, Él diría algo como: “Lo siento mucho… lamento que van a tener que recibir ese trato tan injusto.”

Pero no.

Gran oportunidad

Jesús dice en el versículo 13:

“Esto os será ocasión para dar testimonio.” (Lucas 21:13)

Espera un momento… ¿qué?

“Esto va a ser una gran oportunidad para dar tu testimonio”

Es decir, en la matemática divina: Persecución general + presión gubernamental = una gran oportunidad.

El Señor, en esencia, está diciendo: “Piénsalo. Vas a estar frente a un juez, un rey o un gobernador ¡y tendrás una audiencia!”[5]

No podrán irse. No podrán ignorarte. Tendrán que escuchar lo que tienes que decir.

Y no pierdas esto de vista: Jesús no está prometiendo que podrás defenderte con éxito. No se trata de obtener justicia en esta tierra. Se trata de dar testimonio de Él.

Aquí está la implicación para el creyente: Dios nos ha destinado a enfrentar dificultades… y la dificultad abre la puerta a la oportunidad. Una oportunidad para el avance del evangelio de Cristo.

Hace poco terminé un libro publicado hace poco sobre la vida de Corrie ten Boom. Se titula La hija del relojero. Es un relato detallado de los esfuerzos de su familia por rescatar judíos durante la guerra, su negocio familiar, su arresto… y su deportación a campos de concentración.

Corrie y su hermana Betsie ten Boom soportaron un sufrimiento indescriptible.

El lugar donde estaban alojadas estaba lleno de cientos de mujeres… y completamente infestado de pulgas.

Corrie se quejaba. Pero Betsie veía algo distinto. Ella lo interpretó como una bendición, porque las pulgas mantenían alejados a los guardias durante la noche.

Habían logrado introducir de contrabando un Nuevo Testamento. Y fue Betsie, otra vez, quien vio la oportunidad: tenían una audiencia cautiva… literalmente.

No pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a tener cuatro reuniones cada noche con esas mujeres… y muchas respondieron al evangelio.

La adversidad puede abrir la puerta a la oportunidad.

Ahora bien, Jesús sabía que Sus discípulos reaccionarían con temor ante la idea de presentarse ante reyes y gobernadores para dar defensa en un juicio. Después de todo, eran en su mayoría galileos sin educación formal.

Así que Jesús introduce una cuarta característica de la vida del discípulo. Podemos llamarla:

Testimonio inspirado

Observa lo que dice el versículo 14:
“Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan” (Lucas 21:14-15)

En otras palabras, los discípulos no necesitarán memorizar un discurso elocuente ni preparar una defensa sofisticada para salir de una situación difícil en un tribunal.[6]

El Señor promete darles, en el momento preciso… las palabras correctas.

Ahora, por cierto, esto no es una excusa para que un pastor o maestro de la Biblia deje de estudiar.

Este versículo no respalda a alguien que diga:
“No necesito prepararme; Dios me dará las palabras cuando suba a predicar.”

Francamente, a Dios se le atribuyen muchos sermones malos.

Esta promesa no es para predicadores que no estudian… ni para los que pierden sus notas.

Recuerdo una vez, un domingo, que estaba detrás del escenario disfrutando la música cuando de pronto me di cuenta de que no tenía mi Biblia.

Y créeme… no tengo memoria fotográfica. Para mí, mis notas son esenciales. Tienen los pasajes que voy citando, ilustraciones, puntos principales, citas de otros autores… me ayudan a mantener el rumbo, especialmente porque tengo que predicar varias veces el mismo día.

Miré debajo de mi silla… nada. Miré el púlpito… tampoco estaba ahí. Esto era un problema serio.

Estábamos en la última canción.

Llamé de inmediato al equipo de seguridad… avisaron al equipo de bienvenida… todos se movilizaron.

Fueron a mi camioneta… nada. Revisaron detrás del escenario… nada. Entraron al cuarto de oración… nada.

Para ese momento, ya estaba entrando en pánico. No podía recordar ni mi propio nombre.

Llegamos a la última estrofa… y ningún hermano aparecía con la Biblia. Yo estaba orando… prácticamente volviendo a consagrar mi vida.

Mi mente iba a mil por hora. Sabía que no podía improvisar… esta congregación es demasiado perceptiva para eso.

Terminó la canción.

Nadie.

Empiezo a caminar hacia el púlpito… y te aseguro que no estaba esperando que Dios “llenara mi boca”. Sabía que este versículo no se refería a eso.

De hecho, ya estaba planeando hacer una oración larguísima por cada misionero… empezando por el apóstol Pablo.

Pero justo cuando me acercaba al púlpito, vi que un hermano viene corriendo hacia mí… con mi Biblia en la mano.

Después me dijeron que la encontró en el baño de hombres. (Eso quizás no querías saberlo.)

Subió las escaleras y me la entregó en plena marcha… justo cuando llegaba al púlpito. Fue un pase perfecto.

Yo escuché al coro celestial cantando el Aleluya.

La congregación nunca se enteró.

Ese domingo estuve muy cerca de terminar la reunión temprano.

Este pasaje no trata de perder tus notas.

Lo que Jesús promete aquí es algo distinto: El promete discernimiento providencial. No para los momentos en que decides no prepararte… sino para aquellos momentos en los que no pudiste prepararte.

Permíteme explicarlo con claridad: Cuando no tienes tiempo para prepararte… Dios ya ha estado obrando para prepararte.

Cuando no puedes alistarte… descubrirás que Dios ya te ha alistado.

Ahora bien, ten presente algo importante: Jesús no está prometiendo que, por darte palabras, vas a salir libre. Esto no es un pase para evitar la cárcel ni el martirio. De hecho, Jesús no promete sacarnos de esas situaciones… promete que seremos entregados.

Y lo más sorprendente es enterarse por quién…

El versículo 16 presenta la quinta característica en la vida del discípulo. Podemos llamarla:

Traiciones profundas

Ahora el versículo 16 dice:

“Mas seréis entregados aun por padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.” (Lucas 21:16-17)

Tal vez tú ya has experimentado algo de esto. Quizás tu fe en Cristo ha provocado una ruptura en tu familia. Tal vez perdiste amistades cercanas o una oportunidad laboral. Quizás eres la persona “diferente” en tu trabajo. Sabes lo que es la burla o incluso el odio y rechazo.[7]

Jesús diría: “Eso es lo que debes esperar de la vida.”

Ahora, el Señor concluye Su descripción con la sexta característica:

Victoria garantizada

El versículo 18 dice:

“Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.” (Lucas 21:18-19)

Jesús no está diciendo que vas a ganarte el cielo por medio del sufrimiento. Está describiendo algo distinto: el sufrimiento revela quién es un creyente genuino… y quién solo sigue a Cristo cuando le conviene.[8]

Hay muchos que dicen seguir a Cristo, pero solo si vale la pena. El verdadero creyente lo sigue porque está convencido de que Cristo vale la pena pase lo que pase.

Aquí Jesús está prometiendo una herencia futura en el cielo. Puedes ser perseguido… torturado… incluso martirizado… pero tu cuerpo glorificado no perderá ni un solo cabello.

Tu cuerpo será resucitado… reunido con tu espíritu —que fue inmediatamente a la presencia del Señor al morir— y ese cuerpo eterno, glorificado, perfecto… no tendrá ninguna pérdida.

No perderemos ni un solo cabello. Algunos vamos a recuperar todo cabello

Me gusta como el pastor J. C. Ryle lo expresó hace más de un siglo:

“Todo lo que un cristiano sufra, no puede dañar lo más importante; nuestra vida está escondida con Cristo; nuestro tesoro en el cielo no puede ser quitado; nuestra alma está fuera del alcance del daño.”[9]

Y John Phillips lo resumió de esta manera:

“No importa lo que hayas sufrido… entrarás al cielo, por así decirlo, sin daño alguno.”[10]

Sí, esto anima profundamente a quienes enfrentan persecución, cárcel o muerte.

Pero esta es la perspectiva que Jesús quiere para todos nosotros. Esto es lo que debemos esperar de la vida:

  • Persecución general
  • Presión gubernamental
  • Gran oportunidad
  • Testimonio inspirado
  • Traiciones profundas
  • Victoria garantizada

Conclusión

Quiero terminar con el testimonio de una misionera. Ella formaba parte de un equipo que servía en Afganistán, ayudando a refugiados con asistencia humanitaria y compartiendo el evangelio.

Un día, mientras viajaban por una carretera, fueron emboscados por militantes.

Todos murieron… excepto uno.

Una de las que murió tenía 38 años. Sabía que estaba en un lugar peligroso. Sabía que podía costarle la vida. Antes de morir, envió una carta escrita a mano a su pastor y a su iglesia. Pidió que la leyeran en caso de que muriera en el campo misionero.

Esa carta se leyó en su funeral.

Decía así:

“Queridos pastores y familia de la iglesia:

Están leyendo esta carta en el caso de que haya muerto.

Gracias por invertir en mi vida y en mi crecimiento espiritual.

Sigan formando buenos pastores.

Sigan enviando misioneros.

Cuando Dios llama, no hay remordimientos.

Yo no fui llamada a un lugar… fui llamada a Él.

Obedecer era mi objetivo.

Sufrir era de esperarse.

Y ahora… Su gloria es mi recompensa.”

Ese… es el testimonio de alguien que entendió lo que significa vivir con victoria garantizada.Así que camina con confianza: aunque el camino incluya dificultad, en Cristo… la victoria ya está asegurada.


[1] Jeffrey Gettleman and Suhasini Raj, “Inside the Persecution of India’s Christians,” The New York Times (12-22-21)

[2] Adapted from Dale Ralph Davis, Luke: The Year of our Lord’s Favor (Christian Focus, 2021), p. 148

[3] Ibid, p 148

[4] Bruce B. Barton, Life Application Bible: Luke (Tyndale House, 1997), p. 475

[5] Davis, p. 148

[6] David E. Garland, Zondervan Exegetical Commentary on the New Testament: Luke (Zondervan, 2011), p. 831

[7] Adapted from Barton, p. 478

[8] Adapted from Barton, p. 477

[9] J.C. Ryle, Expository Thoughts on the Gospels: Luke (Evangelical Press, original pub. 1879; reprint, 1975), p. 330

[10] John Phillips, Exploring the Gospel of Luke (Kregel, 2005), p. 257

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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