Las alarmas del mundo
En 1945, Albert Einstein, J. Robert Oppenheimer y un grupo de científicos que habían trabajado en la creación de la bomba atómica fundaron un consejo especial. El propósito de este consejo era evaluar qué tan cerca estaba la raza humana —y el planeta Tierra— de una catástrofe global. Analizaban el armamento nuclear, los patrones climáticos mundiales, la contaminación, y las amenazas biológicas y tecnológicas.
Dos años después, Einstein y los demás científicos crearon lo que llamaron el “Reloj del Juicio Final”. Usando la imagen de un reloj cuyo tiempo se agota, mientras más se acercaban las manecillas a la medianoche, más cerca estaría la humanidad de una destrucción global. Cada año, según sus conclusiones, ajustaban la hora de este reloj simbólico.
La primera vez que fijaron el reloj fue en 1947, y lo dejaron a siete minutos de la medianoche.
Este consejo —ahora conocido como “La Junta de Ciencia y Seguridad”— continúa reuniéndose anualmente para evaluar la vulnerabilidad de la existencia humana y la condición del planeta.
La junta recibe asesoramiento de científicos destacados, académicos y expertos en diversos campos, incluyendo nueve ganadores del Premio Nobel.
En 1960, colocaron el reloj a siete minutos de la medianoche.
En 1972: a doce minutos.
En 1988: a seis minutos.
En 1991: a diecisiete minutos. Evidentemente, fue un buen año; de hecho, coincidió con el fin de la Guerra Fría.
En 2002, lo adelantaron nuevamente a siete minutos de la medianoche.
En 2015, lo fijaron a tres minutos, debido a lo que llamaron “el cambio climático fuera de control”.
En 2017, pasó a dos minutos.
Y en 2024, ajustaron las manecillas a noventa segundos de la medianoche: la posición más cercana en toda su historia.
En su declaración oficial dijeron:
“Los miembros de la Junta de Ciencia y Seguridad están profundamente preocupados por el deterioro del estado del mundo. Por eso hemos fijado el Reloj del Juicio Final a 90 segundos de la medianoche, porque la humanidad enfrenta un nivel de peligro sin precedentes.”
En otras palabras, las señales parecen estar por todas partes. Según ellos, podríamos estar a solo noventa segundos del fin del mundo.
Y la verdad es que todo el mundo está buscando señales. Incluso en el ámbito religioso, pareciera que cada acontecimiento se interpreta como una señal más del fin.
Esta semana, mientras escribía en mis notas todas estas fechas y números del reloj, mi nieta de tres años entró a mi oficina y vio la pequeña calculadora que estaba sobre mi escritorio. Me preguntó si podía jugar con ella, y le dije: “Claro… el sermón puede esperar.”
Le mostré cómo presionar los números y cómo verlos en la pantalla. Ella apretó algunas teclas y luego salió de la habitación.
Cuando miré la calculadora, había escrito el número 666.
Bueno… ¡eso sí parecía una señal!
El verdadero origen del juicio final
Ahora, dejando las bromas de lado, la verdad sobre el destino de la humanidad es un tema serio. La raza humana y el planeta tierra realmente se acercan a un día de juicio. El reloj ha estado avanzando durante casi dos mil años, recordándonos que el tiempo del juicio de Dios sobre la humanidad se acerca —ese período que la Biblia describe como la tribulación.
Mientras que este consejo actual y su “Reloj del Juicio Final” están preocupados por una destrucción nuclear del planeta, la Biblia nos dice que, al final de la tribulación, el anticristo liderará a muchas naciones del mundo en una marcha contra Israel. La población de la Tierra seguirá viva… y tan desafiante contra Dios como siempre.
Hace poco, el secretario general de las Naciones Unidas dijo que el Reloj del Juicio Final ya no es solo un reloj, sino una alarma. Principalmente por el cambio climático, que —según dicen— provocará el agotamiento de los recursos naturales, como los árboles, el agua y la vegetación.
Curiosamente, la Biblia sí describe pérdidas catastróficas de recursos naturales y cambios climáticos que ocurrirán —escucha esto— durante el período de la tribulación. Y todo sucederá rápidamente.
Apocalipsis 8 dice que una tercera parte de los árboles será destruida, lo que implica que hasta ese momento todavía habrá abundancia de árboles sobre la tierra. El versículo 7 también describe cómo se quemará una tercera parte de la hierba verde y de la vegetación, que hasta entonces seguirá sosteniendo el suministro de alimentos del mundo.
El capítulo 8 también dice que una tercera parte del agua dulce de ríos y lagos se volverá tóxica —imposible de beber— por la mano de Dios, no por la mano del hombre.
Piensa en esto: durante la tribulación, Dios contaminará más agua de la que la humanidad jamás haya contaminado. Dios destruirá más árboles de los que el hombre jamás haya plantado.
El capítulo 8, versículo 8, nos dice además que una tercera parte del océano se convertirá en sangre.
Mucho de esto reflejará, en cierto sentido, las plagas que cayeron sobre Egipto cuando Dios juzgó a esa nación. Pero este escenario de juicio final llamado la tribulación será global… y millones de veces más devastador.
El día del juicio viene, pero no de la manera en que el mundo lo imagina.
Este consejo científico cree —como millones de personas hoy— que la humanidad destruirá la tierra; que el hombre debe temerle al hombre.
Pero según la Biblia, a quien debemos temer es a Dios. Él es quien traerá el verdadero juicio sobre la humanidad.
Será una devastación catastrófica mientras Dios prepara al mundo para el reino de Su Hijo.
Quizás estés pensando que últimamente he visto demasiadas películas sobre el fin del mundo.
No. Lo que pasa es que últimamente he estado estudiando Lucas 21… contigo.
Y resulta que el juicio final es precisamente el tema del sermón que Jesús está predicando en el Monte de los Olivos.
Hemos estado estudiando las profecías del Señor aquí en Lucas 21, y te invito a regresar una vez más a este pasaje.
Llegamos hoy al versículo 25, donde Jesús mira hacia el futuro y comienza a describir lo que ocurrirá durante el período de la tribulación, después del arrebatamiento de la iglesia.
Jesús está respondiendo a esta pregunta: ¿qué sucederá cuando llegue el juicio final? ¿Qué ocurrirá cuando el reloj marque la medianoche y el juicio de la ira de Dios comience a derramarse?
Y quiero adelantarte algo: las catástrofes globales que Jesús está a punto de describir no tendrán nada que ver con el calentamiento global, el derretimiento de los polos, las bombas nucleares, ni con la contaminación producida por la humanidad.
Todo esto no vendrá del hombre.
Vendrá de la intervención sobrenatural de Dios ejecutando Su juicio.
Y la humanidad sabrá que viene de Dios.
En un momento te mostraré por qué.
Por ahora, quiero dividir nuestro estudio en tres secciones. Y llamaremos a esta primera sección:
El caos cósmico
Jesús dice aquí en el versículo 25:
“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes… bramando el mar y las olas… porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” Lucas 21:25-26
Podríamos llamar a esto un caos cósmico, y será algo nunca antes visto.
Jesús dice aquí, en el versículo 25, que habrá señales en el sol, la luna y las estrellas.
Hoy en día, muchas personas intentan leer mensajes en la alineación de las estrellas. Algunos cristianos bien intencionados van a Génesis 1:14, donde se nos dice que las estrellas fueron dadas por señales. Y entonces elaboran toda clase de interpretaciones proféticas basadas en constelaciones y movimientos astrales.
Pero la palabra “señales” no se refiere a fuentes de dirección o sabiduría, y ciertamente tampoco a alguna influencia sobre la vida, la personalidad o el destino de las personas.
Una “señal” simplemente significa que las estrellas son evidencia de su Creador. Son una señal visible, un símbolo de Su poder.
La misma palabra se utilizó para las plagas de Egipto, cuando Moisés le dijo al pueblo de Israel que aquellas plagas eran “señales” de parte de Dios (Deuteronomio 29:3).
Es decir, eran señales que anunciaban el juicio de Dios.
La astronomía es una ciencia maravillosa dedicada a descubrir los rincones más lejanos del universo. Pero la astrología es algo completamente distinto.
La astrología enseña que las estrellas tienen poder sobre tu vida y la mía. Y esa idea se remonta hasta Babilonia y los caldeos, quienes desarrollaron originalmente el zodiaco. Ellos dividieron el cielo en secciones y atribuyeron a cada constelación la capacidad de determinar la vida de las personas.
Hace apenas unos días vi en internet una tabla que sugería que las personas de cierto signo zodiacal debían casarse con personas de otro signo específico, porque sus signos determinarían el tipo de matrimonio que tendrían.
Hoy en día, una de cada tres personas en Estados Unidos cree, al menos hasta cierto punto, que las estrellas tienen influencia sobre sus vidas; que de alguna manera ofrecen dirección para las decisiones de la vida.
Tan solo en Estados Unidos, las personas gastan más de dos mil millones de dólares al año en lo que llaman “servicios místicos”: horóscopos, cartas del tarot, lectura de manos y mucho más.
Fue en 1930 cuando apareció la primera columna astrológica en un periódico, justo después del colapso de la bolsa de valores. Y nuevamente, después de la crisis financiera del 2008, hubo un enorme aumento en la búsqueda de servicios místicos como la astrología y los horóscopos.
Leí recientemente un artículo que decía que astrólogos estaban recibiendo llamadas de banqueros de Wall Street pidiendo consejos.
Uno de esos astrólogos dijo:
“Todo aquello en lo que la gente confiaba se estaba derrumbando, y las personas querían saber: ‘¿Qué está pasando en mi vida? Nada tiene sentido.’”[1]
En lugar de acudir a las Escrituras, las personas están buscando respuestas en las estrellas.
Pero Jesús acaba de anunciar el fin de la astrología. Vendrá un día cuando el sol, la luna y las estrellas, por así decirlo, se volverán contra la humanidad.
Sus patrones cósmicos se alterarán y se volverán caóticos. Los horóscopos dejarán de tener sentido cuando la luz de las estrellas comience a apagarse.
El profeta Joel describe estos días de tribulación escribiendo que el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas perderán su resplandor (Joel 2:10, 31; 3:15).
La humanidad ha buscado sabiduría y dirección en cada rincón de la naturaleza. Le ha dado atributos divinos a la naturaleza y al cosmos. Ahora se supone que el universo puede escucharte y responderte; que las palabras que pronuncias “al universo” crean tu propia realidad.
El verdadero problema es este: la humanidad prefiere acudir a las estrellas antes que al Salvador. Pero, cuando llegue el juicio final, Dios va a apagar las luces.
El otro día miré mi calendario y noté que se acercaba el “Día de la Tierra”.
Así que entré a internet para investigar un poco sobre el Día de la Tierra.
Había demasiado material para leer. Pero leí lo suficiente como para estremecerme al ver cómo tantas religiones del mundo viven engañadas y en abierta rebeldía contra el Dios Creador, atribuyéndole al planeta poderes que solo pertenecen a Dios.
Alrededor del mundo, decenas de millones de personas están participando en ceremonias y servicios religiosos relacionados con el Día de la Tierra.
Encontré introducciones de sermones temáticos sobre la tierra para pastores; revisé algunas, pero ninguna encajaba con Lucas 21.
Incluso existe un compromiso para firmar, animando a la congregación a usar menos plástico.
También hay materiales para escuela dominical infantil. Vi un video animado donde la tierra aparecía dibujada como un pequeño hombrecito sosteniendo un cartel que decía: “¡Sálvenme!”
Existen canciones para que las congregaciones las canten, ya seas budista o bautista, musulmán o metodista.
La Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos, por ejemplo, ofrece recursos para “generar conversaciones significativas en tu iglesia y pasos prácticos para enfrentar la crisis del plástico en tu vida.”
Escuché una de las canciones más populares recomendadas para el “domingo de la tierra”, y terminaba invitándonos a todos “a enamorarnos de la tierra”.
Ahora bien, no me malinterpretes. Yo amo la belleza, la complejidad y el diseño de la naturaleza. Pero todo eso me debe llevar a admirar a mi Creador, a amar a mi Creador y a adorar a mi Creador al ver la maravillosa obra de Sus manos.
Y mientras tanto, debemos ser buenos administradores de la tierra que Dios creó para nosotros. No hay nada sabio ni correcto en arrojar plástico al océano, maltratar animales o destruir irresponsablemente el medio ambiente.
El problema es que la humanidad ha adoptado una actitud de soberanía, pensando que nosotros somos quienes vamos a salvar el planeta.
Escucha, Dios va a destruir este planeta.
Solo lee tu Biblia.
Y luego, al final de Su reino milenial, Él creará uno nuevo. Un cielo nuevo y una tierra nueva, libres del pecado y preparados para la eternidad, para que los exploremos y disfrutemos para siempre (Apocalipsis 21).
Disfrutaremos de la creación y de la naturaleza como hoy ni siquiera podemos imaginar.
Pero por ahora, la humanidad le ha dado la espalda a Dios el Creador y, en su idolatría de la madre naturaleza —como dice Romanos 1— ha adorado a la creación en lugar del Creador.
Y Jesús está anunciando aquí que un día Dios volverá los ídolos de la naturaleza contra la humanidad, con consecuencias aterradoras.
Cuando comience la tribulación y llegue el juicio final, déjame decirte algo: ese será el fin del Día de la Tierra.
Los ídolos de la naturaleza se derrumbarán bajo el juicio de Dios.
Ahora bien, ¿qué sucederá durante este caos cósmico, según las predicciones de Jesucristo?
Llamemos a esta segunda sección del sermón del Señor Jesús:
Pánico global
Regresa conmigo a la mitad del versículo 25, donde Jesús dice:
“…y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas.” Lucas 21:25
Evidentemente, los cambios que Dios provocará en la luna y el sol producirán alteraciones enormes en las mareas.
Jesús dice que las olas estarán rugiendo. Serán gigantescas. Y junto con los grandes terremotos que Él ya mencionó en el versículo 11, sin duda habrá tsunami tras tsunami.
Muy posiblemente, Jesús se refiere aquí a esas olas aterradoras.
Francamente, ni siquiera podemos imaginar la combinación de todos estos eventos:
fragmentos astrales cayendo del cielo —literalmente encendidos en fuego al entrar en la atmósfera terrestre— golpeando el planeta con la fuerza de bombas nucleares;
un tsunami tras otro;
y, como predice Apocalipsis, una tercera parte de todos los barcos del mundo destruida.
Los sistemas de distribución de alimentos colapsarán, y el hambre y las enfermedades se extenderán rápidamente por toda la tierra.
Durante esos siete años de tribulación habrá caos cósmico… y pánico global.
Jesús agrega en el versículo 26:
“Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” Lucas 21:26
En la descripción paralela de Apocalipsis capítulo 6, el apóstol Juan nos entrega más detalles sobre este período. Él escribe:
“Y hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra… Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla se removió de su lugar.
Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” Apocalipsis 6:12-17
El juicio final habrá llegado.
Y ahora la raza humana comprenderá que todo esto proviene de la ira de Dios.
El tiempo verbal de la expresión “su ira ha llegado” indica que ellos entenderán que todo lo ocurrido hasta ese momento —el hambre mundial, las guerras entre naciones y todas las demás catástrofes— formaba parte del juicio divino.
Pero aun así, no se arrepentirán.
Así que correrán a esconderse.
Preferirán esconderse en una cueva antes que rendirse a los pies de Cristo.
Preferirán clamarle a las rocas antes que correr hacia la Roca eterna.
Pero Dios, en Su misericordia, todavía le dará más tiempo a la humanidad rebelde para creer.
Y eso nos lleva a la tercera y última sección de esta parte del sermón del Señor. Después de siete años de caos cósmico y temor mundial viene lo que llamaremos:
Cumplimiento divino
Y la visión de lo que sucederá después llevará a muchos a hacer precisamente eso: creer en el Señor.
Jesús explica en Lucas 21:27:
“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” Lucas 21:27-28
Ahora bien, ¿se refiere esta “redención” al arrebatamiento de la iglesia?
Después de todo, Jesús viene aquí sobre una nube, y la frase “Hijo del Hombre” es un título profético para el Mesías.
Entonces, ¿qué significa esta “redención” que “está cerca”?
Puedes marcar esas palabras: “está cerca”, y luego unirlas con el versículo 31, donde Jesús dice:
“Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.” Lucas 21:31
El reino milenial de Cristo sobre la tierra estará cerca; estará a punto de comenzar. Eso significa que el juicio final no durará para siempre. El período de la tribulación no será eterno.
Jesús quiere animar a aquellos que creerán en Él durante la tribulación, después del arrebatamiento, y básicamente, les está diciendo:
“Cuando vean este caos cósmico y estén rodeados de pánico mundial, no pasará mucho tiempo antes de que Yo regrese a la tierra, derrote a las naciones, arroje a Satanás al abismo y establezca Mi reino milenial.”
Y observa este detalle: el mundo entero verá al Hijo del Hombre —al Mesías— regresando.
No solo los creyentes.
Una de las evidencias de que el arrebatamiento ocurrirá antes de la tribulación es que el arrebatamiento sucederá “en un abrir y cerrar de ojos”, en una fracción de segundo, y será experimentado únicamente por los creyentes cuando seamos arrebatados para encontrarnos con el Señor en el aire (1 Corintios 15:52).
Pero esta venida del Señor aquí en Lucas 21 no será repentina.
Creyentes e incrédulos lo verán venir. Será, por decirlo así, un descenso visible y majestuoso, mientras Jesús desciende —como dice el versículo 27— “con poder y gran gloria”.
Y la referencia del versículo 27 a que Jesús viene “en una nube”, creo que apunta a aquella gran columna de nube del Antiguo Testamento que representaba la presencia de Dios entre los israelitas.
Jesús no viene aquí por la iglesia.
Él viene con la iglesia para derrotar a las naciones rebeldes, reunir a Israel y establecer Su reino sobre la tierra.
Ahora Jesús presenta una breve parábola en el versículo 29:
“Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” Lucas 21:29-32
¿A qué generación se refiere Jesús?
A la generación que vea y experimente el juicio final. Esa misma generación será la que verá el regreso del Rey.[2]
Todo esto ocurrirá en un período relativamente corto de tiempo.
Y, por cierto, aquí hay una promesa implícita para el pueblo judío:
Israel no será destruido completamente durante la tribulación. Satanás y el anticristo no lograrán borrarlo de la faz de la tierra.[3]
Apocalipsis nos informa que un remanente de Israel —representando a las doce tribus— sobrevivirá, creerá en Cristo, y las promesas de Dios para la nación se cumplirán literalmente.
Y ahora llegamos al versículo 33. Y ¡qué conclusión tan maravillosa para nuestro estudio de hoy! Dice:
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Lucas 21:33
Piensa bien en lo que Jesús está diciendo aquí.
Él está colocando Sus palabras al mismo nivel que las Escrituras del Antiguo Testamento. Cada palabra pronunciada por Jesús —cada profecía dada por Jesús— se cumplirá.[4]
Conclusión
Me parece irónico que, al mismo tiempo que el mundo está convencido de que algún tipo de juicio final se acerca, la iglesia haya decidido guardar silencio al respecto.
El mundo ha puesto el reloj a noventa segundos de la medianoche.
Noventa segundos para el juicio final.
El problema es que están mirando las cosas equivocadas.
Hoy más que nunca, el mundo necesita escuchar tu testimonio acerca del juicio venidero de Dios y de la seguridad que solo se encuentra en Cristo.
Déjame decirte algo:
Este es un buen momento para advertirle al mundo que la sabiduría no se encuentra en las estrellas… sino en el Salvador.
Y el único lugar donde una persona puede esconderse del juicio de Dios es, como dice aquel antiguo himno, en la Roca de la eternidad:
Fuiste abierta tú por mí;
sé mi escondedero fiel,
solo encuentro paz en ti.
Rico, limpio manantial,
en el cual lavado fui.
Salvos de la ira de Dios que hemos estudiado hoy… y purificados para siempre por la sangre de Cristo.
No importa dónde decidan colocar las manecillas de ese Reloj del Juicio Final.Al creer en Cristo estamos seguros para siempre, libres del juicio y de la ira de Dios.
[1] Christine Smallwood, “Astrology in the Age of Uncertainty,” The New York Times (10-21-19)
[2] Charles R. Swindoll, Insights on Luke (Zondervan, 2012), p. 474
[3] Adapted from Warren W. Wiersbe, Be Courageous (Victor Books, 1989), p. 102
[4] R. Kent Hughes, Luke: Volume Two (Crossway Books, 1998), p. 303














