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Viviendo a la luz del fin del mundo

Muchos consideran la profecía bíblica como algo complicado, lejano o incluso innecesario. Sin embargo, en este estudio final de Lucas 21, Jesús muestra que las profecías acerca del futuro tienen implicaciones directas para nuestra vida diaria. Mientras describe los acontecimientos que precederán al fin, Cristo también enseña cómo deben vivir Sus seguidores mientras esperan Su regreso. Este mensaje nos recuerda que la profecía no fue dada para producir temor, sino para fortalecer nuestra esperanza, nuestra santidad y nuestra perseverancia. Descubramos juntos cómo vivir con la mirada puesta en Cristo, confiando en que Él cumplirá perfectamente cada una de Sus promesas y reinará victoriosamente sobre toda la tierra.

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Señales del fin

Hace siglos, comenzó a circular una historia que con el tiempo se convirtió en un cuento clásico para niños. Trataba de un pollito llamado “Chicken Little” que estaba almorzando tranquilamente cuando una bellota le cayó sobre la cabeza. Inmediatamente entró en pánico y salió corriendo por el corral gritando: “¡El cielo se está cayendo!”

Mientras corría desesperada, fue alarmando a todos sus amigos hasta que todo el corral terminó lleno de miedo y confusión. Finalmente apareció Foxy Odiosi, un zorro astuto que prometió protegerlos del supuesto desastre… pero en realidad tenía otros planes. Los engañó, los llevó a una trampa y terminó devorándolos a todos, excepto a Chicken Little, que apenas logró escapar con vida.

Ahora bien… ¿cómo se supone que un niño duerma tranquilo después de escuchar algo así?

Para muchas personas, la idea de que Jesucristo un día descenderá del cielo para reinar sobre la tierra suena igual de absurda que aquella vieja leyenda de Chicken Little. Pero precisamente eso fue lo que Jesús anunció en Su último sermón sobre el monte de los Olivos.

Durante las últimas lecciones hemos escuchado atentamente este mensaje final registrado en Lucas 21, y allí quiero volver contigo hoy.

En nuestro estudio anterior, vimos que Jesús describió el período de la tribulación. En el versículo 25 habló de señales en el sol, la luna y las estrellas. Describió naciones angustiadas y confundidas por las perturbaciones cósmicas. En el versículo 26 dijo que la gente literalmente desfallecerá de miedo ante todo lo que estará ocurriendo sobre la tierra.

Jesús también profetizó acerca del estruendo del mar y las olas, probablemente una referencia a los tsunamis provocados por los enormes terremotos que ya había mencionado antes en este mismo capítulo. Allí, en Lucas 21:11, Él predijo:

“Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.” (Lucas 21:11)

Todo esto describe el período de la tribulación.

Luego Jesús dice en el versículo 28:

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28)

Jesús no está hablando aquí del arrebatamiento; ese evento ya habrá ocurrido antes de estos juicios y desastres sobre la tierra.

De hecho, más adelante, en el versículo 31, Él aclara a qué “redención” se refiere. Dice:

“Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.” (Lucas 21:31)

En otras palabras, el período de siete años de tribulación estará llegando a su fin, y Jesucristo descenderá del cielo en una demostración visible de Su poder y Su gloria, tal como Él mismo lo anuncia aquí en el versículo 27.

Apocalipsis 19 y 20 nos dicen que, después de juzgar a las naciones y al mundo incrédulo, Cristo establecerá Su reino milenial sobre la tierra.

El propósito de la profecía a largo plazo

Ahora bien, puede parecer extraño que Jesús les esté dando estas advertencias a Sus discípulos como si ellos mismos fueran a experimentar esos acontecimientos. Y precisamente por eso, algunos cristianos sinceros creen que la iglesia pasará por la tribulación, ya que Jesús está hablando aquí directamente a creyentes.

Y pareciera que Jesús les habla como si ellos mismos fueran a presenciar esos acontecimientos:

“Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”

Entonces surge una buena pregunta: ¿por qué Jesús advertiría a los creyentes acerca de la ira venidera durante la tribulación si ellos serán arrebatados antes de que ese período comience? ¿Por qué advertirles acerca de algo que no van a experimentar directamente?

Esa es una excelente pregunta.

Y lo interesante es que encontramos este mismo patrón muchas veces en las Escrituras.

Por ejemplo, el apóstol Pedro les advirtió a sus lectores en 2 Pedro 3 que Dios destruirá la tierra y el universo para crear uno nuevo. Pero eso no ocurrirá sino hasta el final del reino milenial.

El profeta Isaías también advirtió a sus lectores acerca del cautiverio babilónico, aunque ese juicio llegaría muchos años después de que su generación hubiera muerto.

De la misma manera, estas advertencias proféticas de Jesús acerca de la tribulación y de Su regreso para reinar sobre la tierra son advertencias que deben impactar la manera en que vive cada generación de creyentes.

Y además, recuerda esto: durante la tribulación, la Biblia probablemente será estudiada con más intensidad que nunca antes en la historia.

Millones de personas —de toda lengua, tribu y nación— llegarán a la fe en Cristo después del arrebatamiento y durante la tribulación. Y esas personas estudiarán las profecías como nunca.

Probablemente estudiarán Lucas 21 más tiempo del que nosotros lo hemos estudiado… aunque cueste creerlo.

Leerán acerca de estos acontecimientos y obtendrán una comprensión mucho más clara de lo que estará ocurriendo y de cómo todo forma parte del plan de Dios para preparar a Israel para el reino venidero.

También descubrirán que la tribulación durará solamente siete años… y que al final Satanás pierde.

Imagínate el ánimo y la esperanza que recibirán esos creyentes al tener libros como Apocalipsis, Lucas 21, Mateo 24 y 25, además de Daniel, Ezequiel, Zacarías, Isaías y muchos otros pasajes proféticos.

Déjame decirte algo: hoy muchos creyentes tienen interés en la profecía bíblica, pero no será nada comparado con el interés que tendrán los creyentes durante la tribulación, cuando todas estas señales comiencen a cumplirse delante de sus ojos.

Todo esto me recuerda mi actitud cuando viajo en avión. De hecho, la última vez que mi esposa y yo viajamos juntos, la azafata comenzó a dar las instrucciones de seguridad previas al vuelo y nos pidió sacar esa tarjeta laminada que está en el bolsillo del asiento.

Mientras ella hablaba, yo estaba mirando por la ventana y revisando mi teléfono.

Entonces me giré para hablar con mi esposa, y ella me susurró:

—Estoy escuchando… y tú también deberías escuchar.

Ella tenía la tarjeta laminada en la mano, siguiendo atentamente todas las instrucciones. Y yo seguía mirando por la ventana.

Pero déjame decirte algo: si de pronto uno de los motores comenzara a incendiarse y el avión empezara a caer, lo primero que haría sería sacar esa tarjeta y leerla como nunca.

Lucas 21 es una de esas tarjetas laminadas.

Nos recuerda que la profecía importa. Y no solo la profecía cercana o inmediata; incluso la profecía de largo plazo debe impactar nuestra manera de vivir hoy.

Y eso es exactamente lo que Jesús hace aquí. Al terminar Su sermón, hace una aplicación práctica e inmediata. En esencia, les dice:

“Así quiero que vivan a la luz de lo que acabo de enseñarles.”

Y quiero resumir estos versículos en el bosquejo más sencillo posible. Esta es la “tarjeta laminada” para vivir en los tiempos finales.

Jesús nos deja aquí tres recordatorios:

  • Sigue viviendo correctamente
  • Sigue mirando hacia adelante
  • Sigue viviendo para los demás

Más sencillo que eso, imposible.

Veamos el primero:

Sigue viviendo correctamente

Observa el versículo 34:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida…” (Lucas 21:34)

En este contexto, Jesús está hablando de creyentes que vivirán durante la tribulación, antes de Su regreso para establecer Su reino sobre toda la tierra.

Pero este principio aplica perfectamente a creyentes de cualquier generación.

De hecho, encontramos esta misma exhortación a “estar alerta” y “vigilar” en muchos otros pasajes de las Escrituras.

Pablo escribe en 1 Corintios 16:13:

Velad, estad firmes en la fe…” (1 Corintios 16:13)

Y a los Gálatas les escribe:

“…considérate a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gálatas 6:1)

Por su parte, el apóstol Pedro describe el juicio final de Dios cuando la tierra y el universo sean deshechos por fuego al final del reino milenial. Esto ocurrirá después del juicio del gran trono blanco descrito en Apocalipsis 20.

Luego, en Apocalipsis 21, se nos dice que Dios creará cielos nuevos y tierra nueva; un universo completamente nuevo. Personalmente creo que será como ver Génesis 1 desarrollarse otra vez… solo que esta vez nosotros estaremos allí observándolo.

Y en vista de esa futura destrucción del universo por fuego, Pedro escribe en 2 Pedro 3:

“Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2 Pedro 3:11-12)

Ahora piensa en esto: esa explosión final que consumirá el universo no ocurrirá sino hasta dentro de más de mil años… ¡si Cristo arrebatara hoy mismo a la iglesia!

Y aun así, Pedro dice que ese acontecimiento futuro debe transformar nuestra manera de vivir en el presente.

Pablo le escribe algo parecido a Timoteo:

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” (1 Timoteo 4:16)

Pablo no está hablando de salvar el alma; está hablando de no desperdiciar la vida. De salvarse de una vida inútil que termine desviándose de la fe.

En otras palabras, la profecía debe motivarnos hoy a vivir vidas santas, piadosas y fructíferas.

Ahora observa cuidadosamente lo que Jesús dice aquí en Lucas 21. Él no nos está advirtiendo simplemente acerca de tres pecados aislados, sino de tres estilos de vida que debemos evitar.

Cuídate de la disipación

Mira nuevamente el versículo 34:

“…que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida…”

Otras versiones de la Biblia traducen la palabra “glotonería” como “vicio” o “disipación”. La palabra en griego tiene la idea de una vida desperdiciada. Es una palabra poco común en el Nuevo Testamento y originalmente describía lo que hoy llamaríamos una resaca.

Una persona con resaca no piensa con claridad. Está aturdida, cansada y lo único que quiere es que la dejen sola. Está en una condición miserable y no puede hacer nada bien. La idea no está muy lejos del significado original, porque esta palabra describe una vida desperdiciada.

Jesús está advirtiendo del peligro de una vida inútil, una vida que no produce beneficio ni para uno mismo ni para los demás.

Un comentarista del Nuevo Testamento definió esta palabra como “una vida preocupada por cosas insignificantes”.[1]

Una vida absorbida por trivialidades.

Recuerdo que mi profesor de seminario, Howard Hendricks, nos contó acerca de un vecino suyo. Un día llegó a casa y vio a su vecino encerando su bote. Y claro, no hay nada malo en encerar un bote —decía Hendricks— pero ese hombre había convertido eso en la gran obsesión de su vida.

El vecino lo vio llegar y le gritó orgullosamente:

—¡Esta es la capa de cera número treinta y siete que le pongo a mi bote!

Hendricks nos dijo:

“Le sonreí y lo saludé; no lo reprendí. Yo estaba tratando de alcanzarlo para Cristo. Sabía que encerar ese bote era simplemente el anestésico que usaba para adormecer el dolor de una vida vacía.”

Cuídate de la embriaguez

Luego Jesús menciona otro estilo de vida que debemos evitar: la embriaguez.

El consumo excesivo de alcohol, que termina llevando a la ruina, es un estilo de vida que el creyente debe rechazar.

Y déjame decir lo obvio: la mejor manera de evitar la trampa de la embriaguez es dejar de beber… o nunca comenzar a hacerlo.

En los días de Pablo, no era sencillo encontrar algo seguro para beber. El agua normalmente estaba contaminada; no existía la refrigeración; y muchas veces se mezclaba con vino porque el contenido alcohólico ayudaba a reducir bacterias y parásitos en el agua. 

Pero hoy tenemos miles de opciones para beber. Y la mayoría no te hará daño, no hará daño a otros, ni dañará tu testimonio delante de los demás.

Como les digo a los que están estudiando para ser pastores en el seminario Shepherds: después de unos cuarenta años de ministerio, jamás he tenido que pedirle perdón a alguien por no beber alcohol.

Pero sí puedo decirte que, a lo largo de esos cuarenta años, he visto a un líder de iglesia tras otro, y a un creyente tras otro, quedar atrapados en lo que Jesús llama aquí una peligrosa trampa.

Ahora bien, dicho eso, el Señor menciona un tercer estilo de vida: una vida dominada por la preocupación.

Cuídate del afán

Él habla aquí de “corazones cargados… de los afanes de esta vida”.

Y quizá te sorprenda que Jesús coloque la preocupación en la misma categoría que la embriaguez. Pero la preocupación puede ser igual de destructiva para tu vitalidad espiritual y tu gozo.

La embriaguez evidencia que tu vida está fuera de control.

La ansiedad, en cambio, evidencia que tú quieres tener el control… pero hay algo en tu vida que no puedes controlar, y eso comienza a consumirte.

Jesús dice que termina cargando tu corazón.

Ahora bien, ¿pueden estos tres estilos de vida atrapar incluso a creyentes verdaderos?

Recuerda que Jesús está dándoles estas advertencias a Sus discípulos. No está hablando con personas indiferentes o alejadas. Está hablando con seguidores comprometidos.

Hace más de cien años, el pastor J.C. Ryle escribió acerca de este versículo diciendo que, si Jesús les advirtió a Pedro, Jacobo, Juan y a los demás apóstoles —hombres que ya lo habían dejado todo por seguir a Cristo— que debían mantenerse vigilantes y evitar estas trampas; si incluso ellos corrían el peligro de desperdiciar sus vidas, entonces esta exhortación ciertamente también es para nosotros hoy.[2]

Así que, la primera aplicación práctica de esta enseñanza profética del Señor fue: Sigue viviendo correctamente.

Ahora, en segundo lugar:

Sigue mirando hacia adelante.

Jesús dice aquí en el versículo 36:

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.” (Lucas 21:36)

En este contexto inmediato, “estar en pie delante del Hijo del Hombre” se refiere al juicio que tendrá lugar después de la tribulación, cuando los creyentes entren al reino y los incrédulos sean juzgados, como vemos en Mateo 25.

Pero nuevamente, la idea de comparecer delante del Señor también les recuerda a los creyentes de hoy que nosotros también tenemos una cita futura con Cristo.

Un día estaremos delante de Él en el tribunal de Cristo, reservado únicamente para creyentes; no para condenación, sino para recibir recompensa por todo lo que hicimos para Su gloria. Pablo habla de esto en 2 Corintios 5.

El Señor nos está animando aquí a orar por protección espiritual mientras le servimos.

Cuando Jesús nos enseñó a orar, nos dijo que debemos pedir diariamente que el Señor nos libre del tentador y de sus trampas. Y eso no es más que reconocer que necesitamos ayuda todos los días. Necesitamos la fortaleza del Señor para escapar de las estrategias del diablo.

Satanás no puede destruir tu alma, pero sí quiere destruir tu testimonio, tu integridad y tu gozo en el Señor. Por eso esta advertencia mantiene nuestros pies sobre tierra firme. Debemos permanecer alertas, vigilando y orando continuamente en dependencia de Cristo.

J.C. Ryle lo expresó de esta manera:

“Debemos recordar que el mal está a nuestro alrededor, cerca de nosotros y aun dentro de nosotros; cada día debemos luchar contra un mundo que busca atraparnos, un diablo activo y nuestros propios corazones traicioneros.”[3]

Así que no bajes la guardia.

No descanses en victorias pasadas.

No te dediques a sacar brillo a los trofeos de antiguos actos de fe.

Sigue avanzando.

Sigue mirando hacia adelante, hacia el día en que finalmente la batalla habrá terminado.

Y mientras esperas ese día, aquí encontramos la última aplicación práctica en las palabras finales del Señor.

En tercer lugar:

Sigue viviendo para los demás.

El sermón termina aquí, pero Lucas añade esta nota final en los versículos 37 y 38:

“Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo.” (Lucas 21:37-38)

En otras palabras, Jesús les enseñaba desde la mañana hasta el atardecer.[4]

Ahora piensa en esto: Jesús está a solo horas de ser arrestado, golpeado, rechazado, humillado y crucificado. Tan solo tres versículos más adelante, Judas estará negociando el precio para traicionarlo: treinta piezas de plata.

Y aun así, en medio de una presión indescriptible y de una tristeza cada vez más profunda; aun sabiendo que esta misma multitud —estos rostros atentos que ahora escuchan fascinados cada una de Sus palabras— pronto lo maldecirán, se burlarán de Él y pedirán Su muerte… a pesar de todo eso, Jesús sigue enseñándoles, invirtiendo en ellos y sirviéndoles. Y algunos llegarán a creer en Él.

¿Estás atravesando presión hoy?

¿Hay tristeza en tu corazón?

¿Sientes tu corazón cargado?

¿Estás ansioso por situaciones que parecen estar fuera de tu control?

Sea lo que sea que estés enfrentando hoy, difícilmente sea más pesado de lo que Cristo estaba enfrentando aquí.

Pero míralo. Desde temprano en la mañana hasta la caída del sol, Él sigue dando, enseñando, sirviendo e invirtiendo en la vida de los demás.

¿Cómo pudo hacerlo?

Creo que Hebreos 12:2 nos da la respuesta:

“…el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio…”

Jesús estaba mirando hacia adelante.

¡Estaba mirando hacia adelante!

La profecía promueve pureza en nuestra vida y produce consuelo en nuestro corazón.

Cuando el apóstol Pablo terminó de describir el arrebatamiento de la iglesia —el próximo gran evento en el calendario profético— concluyó diciendo:

“Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:18)

Observa bien: Pablo no dijo:

“Así que atérrense unos a otros con estas palabras.”

No.

Dijo:

“Aliéntese unos a otros.”

Nosotros vivimos con esta expectativa gloriosa: la pronta aparición del Mesías, el regreso inminente de Cristo por Su iglesia redimida.

El Señor no nos dio la profecía no para producir temor. Pero déjame decirte algo: sí producirá temor en el corazón de todo incrédulo.

El mundo y preferiría creer en una invasión extraterrestre que destruya a la humanidad antes que considerar seriamente el regreso de Cristo y el juicio del Dios Creador.

Prefieren enfrentarse a cualquier cosa menos a Él.

Si hoy estás escuchando este estudio y no has puesto aún tu fe en Cristo, probablemente este pasaje no te consolado en absoluto, ¿verdad?

Y sé exactamente cómo se siente eso.

Recuerdo cuando era un adolescente incrédulo y sentía una profunda convicción y temor porque sabía en mi corazón que estaba rechazando a Cristo.

Mientras estudiaba este texto, recordé algo que ocurrió cuando tenía unos dieciséis años. Nuestra escuela decidió mostrar una película recién producida por la Asociación Evangelística Billy Graham.

Si no me falla la memoria, se llamaba “Como ladrón en la noche”

Quizá algunos en la audiencia recuerden esa aterradora película.

Trataba de jóvenes que se habían quedado en el mundo después de que Jesús arrebatara a la iglesia. Sus padres, algunos amigos y miembros de la iglesia habían desaparecido.

Yo no pude dormir durante un mes.

No había nada de consuelo en aquello.

Pero sí puede haber consuelo.

Sí puede haber paz.

Y tú y yo recibimos ese consuelo cuando ponemos nuestra fe en Cristo, reconocemos nuestro pecado y creemos en Su Palabra.

Conclusión

La profecía importa hoy más que nunca.

Pero la razón principal por la que amamos estudiar la profecía —y por la que examinamos cuidadosamente pasajes como Lucas 21— es porque, al final de todo, la profecía exalta la victoria y la supremacía de Jesucristo.

Escucha bien: si olvidas todo lo demás que hemos estudiado durante estos últimos estudios… si olvidas los detalles acerca de si eres pretribulacional, mediotribulacional o postribulacional… si no sabes si eres premilenial, postmilenial o amilenial… quizá ni siquiera sabes qué significan esos términos…

Hay algo que sí debes saber:

Debes saber que has sido salvo. Que has sido redimido por el Salvador. Y recuerda esto —la gran conclusión de toda la profecía bíblica—:

  • Jesús vence.
  • Jesucristo reinará sobre la tierra.
  • Jesucristo gobernará sobre las naciones.
  • Jesucristo es Rey de reyes y Señor de señores.
  • Jesucristo vence.
  • Él triunfa.

Así que, mientras esperamos ese día, recuerda también esto:

Nosotros no estamos buscando señales.

No hay señales previas para el arrebatamiento; es inminente. Nada lo detiene. Podría haber ocurrido hace quinientos años… o podría ocurrir dentro de cinco minutos.

No estamos buscando señales. Las señales ocurrirán durante la tribulación para anunciar el pronto regreso del Señor a la tierra junto con nosotros.

Así que deja de comprar libros o escuchar podcasts acerca de lunas de sangre, eclipses solares o cenizas de vacas rojas.

Como solía decir el evangelista Vance Havner:

“No estamos esperando ver señales; estamos esperando escuchar un sonido.”[5]

Y estoy totalmente de acuerdo.

Estamos esperando escuchar el sonido de la trompeta… y entonces nos iremos con el Señor.Así que no vivamos con temor, sino con esperanza, esperando fieles, alerta, y gozosos la venida del Señor.


[1] Dale Ralph Davis, Luke: The Year of the Lord’s Favor (Christian Focus, 2021), p. 156

[2] Adapted from J.C. Ryle, Expository Notes on the Gospels: Luke (Evangelical Press, original: 1879; reprint: 1975), p. 337

[3] Adapted from Ryle, p. 339

[4] David E. Garland, Exegetical Commentary on the New Testament: Luke (Zondervan, 2011), p. 837

[5] Warren W. Wiersbe, Be Courageous (Victor Books, 1989), p. 103

Este contenido es una adaptación autorizada del ministerio Sabiduría Internacional, bajo la enseñanza original de Stephen Davey. Todos los derechos del contenido original están reservados a su autor.


Puede compartir o reproducir este material libremente solo con fines no comerciales, citando adecuadamente al autor y al ministerio. Queda prohibida su venta, modificación con fines lucrativos o redistribución sin permiso escrito.

Hemos procurado citar debidamente todos los recursos externos utilizados en cada lección. Las citas bíblicas provienen principalmente de la versión Reina-Valera 1960 y de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), aunque en algunos casos se emplean otras versiones de la Biblia para facilitar la comprensión del pasaje.
Reina-Valera 1960® © 1960 Sociedad Bíblica Trinitaria. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.
La Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2019 por The Lockman Foundation. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Adaptado y publicado por el ministerio Sabiduría Internacional.

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