Introducción
Hace varios años, estaba en una estación de servicio, cargando gasolina – era de noche – cuando un hombre se detuvo al otro lado del surtidor. Pude ver que su esposa iba en el asiento delantero y su hija en el asiento trasero.
Cuando se bajó del auto, su pequeña hija empezó a pedirle algo de la tienda. Él se rio y me dijo que siempre trataba de salir del auto lo suficientemente rápido antes de que su hija alcanzara a pedirle algo.
“Sé exactamente a qué te refieres” Le respondí. “A mis hijos les encanta este lugar. Siempre quieren chicle, dulces o esas donas pequeñas cubiertas de azúcar en polvo que vienen en paquetes de seis… aunque, bueno, esas son más para mí”.
Él me preguntó:
—¿Cuántos hijos tienes?
Le dije:
—Cuatro.
—¡¿Cuatro?!
—¿Quieres uno?
Él se rio y dijo:
—Yo tengo una sola hija y ya eso es suficientemente caro. Tú tienes cuatro… wow, amigo. ¿Y a qué te dedicas?
Debo admitir que dudé un momento. Era tarde, hacía frío y yo estaba cansado. No tenía muchas ganas de comenzar una conversación evangelística.
Pensé:
“Tal vez podría decirle que cuido ovejas… técnicamente es verdad”.
Porque si le decía que era pastor, quizás comenzaría a hacerme preguntas ahí mismo. Algo sencillo, como por qué existe el mal si Dios existe.
Pero finalmente se lo dije… solo porque sabía que Dios estaba escuchando.
Cuando le dije que era pastor de una iglesia local, me preguntó cuál iglesia era. Y cuando se lo dije, respondió:
—No lo puedo creer. Justo veníamos hablando de visitar esa iglesia este domingo. Hemos estado buscando una iglesia donde congregarnos. Ven, quiero que conozcas a mi familia.
Mientras caminaba hacia el auto, tuve una pequeña conversación con el Señor:
“Señor, eso fue una prueba… era tarde, hacía frío y estaba cansado. Ahora sí estoy dispuesto a hablar, pero realmente no te representé como debía”.
La buena noticia es que solo ese hombre sabía que yo había fallado… además del Señor.
Ahora, imagina que tus momentos de mayor duda, egoísmo, orgullo o cobardía quedaran registrados para siempre en las páginas de la Escritura.
Imagina que millones y millones de personas estudiaran tus fracasos durante más de dos mil años.
Bueno, como ya hemos aprendido en nuestro recorrido por el evangelio de Lucas, el Señor tiene tanto para enseñarnos a través de los fracasos de Sus hijos como a través de sus victorias.
Todavía no llegamos a la escena en el patio, donde Pedro negará al Señor. Pero sí hemos llegado al momento en que Pedro todavía pudo haber evitado esa caída.
Abramos nuestras Biblias en Lucas capítulo 22.
Y recuerda esto: la negación de Pedro no comenzó en el patio. Comenzó mucho antes… en el aposento alto.
Jesús advierte del peligro espiritual
Aquí el Señor les advierte a Sus discípulos acerca del peligro espiritual.
Jesús le dice a Pedro en el versículo 31:
“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo”. Lucas 22:31
Detente un momento a pensar en lo que Jesús acaba de decir:
“¡Satanás pidió atacarte!”.
La expresión significa que Satanás pidió permiso. Solicitó autorización para atacarlo.
Eso nos recuerda inmediatamente la experiencia de Job, cuando Satanás tuvo que presentarse delante de Dios y pedir permiso para atacarlo.
Es un recordatorio de que Satanás es nuestro adversario. Él odia a quienes siguen a Dios.
Pero también es un recordatorio de que Satanás está limitado. Está sujeto a la autoridad soberana de Dios.
Ahora bien, el hecho de que Satanás esté limitado por el soberano poder y autoridad de Dios no significa que debamos ignorarlo. Tampoco significa que podamos jugar con el peligro espiritual.
Todavía necesitamos resistirlo. Todavía debemos mantenernos alerta.
Jesús nunca le dijo a Pedro:
“Mira, el diablo quiere hacerte caer, pero tranquilo… tú puedes solo”.
No.
Jesús le está diciendo:
“Simón, Satanás ya te tiene en la mira. Quiere derribarte a ti y a los demás discípulos. Quiere desacreditar tu testimonio, destruir tu efectividad y robarte el gozo”.
El Señor utiliza aquí la ilustración de zarandear el trigo.
En aquellos días existía una pequeña herramienta manual que se usaba cuando alguien quería separar solo un puñado de granos.
Ponían las espigas dentro de una especie de canasta o bandeja y luego las sacudían con fuerza, una y otra vez, para separar el grano de la paja. Después, soplaban la paja para que el viento se la llevara.
Jesús le está diciendo a Simón que el mismo diablo quiere sacudir personalmente su mundo. Quiere destrozar su vida y destruir su testimonio. Quiere hacerlo desaparecer como la paja que se lleva el viento.
Pero la clave de esta conversación está en que Jesús no termina el versículo 31 con un punto final… sino con una coma.
Porque Jesús todavía no ha terminado de hablar.
Y ahora añade una promesa:
Jesús promete defensa sobrenatural.
Leamos nuevamente los versículos 31 y 32:
“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti…” Lucas 22:31-32a
Satanás te tiene en la mira… ¡pero!
Satanás quiere destruirte… ¡pero!
“Yo ya he orado por ti”.
Tienes un adversario poderoso… pero tienes un Defensor aún más poderoso.
Tienes un Abogado divino.
Aquí Jesús vuelve a usar el pronombre en singular. Es como si dijera:
“Simón, he orado específicamente por ti”.
Ahora bien, sabemos por lo que dice Juan 17 que el Señor también oró intensamente por todos Sus discípulos.
Imagínate cuán larga debe ser la lista de oración de Jesús.
Y tu nombre también está allí, porque tú también eres uno de Sus discípulos.
La realidad es que Jesús sabe que cada discípulo le fallará en algún momento. Cada creyente caerá en tentación. Hablaremos cuando deberíamos guardar silencio… y guardaremos silencio cuando deberíamos hablar.
Déjame decirte algo: si hay algo que tú y yo hacemos consistentemente, es fallarle al Señor.
Y si no crees eso… pregúntale a tu esposa.
Ahora, eso no significa que excusamos nuestro pecado. Significa que debemos confesarlo rápidamente.
Por eso el apóstol Juan escribe estas palabras tan alentadoras para los creyentes. En 1 Juan 1:8 dice:
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”.
Y luego, en el versículo 10:
“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.
Pero escucha ahora esta maravillosa promesa en 1 Juan 2:
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados”. 1 Juan 2:1-2
La palabra propiciación significa satisfacción.
Jesús satisfizo completamente las justas demandas de Dios contra nosotros, pagando el castigo por nuestro pecado.
Y ahora mismo Él está orando por nosotros en medio de nuestra batalla espiritual, fortaleciendo nuestra fe aun cuando tropezamos y fallamos.
Personalmente, creo que una de las razones por las que muchos creyentes viven desanimados es porque pensamos solamente en que Jesús murió por nosotros… o resucitó por nosotros… y olvidamos que hoy también está orando por nosotros.
La Biblia dice en Hebreos 7:25 que Jesús vive para interceder por nosotros.
En el sistema legal romano existía una figura conocida como el advocatus, de donde obtenemos nuestra palabra “abogado”.
El advocatus representaba a su cliente delante del tribunal y hablaba en su defensa.
Y eso es exactamente lo que tenemos nosotros.
Tenemos un Abogado.
Tenemos un Defensor.
Y nuestro Señor jamás ha perdido un caso.
Jesús promete desarrollo espiritual.
Observa nuevamente la primera parte del versículo 32:
“…pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”. Lucas 22:32a
No pases por alto esto.
Jesús no está diciendo:
“Pedro, estoy orando para que nunca me falles”.
No. Jesús ya sabe que Pedro va a fallar. De hecho, ya ha orado por él sabiendo exactamente lo que está por ocurrir.
Entonces, ¿por qué Jesús le dice esto?
Porque Jesús no ora por nosotros preguntándose qué hará después de nuestro fracaso.
Él ora por nosotros porque sabe que nosotros sí vamos a preguntarnos qué hará Él con nosotros después de fallarle.
El Señor ya sabe que, en cuestión de horas, Pedro caerá y Satanás parecerá tener la ventaja.
Pero, en esencia, Jesús le está diciendo a Pedro —y también a los demás discípulos, y a nosotros hoy:
“Yo soy tu Defensor. Tú eres mi representado delante del tribunal celestial. Y estoy orando para que, aun en medio de tus fracasos, tu fe salga fortalecida”.
Jesús está orando para que el pecado de Pedro lo lleve a una mayor madurez espiritual.
Un pastor del siglo diecinueve, llamado John Kennedy, escribió sobre este pasaje:
“Por todas tus culpas de ayer, por los pecados de hoy y por todos los desafíos de mañana, Jesús promete: ‘Yo ya he orado por ti’”.[i]
Y ahora Jesús añade esta pequeña frase al final del versículo 32:
“Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. Lucas 22:32b
La idea de “volver” implica arrepentimiento.[ii]
Un traductor lo expresó así:
“Pedro, arrepiéntete y vuelve sobre tus pasos”.[iii]
Me encanta esa imagen.
Como creyente, no estás comenzando desde cero cada vez que fallas. Simplemente estás regresando al punto donde te desviaste del camino.
Es como si Jesús le dijera:
“Pedro, cuando vuelvas al camino correcto… cuando regreses a casa… fortalece a tus hermanos”.
La palabra fortalecer aquí es sterizo, una palabra relacionada con firmeza y fortaleza. De allí proviene nuestra palabra “esteroides”.
En otras palabras:
“Pedro, un día tendrás que fortalecer los músculos espirituales de otros creyentes”.
Observa nuevamente el versículo 32:
“Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.
No dice “si vuelves”…
Dice “cuando vuelvas”
Una vez vuelto.
¡Qué promesa tan tierna del Señor!
Sin duda, esas palabras ayudaron a secar las lágrimas amargas que Pedro derramaría más adelante.
Pedro todavía tenía un futuro.
Todavía tenía propósito.
Todavía tenía ministerio.
Y el Señor le está enseñando a Pedro —y a cada discípulo hasta el día de hoy— que nuestro fracaso no es fatal.
Ahora debo recordarte algo:
En este momento, Pedro prácticamente no está escuchando.
Todo lo que Jesús está diciendo le entra por un oído y le sale por el otro.
Y precisamente por eso, Jesús añade más detalles acerca de la negación que viene.
Jesús promete una negación dolorosa.
Mira el versículo 33:
“Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte”. Lucas 22:33
El evangelio de Mateo añade estas palabras de Pedro:
“Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Mateo 26:33
En otras palabras:
“Estos otros discípulos tal vez fallen… pero yo no. Señor, yo sí iré contigo hasta la prisión y hasta la muerte”.
Creo que Pedro esperaba que Jesús lo abrazara y le entregara un pequeño trofeo que dijera:
“Discípulo más valiente”.
Pero, en lugar de eso, Jesús responde en el versículo 34:
“Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces”. Lucas 22:34
“Pedro, no vas a morir conmigo… vas a negarme”.
Observa cómo comienza el versículo 34:
“Te digo, Pedro…”
Es otra manera de decir:
“Pedro, mírame. Necesito decirte algo”.
Cuando mi madre decía:
“Stephen, mírame, necesito hablar contigo”…
yo sabía que no venía un elogio.
Incluso podemos imaginar a Jesús levantando un poco la voz:
“Pedro, te estoy diciendo algo importante… hay una dolorosa lección en tu futuro”.
Ahora piensa en esto.
Para que la profecía de Jesús se cumpliera, alguien tendría que preguntarle a Pedro si conocía al Señor. Y además, tendría que haber un gallo cerca para cantar.
Así que, si Pedro fuera tan inteligente como piensa, evitaría a la gente… y evitaría a los gallos.
Y si veía un gallo, saldría corriendo en dirección contraria.
Pero ¿a dónde va Pedro?
A un patio lleno de gente.
Exactamente el lugar donde habría personas… y animales domésticos caminando por todos lados.
¿Y por qué va allí?
Porque cree que Jesús está equivocado.
Por cierto, en ningún lugar del Nuevo Testamento se nos dice que el gallo estaba lejos, en otro vecindario.
Personalmente, creo que ese gallo caminó directamente hasta donde estaba Pedro… y cantó con todas sus fuerzas.
Y ahora, en los siguientes versículos, el Señor hará una última promesa.
Jesús promete tiempos difíciles.
Mira el versículo 35:
“Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada”. Lucas 22:35
Jesús les recuerda aquel viaje evangelístico registrado en Lucas capítulo 10, cuando los envió prácticamente con las manos vacías.
No llevaron dinero.
No llevaron comida extra.
Ni sandalias de repuesto.
Ni ropa adicional.
Y aun así, el Señor proveyó milagrosamente para todas sus necesidades.
Pero ahora las cosas están a punto de cambiar.
El Señor seguirá proveyendo… pero de una manera más discreta. Y los discípulos comenzarán a experimentar dificultades reales, porque la era de la iglesia está por comenzar.
Jesús les dice ahora en el versículo 36:
“Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento”. Lucas 22:36-37
Creo que el Señor está describiendo aquí el ministerio que los discípulos tendrían después de la resurrección.[iv]
Piénsalo.
Mientras Jesús estuvo físicamente con ellos, nunca les faltó comida.
Ningún discípulo murió ahogado durante una tormenta.
Y los enemigos de Cristo eran sobrenaturalmente contenidos.
Pero eso iba a cambiar.
Ahora bien, esta espada no era para promover violencia ni agresión. Tampoco era para impedir que murieran como mártires.
Por eso, unas horas más tarde, Jesús le dirá a Pedro que guarde su espada en el huerto de Getsemaní.
La espada simplemente formaba parte del equipo normal de un viajero en aquellos días.
Los caminos estaban llenos de ladrones, y los animales salvajes acechaban en la oscuridad.
Y no pasaría mucho tiempo antes de que estos hombres recorrieran gran parte del mundo conocido, muchas veces solos.
- Mateo terminaría muriendo como mártir en Etiopía.
- Felipe sería martirizado en la región que hoy conocemos como Turquía.
- Tomás llegaría hasta la India, donde serviría fielmente antes de morir cerca de la ciudad de Chennai.
Cuando tuve la oportunidad de predicar en Chennai, visité una pequeña capilla construida en memoria de su ministerio allí.
Jesús simplemente les está anunciando que su ministerio está a punto de cambiar radicalmente.
Será un ministerio difícil.
Será peligroso.
Y los llevará por todo el mundo.
Por eso ahora les dice:
“Prepárense. No viajen sin pensar. Lleven provisiones. Organicen sus recursos. Empaquen sandalias extra. Lleven comida. Y carguen una espada para protegerse de ladrones y animales salvajes”.
Un autor llamó a esto:
“El kit de supervivencia para los discípulos”.
Lo interesante es que los discípulos vuelven malinterpretar lo que Jesús les dice. Porque en el versículo 38 hacen inventario entre ellos y dicen:
“Señor, aquí hay dos espadas”. Lucas 22:38
Y Jesús responde:
“Basta”.
Es decir:
“Ya basta de hablar así”.
“Otra vez no entendieron”.[v]
Claro, más adelante comprenderían lo que Él quería decir.
Y ahora la pregunta para cada discípulo hasta el día de hoy es esta:
¿Dónde te ves tú en esta conversación entre Pedro y Jesús?
¿Te ves desafiante?
¿Resistiendo la voluntad de Dios?
¿Intentando redefinir Su Palabra para acomodarla a tu pecado?
Pedro está discutiendo aquí con el Hijo de Dios.
Y me imagino a Satanás sonriendo mientras escucha a Pedro decirle a Jesús que está equivocado.
O quizás no te identificas con Pedro como alguien desafiante… sino distante.
Eres creyente, pero te has alejado.
Y quizás nadie más lo sabe… excepto tú.
Necesitas dar media vuelta y volver sobre tus pasos.
Volver al lugar donde caminabas cerca del Señor.
Volver a Su Palabra.
Volver a confesar tu pecado.
Volver a servirle con gozo.
Vuelve a casa.
Conclusión
Y quizá hoy estás desanimado por tus fracasos del pasado…
o por las luchas del presente…
o por lo que ves venir en el futuro.
Recuerda esto: Tienes un Abogado.
- Él ya se encargó de tu pasado.
- Está obrando en tu presente.
- Y triunfará contigo en el futuro.
Y mientras recorres este camino, Jesús sigue orando por ti.
Y déjame decirte algo: cada oración que Jesús hace por ti será respondida en el momento correcto, de la manera correcta y por la razón correcta.
Él vive para interceder por ti.
Imagínalo.
Jesús vive para hablar de ti delante del Padre y del Espíritu Santo.
Otro pastor de la antigüedad, Robert Murray M’Cheyne, solía decir:
“Si pudieras escuchar a Jesús orando por ti en la habitación de al lado, no temerías a un millón de enemigos. Y, sin embargo, la distancia no hace ninguna diferencia. Él está orando por ti ahora mismo”.
Y esa sigue siendo la realidad hoy.
La distancia no hace ninguna diferencia.
Cristo está orando por ti…
y por mí…
ahora mismo.
[i] Dale Ralph Davis, Luke: The Year of the Lord’s Favor (Christian Focus, 2021), p. 173
[ii] David E. Garland, Exegetical Commentary on the New Testament: Luke (Zondervan, 2011), p. 869
[iii] Hendriksen, p. 974
[iv] Davis, p. 174
[v] Swindoll, p. 487

















